Capitulo 201
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Capítulo 201
Estaba terminando de comer cuando alguien pasó junto a mí y me saludó de repente:
-Señorita Navarro, ¡qué coincidencia!
Levanté la mirada al escuchar mi nombre y me quedé perpleja por un momento hasta que recordé quién era: el dueño del auto con la placa Leo7, amigo de Lucas y heredero de los Miranda… Leonardo.
Vaya casualidad.
-Señor Miranda, buenas tardes -me levanté y lo saludé cortésmente.
Leonardo asintió con la cabeza. -Buenas tardes -dijo, dirigiendo su mirada hacia el frente.
Me di cuenta de lo que pasaba y me apresuré a hacer las presentaciones: -Este es el nuevo gerente general de mi empresa, Mauro Núñez. Director Núñez, le presento a Leonardo Miranda, heredero del grupo Miranda y una figura muy respetada en Altamira. Quizás puedan colaborar en el futuro.
Antes de que terminara de hablar, Mauro se puso de pie y extendió su mano respetuosamente: -Señor Miranda, es un placer conocerlo.
—
-El gusto es mío, director Núñez.
Después del apretón de manos, Leonardo volvió a mirarme con curiosidad: -¿No quedaste con Lucas este fin de semana? Con la primera nevada del año, las calles están muy animadas.
Era cierto. Miré hacia la ventana; la nieve caía cada vez más fuerte, cubriendo con su manto blanco todos los jardines.
Mucha gente estaba afuera dejándose mojar por la nieve, tomando fotos y jugando.
-Eh… nos vimos en la mañana, pero tenía compromisos en la tarde, así que cada quien siguió con sus planes -respondí con honestidad.
-Ah, ya veo que se encontraron -Leonardo sonrió de manera enigmática, mirando de reojo a Mauro antes de despedirse-. Los dejo continuar con su cena, me retiro.
-Hasta luego, señor Miranda.
Leonardo se despidió con una elegante sonrisa y un gesto de la mano.
Tenía el presentimiento de que Leonardo iba a contactar a Lucas de inmediato para contarle que me había visto cenando a solas con otro hombre.
Mis sentimientos eran complicados.
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Capitulo 201
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Por un lado, sentía cierta emoción por ver si Lucas se pondría celoso.
Por otro lado, me preocupaba que Lucas pensara mal de mí por rechazarlo y luego salir a cenar con otro hombre, aparentemente pasándola muy bien… ¿pensaría que soy una cualquiera?
-Señorita Navarro, ¿ya terminó de comer? -Mauro interrumpió mis divagaciones.
-¡Ah sí, estoy satisfecha, yo pago! -desperté de mi ensimismamiento y llamé al mesero de inmediato.
Pero cuando pedí la cuenta, el mesero respondió cortésmente: -Su cuenta ya fue pagada por el señor Leonardo.
—¿Qué? ¿Léonardo pagó nuestra cuenta? -exclamé sorprendida mientras sacaba mi celular.
-Así es. ¿Necesita factura? -preguntó el mesero.
Todavía atónita, negué con la cabeza: -No, gracias.
Cuando el mesero se fue, me sentí algo incómoda y le dije a Mauro: -Se suponía que yo iba a invitar, pero Leonardo pagó la cuenta… Te lo compensaré la próxima vez.
Mauro comentó: -Este Leonardo parece ser muy generoso.
-Sí, bastante respondí con una sonrisa forzada, pensando: “Esto seguramente es una forma de presionarme“.
Me había beneficiado de su generosidad sin razón aparente y ni siquiera tenía forma de agradecerle al no tener su contacto. La única opción era llamar a Lucas para que le transmitiera mi agradecimiento.
De esta manera, me veía obligada a confesarle a Lucas que había cenado a solas con un compañero de trabajo.
Leonardo había jugado muy bien sus cartas.
Al salir de la parrillada, me despedí de Mauro y cada quien se fue a su auto.
Él se marchó rápidamente, mientras yo me quedé sentada en mi auto, observando la nieve caer sobre el parabrisas y recordando lo que Lucas había dicho en la mañana sobre admirar el
paisaje nevado. El dilema volvía a surgir.
¿Debería llamarlo para explicarle la situación?
Después de dudar brevemente, pensando en el gesto de Leonardo de pagar la cuenta, tomé mi celular y marqué el número de Lucas.
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