Capítulo 210
-Aquí tienen, pagué la cuenta, disfruten la comida, viejos compañeros -dijo Daniela golpeando el recibo contra la mesa con tono condescendiente.
Ella pensaba que me estaba humillando, sin saber que yo aceptaba encantada.
Tomé el recibo y lo miré, arqueando las cejas. ¡Vaya, más de seiscientos dólares! ¡Menuda ganga!
-Gracias por ser tan generosa, compañera le agradecí, luego me giré hacia Valentina y dije en un tono moderado-. Si hubiera sabido que tendríamos a alguien dispuesto a pagar, deberíamos haber pedido más platos.
Valentina bajó la cabeza conteniendo la risa.
Daniela, al oírme, me miró furiosa: —¡María!
Me apresuré a calmarla: -No te enojes, solo bromeaba. La señorita Pérez es tan hermosa y elegante, ¿cómo podría ser una incauta? Y si lo fuera, sería la incauta más bella y elegante.
Valentina casi se cae de la risa, a punto de golpear la mesa.
Daniela me miró fijamente, rechinando los dientes, y luego dio una patada al suelo: —¡No te alegres tan pronto, María! Tendremos muchas oportunidades de encontrarnos, ¡ya veremos quién ríe al final!
Dicho esto, se marchó furiosa con su acompañante.
La seguí con la mirada mientras se alejaba y sonreí con desprecio: -Estos años solo ha crecido en edad, no en inteligencia… sigue siendo tan inmadura como en la universidad.
Valentina comentó: -Yo diría que solo le crecieron los pechos, no el cerebro.
La miré confundida.
Valentina señaló con el mentón en la dirección por donde se había ido Daniela: -¿No notaste que no solo se operó la cara, sino también el pecho? Ese gesto altanero de cruzarse de brazos era para presumírtelos.
Fruncí el ceño, sorprendida… vaya, ni lo había notado.
-Creo que
hasta le molesta que tu talla sea mayor que la suya, así que seguro se aumentó al menos dos copas.
Me quedé sin palabras.
Aunque muchos me han elogiado por mi figura estos años, solo yo sé las molestias de tener un
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+25 BONO!
Capítulo 210
busto prominente.
No puedo usar escotes muy pronunciados.
Si la ropa está mal diseñada, me hace parecer gorda y robusta.
Y si uso algo ajustado, las curvas son muy evidentes y la gente murmura a mis espaldas.
Aunque podría ignorar esos comentarios, en el trabajo no puedo evitar las miradas lascivas de algunos hombres, lo cual me resulta repugnante.
Por eso, había considerado hacerme una reducción.
Pero al final lo descarté por miedo al dolor, después de todo, si hasta me dan miedo las inyecciones, ni me imagino una operación.
-Bueno, sigamos comiendo -dije después de divagar un momento, terminando el tema.
Valentina asintió y tomando sus cubiertos, comentó mientras comía: -María, has cambiado, antes eras muy orgullosa e inflexible.
Entendí a qué se refería y sonreí: -Es la vida que te va puliendo, ser demasiado rígida te puede quebrar, es mejor ser flexible. Mira, con un poco de flexibilidad nos ahorramos más de seiscientos dólares, el sueldo de un mes para mucha gente.
-Eso es verdad -Valentina volvió a reír.
Después de cenar, inicialmente iba a llevarla al otro distrito, pero ella pidió un auto: —Hay que cruzar el río, serían dos horas de ida y vuelta para ti, mejor tomo un auto.
Entre amigas no hacían falta ceremonias: -De acuerdo, nos vemos mañana.
—Sí, adiós.
Al llegar a casa, antes de subir, pasé por los casilleros de correo a recoger un paquete.
Era una carta certificada urgente.
Mi corazón se alegró y la abrí inmediatamente.
¡Efectivamente, era la sentencia del juzgado!
Entré, dejé mis cosas y coloqué la sentencia sobre la mesa, mirándola por un buen rato.
Después de meses de espera, ¡finalmente había llegado este momento!
¡La sensación de libertad hizo que mi corazón se desbordara de emoción!
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