Capítulo 213
-En ese momento, mis mejillas se pusieron rojas como tomates y miré nerviosa a Lucas, apresurándome a aclarar con Antonio: Dije eso solo para molestarte porque no quería lidiar contigo. Entre el señor Montero y yo no hay nada.
Antonio me miró fijamente, como si le costara distinguir cuál de mis declaraciones era verdad y cuál mentira.
Lucas ya sabía de esto por Leonardo y yo se lo había explicado personalmente, así que no le dio importancia a la “revelación” de Antonio.
De hecho, ni siquiera le prestó atención.
Me miró con ojos cálidos y sonrió elegantemente: -María, ya es hora, vamos.
-Sí–respondí con una sonrisa, pasando junto a Antonio para dirigirme hacia Lucas.
—¡María! —Antonio se dio la vuelta y me llamó con seriedad. ¡Si crees que puedes aspirar a los Montero, estás soñando! Piensa en tu padre, es un presidiario, y tú eres una divorciada. ¡ Los Montero nunca aceptarían a una mujer como tú como nuera!
Lo ignoré por completo, ni siquiera me digné a responder mientras subía al auto de Lucas.
Al cerrarse la puerta, todo quedó en silencio.
Me abroché el cinturón y volteé hacia Lucas con expresión de disculpa: -Lo siento, no esperaba que viniera, y por lo que dijo… no le hagas caso.
Lucas giró el volante con elegante calma y me dedicó una sonrisa: -¿No debería ser yo quien te consuele? No hagas caso de lo que dijo. Si mi familia se fijara en el estatus social, desde el principio no me habrían permitido relacionarme contigo.
¿Qué?
Me quedé boquiabierta, sin poder articular palabra de la sorpresa.
¿Qué significaba eso?
¿Los Montero me aceptaban?
¿Pero por qué?
No me consideraba tan extraordinaria como para merecer eso.
-Bueno, dejemos ese tema —dijo Lucas con una sonrisa cariñosa al ver mi expresión atónita, y tomó una caja de comida que tenía al lado-. Te traje desayuno, cómelo mientras está
caliente.
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Capitulo 213
-¿También hay desayuno? -me sorprendí mientras recibía el contenedor térmico-. Pensaba que si no habías desayunado, podríamos comer algo antes de salir.
Él sonrió sin decir nada, y después de una pausa preguntó: -Por cierto, ¿no dijiste ayer que… vendría también tu compañera? Por eso traje porción doble.
Me quedé perpleja, así que era por eso que había dos cajas. ¿Acaso pensaba que era un cerdo?
-Ah, ella tuvo algo que hacer anoche. Cenamos juntas y se fue a otro distrito, hoy le queda más cerca llegar a la escuela desde allá —expliqué.
Lucas asintió.
Durante el camino, hablamos sobre nuestros días en la universidad.
Lucas dijo que por su trabajo tan ocupado, llevaba dos años sin volver a la escuela y seguramente habría muchos cambios.
Yo me sentía más avergonzada aún, no había vuelto desde la graduación. Solo algunas veces que pasé cerca por trabajo, vi la entrada del campus desde lejos.
Nos miramos y reímos, sintiendo que le habíamos fallado a nuestra alma máter.
Cerca de la entrada, sonó mi teléfono. Era Valentina.
-¿Ya llegaste? Yo también estoy por llegar… sí, bien, entonces nos vemos en la entrada norte, hasta ahora, jadiós!
Después de colgar, le dije a Lucas: -Mi compañera de cuarto ya llegó, quedamos de vernos en la entrada norte, me bajo ahí.
-Bien, me estacionaré en la entrada.
-Mm -pensé en el itinerario del día, sin saber a qué hora terminaríamos.
Antes de que pudiera preguntar, Lucas dijo: -Cuando termine el evento nos comunicamos, yo te llevo de regreso.
-No hace falta, puedo tomar un taxi fácilmente.
Lucas sonrió de perfil, sin voltear a verme, y respondió con voz suave: -Yo te llevo a casa, es más seguro.
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