Capítulo 222
Capítulo 222
Valentina y yo salimos del lugar de la reunión y el viento frío nos golpeó en la cara, haciéndonos temblar a ambas.
La nevada de hace unos días había sido breve y el cielo se despejó rápidamente, pero las mañanas y noches seguían siendo muy frías.
Valentina, que iba poco abrigada y temblaba visiblemente, se volteó a preguntarme: -¿Cómo vas a regresar?
-Yo… apenas había empezado a responder cuando una figura emergió de junto al gimnasio.
-María.
Al fijarnos bien, vimos que era Antonio. ¡Este tipo no nos dejaba en paz!
Se acercó y también olía a alcohol. Ahora cada vez que lo veía bebido me provocaba un rechazo particular.
Aunque su vida ya no me importaba, recordar todos los años que dediqué a salvarlo me seguía enfureciendo.
-Mi auto está en la entrada de la universidad, puedo llevarlas -explicó, y luego le preguntó a mi compañera-. Valentina, ¿en qué hotel te hospedas?
Valentina me miró antes de responder: -No hace falta, nosotras todavía vamos a ir a charlar un rato a algún lugar.
-Sí, vamos -seguí su juego.
Empezamos a caminar bajo las farolas con Antonio siguiéndonos.
-María, ahora que hemos vuelto a la universidad, al lugar donde comenzó nuestro amor, ¿no sientes nada? Hoy recorrí todos los rincones que tienen significado para nosotros: la
biblioteca, el bosquecillo, el lago, y también…
-Antonio, ¿no te da asco? -lo interrumpí, incapaz de seguir escuchándolo.
Valentina también preguntó confundida: -Si no podías superarlo, ¿por qué traicionaste a María justo antes de la boda?
-Por una vida humana -respondió Antonio con total descaro.
-Antonio, como observadora externa, creo que deberías hacerte revisar el cerebro, o ir al neurólogo -Valentina tampoco se contuvo.
Seguimos caminando mientras Antonio gritaba desde atrás: -María, ¿qué hombre no comete
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Capítulo 222
errores en una relación? Admito que me equivoqué, que di por sentado que lo nuestro era inquebrantable… pero ya me he arrepentido, ¿vas a condenarme para siempre?
Valentina se detuvo, dispuesta a insultarlo por mí, pero la jalé: -Vamos, ignoralo.
En ese momento, una enorme camioneta negra se detuvo junto a nosotras y escuché una voz suave que conocía bien.
-María, sube.
La ventanilla trasera bajó, revelando las hermosas facciones de Lucas que, bajo la luz de las farolas, lucían aún más cautivadoras.
Me volteé sonriendo sin darme cuenta: -¿Ya terminaste tan pronto?
-Sí–Lucas asintió con una sonrisa y miró a Valentina-. Que suba tu compañera también, hace frío afuera.
Mientras hablaba, la puerta trasera ya estaba abierta.
Cuando Valentina reconoció quién estaba en el auto, sus ojos se abrieron como platos y me miró con picardía y alegría.
—Eh… Valentina… ¿quieres que mi amigo te lleve al hotel? -le pregunté, buscando su opinión.
Valentina asintió efusivamente y le dijo a Lucas: -Te lo agradezco mucho.
-No hay de qué.
Lucas se movió hacia adentro para hacer espacio.
Cuando me disponía a subir, Antonio se abalanzó sobre mí y me agarró: -¡María! ¡No puedes irte con él! ¡No olvides que nuestra sentencia de divorcio aún no es efectiva! ¡Si te vas con él ahora, mañana mismo apelaré!
Me enfurecí al instante y me solté de un tirón: -¡Perfecto! ¡Tú apela mañana y yo haré hermana vaya a la cárcel! ¡Nos jugamos todo!