Capítulo 254
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Mariana me habló con un tono alegre y despreocupado: María, regreso a Altamira mañana. ¿ Cuándo tienes tiempo? Quiero traer a un amigo para que te visite.
Pensando en mis piernas lastimadas y preocupada por el alcance de mi lesión, le pregunté con cautela: ¿Tu amigo tiene mucha prisa por el vestido?
–
-No es eso exactamente. Le gusta tu estilo de diseño. ¿Qué pasa? ¿No tienes tiempo estos días?
-Bueno… tengo tiempo, pero me he lastimado las piernas. Probablemente no pueda moverme bien estos días y no quiero arruinar los planes de tu amigo.
Mariana se sorprendió: -¿Te lastimaste las piernas? ¿Qué pierna? ¿Es grave?
-Me golpeé ambas rodillas. Estoy de camino de regreso a la ciudad. Para saber qué tan grave es, tendré que ir al hospital.
-¿Estás sola?
-Me acompañan unos compañeros.
-¿Sabe mi hermano?
Al escuchar eso, me sentí incómoda.
En realidad, justo cuando no había conductores disponibles, había pasado por mi mente la idea
de llamar a Lucas.
Desde que esta mañana colgó enojado, no habíamos tenido contacto en todo el día.
Me había lastimado las piernas y había pasado toda la tarde sentada en interiores, sin atreverme a contarle nada.
Pero ahora que Mariana preguntaba…
-Tu hermano está muy ocupado, no vale la pena molestarlo por esto -intenté quitarle importancia, sin querer parecer que buscaba su compasión con un truco barato.
Pero Mariana no me dejó terminar: -Por ocupado que esté, tiene que cuidar a su novia. ¡Le voy a decir!
—¡Mariana, no!– Intenté detenerla desesperadamente, pero ya era tarde.
Mirando la llamada finalizada, marqué de inmediato, pero solo escuché: “El usuario al que llama está ocupado en este momento…”
Perfecto, ella lo había hecho sin dudarlo.
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Capítulo 254
Aferrada al teléfono, comencé a ponerme nerviosa, con una mezcla de emociones.
La verdad es que no quería molestar a Lucas.
Hace poco, cuando mi abuela estuvo hospitalizada, él ayudó a movilizar recursos y yo no pude corresponderle.
Ahora que estoy lastimada, molestarlo de nuevo…
No habíamos definido formalmente nuestra relación, él no tenía la obligación de cuidarme.
Pero también me preocupaba que si Mariana le contaba, y él seguía enojado por lo de la mañana, me ignorara eso sería aún más incómodo y vergonzoso.
Así
que tanto si se involucraba como si no, la situación era complicada.
Lo mejor sería que no se enterara.
Pero ya era demasiado tarde…
De repente, el teléfono sonó. Me sobresalté, enfocando la mirada en la pantalla. Mi corazón se aceleró instantáneamente.
Respiré hondo para calmarme, atendí: -Hola…
-Mariana dice que te lastimaste. ¿Qué pasó? -Lucas sonaba preocupado, cualquier molestia de la mañana había desaparecido.
-Es que… esta mañana, mientras escalábamos, me caí sin querer -expliqué con poco convencimiento.
-¿Y has esperado hasta ahora? -su tono se endureció, elevando la voz al final.
Me sentí inexplicablemente asustada, como una niña regañada, —Creí que no era grave, pero parece que la hinchazón ha empeorado, así que…—
Lucas guardó silencio, sin que pudiera distinguir si estaba enojado o desconcertado. Después preguntó: -¿Dónde estás ahora?
-Acabo de bajar de la montaña, pronto estaré en la avenida Altamira, de camino a la ciudad.
-Voy a recogerte. Mantente en contacto -sentenció con firmeza, sin darme opción a protestar, y colgó.
Y yo tampoco me atrevía a rechazarlo.
Cuando se enojaba, nadie podía con él.
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Si intentaba excusarme diciendo que no era necesario, solo lograría enfurecerlo más y me vería como una persona falsa y complicada.
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