Capítulo 261
Me encontraba sentada en el sofá cuando casi salto del susto.
-¡Sofía! ¡Gierra la boca! -exclamé.
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Lucas también se quedó perplejo por un momento, su mirada alternando entre Sofía y yo. Luego, con una leve sonrisa en los labios, me miró y dijo:
-Probablemente fue desde aquella vez que me sacó del río…
-¡Por todos los cielos! -Sofía abrió los ojos como platos, con una expresión de total asombro, y. giró lentamente la cabeza hacia mí-. ¡María! ¿Qué acabo de escuchar? ¡De repente me doy cuenta… Antonio fue tu salvación! Si hubieras estado con cualquier otro durante esos seis años, ¡seguramente ya estarías casada y hasta con hijos! ¿Cómo habrías tenido la oportunidad de esperar al señor Montero?
Lucas entró a la sala mientras Sofía seguía con sus exclamaciones de asombro. Él volteó a verme con una mirada profunda y cálida, su rostro mostrando una timidez contenida.
Sí, pude ver claramente en su rostro apuesto una timidez evidente.
¡Parecía que las palabras de Sofía lo habían avergonzado tanto que hasta se le habían sonrojado las mejillas!
Mis oídos zumbaban, mi corazón latía con fuerza, y en mi mente no dejaba de repetirse esa frase suya
“desde aquella vez que me sacó del río“. Por un momento, no supe cómo responder.
¿Quería decir que le había gustado desde que era adolescente?
Pero a esa edad éramos unos niños, ¿qué podíamos saber del amor?
Aunque pensándolo bien, los “amores juveniles” de la secundaria y preparatoria ocurren precisamente a esa edad.
Y los amores de la adolescencia suelen ser más puros, más inocentes, y dejan una huella más profunda.
Mientras mi mente divagaba en estos recuerdos, recordé aquella vez en la parrillada cuando él se sinceró conmigo, mencionando que había tenido un amor platónico y que también se había enamorado en secreto de una chica… ¿entonces ambas referencias eran sobre la misma persona, sobre mí?
Pero también había dicho que tuvo una novia, aunque la relación no duró mucho y terminaron amistosamente.
¿Podría interpretarse que, como ya tenía un amor platónico en su corazón, no llegó a
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enamorarse completamente de aquella chica?
-¡Oye! ¿Por qué te quedas en las nubes?
Sofía, al ver que no reaccionaba, agitó su mano frente a mis ojos y luego miró hacia Lucas, notando que él también parecía estar absorto en sus pensamientos.
Nos quedamos mirándonos fijamente el uno al otro, y aunque no dijimos nada, nuestras miradas comunicaban más que mil palabras.
-Bueno, mejor me voy para no hacer mal tercio. Total, ya tienes quien te cuide —dijo Sofía mientras se agachaba para recoger su teléfono y su bolso, dirigiéndose hacia la puerta sin
mirar atrás.
De repente volví a la realidad y me asomé hacia la entrada.
-¿Ya te vas? -pregunté.
Sofía, que estaba cambiándose los zapatos, me miró y fingió estar celosa:
—¿Acaso todavía existo para ti? ¿O me quedo a ver cómo se dan amor?
-No es así… nosotros solo somos amigos… -lancé una mirada tímida a Lucas y la desvié rápidamente para responder a mi amiga.
Sofía resopló.
-¡Qué dramática!
Abrió la puerta y antes de irse dijo:
-¡Cuídate esa herida! ¡Me voy!
Cuando la puerta de seguridad se cerró, todo quedó en silencio.
Volví mi mirada y solo pude ver a Lucas.
-Este… nosotros también deberíamos irnos, dentro de poco será mediodía y el hospital estará por cerrar… —me apoyé en la mesa baja para levantarme lentamente, buscando romper el silencio.
-Sí–asintió Lucas, y dio un paso hacia mí con sus largas piernas, extendiendo su mano para ayudarme-. ¿Te sientes mejor hoy?
–
Sí, un poco mejor, puedo caminar despacio… —me apresuré a aclarar que podía caminar por mi cuenta, temiendo que quisiera cargarme de nuevo.
Él entonces me sostuvo del brazo y miró alrededor.
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-¿Necesitas llevar algo más? ¿Tienes tu teléfono?
-Sí, lo tengo…
Podía notar que él también se sentía algo incómodo, buscando temas de conversación.
Me ayudó a caminar lentamente hasta la puerta y preguntó:
-¿Cuáles zapatos vas a usar?
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