Capítulo 263
-Los homenajes y los recuerdos pueden quedarse en el corazón. Cuando te recuperes, podrás ir a visitarla -me consoló Lucas, mirándome fijamente antes de añadir-: Te acompañaré.
—
-¿Me acompañarás? -me sorprendí, entendiendo de inmediato su intención.
Quería “conocer a la familia“.
Pero yo ni siquiera le había dado una respuesta formal.
Sorprendida, intenté evadir el tema:
-Ya veremos cuando me recupere, quizás entonces estés ocupado.
Lucas sonrió sin insistir, notando claramente mi evasiva.
Terminamos la acupuntura cerca de la una de la tarde.
De vuelta en el auto, Lucas comentó:
-Como tienes dificultad para moverte, mejor no comemos fuera. Ya pedí comida para que la lleven a tu casa.
Siempre tan atento a cada detalle.
Cualquiera se sentiría respetado y cómodo a su lado.
Al llegar, Lucas me acompañó hasta arriba.
Al salir del elevador, nos encontramos con mi tía y mi abuela en el pasillo.
Mi tía se volteó al oír el elevador:
-¡María ha llegado! No nos equivocamos de lugar.
Desde que me mudé del chalet, mi tía solo había venido una vez, mi abuela nunca.
-Abuela, tía, ¿por qué no avisaron que vendrían? -pregunté sorprendida, acercándome con dificultad.
Mi tía se apresuró a ayudarme:
-Tu abuela dijo que si te avisábamos, insistirías en que estabas bien y no nos dejarías venir.
Sonreí sin poder contradecirla.
Mi abuela me miró preocupada:
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Capitulo 263
-¿Dónde te golpeaste? ¿Por qué caminas así? ¿Qué dijo el médico?
-Abuela, no es nada grave, solo son golpes superficiales. En unos días estaré bien -minimicé la situación, preocupada por su salud.
Seguíamos hablando en el pasillo hasta que Lucas sugirió:
-Mejor entremos, no deberías estar de pie mucho tiempo y los mayores necesitan descansar.
Su voz atrajo la atención de mi abuela y mi tía.
-¿Y él es…?–preguntó mi abuela con curiosidad.
Me tensé, recordando que ellas no aprobaban mi relación con Lucas, sin saber cómo proceder.
Pero había que presentarlos.
-Abuela, tía, él es Lucas, quien me prestó dinero en la subasta para comprar la pulsera y quien ayudó a contactar al especialista cuando te enfermaste, abuela -lo presenté formalmente—. Lucas, ella es mi abuela y mi tía… -añadí en voz baja.
La presencia de Lucas denotaba su distinguido origen y posición social.
Mi abuela y mi tía, aunque acostumbradas a tratar con gente importante, se mostraron
cohibidas:
-Así que usted es el señor Montero. María nos ha contado lo mucho que la ha ayudado, muchas gracias.
Lucas inclinó la cabeza cortésmente:
-No hay nada que agradecer, señora, fue un placer poder ayudar.
Mientras intercambiaban cortesías, abrí la puerta:
-Pasen, por favor.
Lucas se quedó último a propósito.
Cuando mi abuela y mi tía entraron a la sala, me susurró:
-Te dejo para que estés con ellas, me voy.
Me sentía confundida. Sabía que debería invitarlo a quedarse, considerando que ni siquiera había almorzado. Sería ingrato dejarlo ir así.
Pero pensando en la actitud de mi abuela y mi tía, parte de mí quería evitar la situación.
Me odiaba por ser tan indecisa y temerosa, pero tampoco me atrevía a reconocer abiertamente
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mis sentimientos por él ni a darle un estatus oficial en mi vida.
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