Capítulo 270
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A primera hora, Lucas llamó para ofrecerse a llevarme al juzgado, preocupado por mi pierna, ya que la noche anterior le había comentado sobre la audiencia para evitar que viniera a buscarme sin avisar.
-No hace falta, es mejor que no estés presente en esta situación. Mis amigas vendrán a ayudarme–respondí.
-De acuerdo, esperaré tus noticias.
-Bien.
Cuando colgué, sonó el timbre: eran Sofía y Rosa con una silla de ruedas para facilitar mi movilidad. Era una sensación extraña ser empujada en ella por primera vez.
Sin embargo, lo que jamás esperé fue ver a Antonio también en silla de ruedas. Su enfermedad debía ser grave, aunque al vernos, no sentí ni compasión ni pena, solo lo absurdo de la
situación.
—María, ¿qué le pasó a tu pierna? ¿Estás herida? -preguntó con genuina preocupación.
-Solo es superficial, nada grave. Gracias por preguntar —respondí con una sonrisa irónica.
En la sala, el juez se sorprendió al ver a ambas partes en sillas de ruedas. Por las explicaciones de Antonio, supe que acababa de recibir un tratamiento y, contra las recomendaciones médicas, había insistido en venir.
-Con su condición, si presenta informes médicos y enfatiza su sufrimiento, además de su firme oposición al divorcio, el juez podría cambiar el fallo -susurró mi abogado.
-¿Y qué hacemos? ¿Tendré que esperar seis meses para volver a demandar si cambian la sentencia? -pregunté alarmada.
-Haz lo mismo que él: dramatiza. Las mujeres son mejores en eso -sugirió, guiñándome un ojo.
¡Entonces comprendí! Mi accidente resultó ser una bendición disfrazada: aparecer en silla de ruedas podría jugar a mi favor.
Tal como predijo mi abogado, Antonio argumentó que necesitaba cuidados por su enfermedad
los esposos debían permanecer unidos en las dificultades.
y que
Su argumento habría sido válido si no hubiera cometido tantas faltas imperdonables y públicamente conocidas.
Presenté las pruebas de su infidelidad, la grabación de sus amenazas telefónicas y el video de la
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Capitulo 270
trampa de su hermana
Señor juez, primero me fue infiel, traicionó nuestro hogar, y al no poder retenerme, recurrió a insultos y amenazas violentas. Todo està documentado. Su negativa al divorcio no es por amor, sino porque necesita transfusiones frecuentes debido a su enfermedad recurrente. Su tipo de sangre es raro y en emergencias necesita la mía. Durante seis años, le doné sangre innumerables veces, como consta en los registros hospitalarios que he preparado. Después de nuestra ruptura, su familia intentó incriminarme para evitar el divorcio usando métodos despreciables, todo documentado en registros policiales. Dados sus múltiples actos reprobables, solicito encarecidamente el divorcio, pues temo por mi seguridad si continuamos casados
Asi refute sistemáticamente su intento de ganar simpatía.