Capítulo 273
No respondí a preguntas hipotéticas pues carecían de sentido. Además, incluso sin Lucas, jamás volvería con él.
Mi abogado me empujó fuera del tribunal donde Rosa y Sofía nos esperaban para felicitarme por haberme librado definitivamente de él. Decidimos ir a almorzar para celebrar en La Esencia, donde Sofía ya había hecho reservaciones. El abogado declinó la invitación debido a sus ocupaciones pendientes..
Apenas bajábamos las escaleras cuando se armó un alboroto: la familia Martínez y Marta nos esperaban, aparentemente desde hace tiempo. —¡María! ¡Allí está María! —gritó Marta al
verme.
Sofía intentó una maniobra evasiva: -Rosa, detenlos mientras yo me llevo a María -pero me resigné: -Déjalo, es inevitable.
A pesar del intento de Sofía por empujar mi silla rápidamente hacia otra salida, Rosa no pudo contener sola a todos los Martínez, quienes pronto nos rodearon. 1
-María, ya estás divorciada y libre, ¿por qué sigues persiguiendo a Claudia? Te ha tratado como una hermana todos estos años, te consideraba familia, ¿cómo puedes ser tan cruel y querer encarcelarla? -reclamó Marta, bloqueando nuestro paso con aire amenazante pero pretendiendo tener la razón.
-¿Familia? ¿Así que en su familia se drogan entre ustedes con afrodisíacos? ¡Vaya costumbres! -replicó Sofía sin aliento.
Tuve que contener la risa y le di un pulgar arriba a mi amiga. Según la lógica de Marta, si Claudia me consideraba familia y aun así me drogó, prefería no recibir ese tipo de trato familiar.
Marta quedó atónita, su rostro alternando entre pálido y enrojecido: —¡Esto no te concierne! ¡ Estoy hablando con María! -Entonces, como si recién lo notara, me preguntó: -¿Qué le pasó a tus piernas? ¿Por qué estás en silla de ruedas?
-¡Debe ser karma por su maldad! -comentaron los otros Martínez inmediatamente.
Me limité a dirigirme a Marta: -Mi divorcio con tu hijo y el envenenamiento de tu hija son asuntos separados. Consideré perdonarlos, pero tu hijo insistió en hacer justicia.
-¡Antonio actúa así porque no puede olvidarte!
-No me interesa.
-Ja, ahora que te metiste en la cama de Lucas, claro que ya no te intéresa Antonio. Pobre Antonio, su única culpa fue tener mala suerte, seis años de amor sincero alimentando…
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Capitulo 273
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Antes de que Marta terminara, una voz clara y autoritaria interrumpió desde fuera del grupo: -Señora Martínez, debe probar sus acusaciones. ¿Cuándo exactamente María se metió en mi cama? Por favor, sea específica.
Todos nos sobresaltamos, incluso yo, y miramos hacia el origen de la voz. ¡Era Lucas!
Fruncí el ceño, desaprobando su aparición pública en esta situación. No debería involucrarse en este lío.
Sofía, emocionada, me dio una palmada en el hombro y susurró: -¡Esto se pondrá interesante!
Los Martínez se giraron de inmediato y, al ver su imponente figura acercándose a grandes pasos, retrocedieron instintivamente. Era inevitable: Lucas tenía ese efecto intimidante
natural.
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