Capítulo 275
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Observé el cambio de actitud de Marta, recordando cuando Antonio cayó enfermo. Aquella vez también me llamó suplicante, rogándome que fuera al hospital a donar sangre. Cuando me negué, mostró su verdadera cara, insultándome con una crueldad extrema.
-¿Por qué debería aceptar? Toda la familia Martínez me trató como una idiota. Me adulan cuando me necesitan y me insultan cuando me niego. ¿No me deben ya suficiente? ¿Y ahora intentan manipularme moralmente? -respondí con una leve sonrisa mientras Lucas continuaba empujando mi silla.
—¡María, esta vez es diferente! Reconocemos nuestros errores. Claudia cometió una locura, te falló, Antonio te falló, todos los Martínez te fallamos… Por favor, ten piedad, Claudia no sobrevivirá en prisión… —Marta se plantó frente a mi silla y, sorprendentemente, se arrodilló.
Me sobresalté, frunciendo el ceño. Sofía y Rosa también se asombraron, con los ojos muy abiertos. Los parientes Martínez, a cierta distancia, exclamaron sin que pudiera distinguir si era burla o compasión.
-María, me arrodillo ante ti, te ruego que perdones a mi hija… -suplicó Marta, abandonando su dignidad de matriarca.
Durante el primer juicio de divorcio, también se arrodilló ante su hijo, rogándole que me dejara para que yo perdonara a Claudia. Ahora se arrodillaba ante mí por lo mismo.
Como madre, su amor era noble y desinteresado. Pero desde mi perspectiva, ese amor me perjudicaba, exigiendo mi sacrificio.
-Señora Martínez, usted…
-¡Mamá! ¡Levántate! ¡¿Quién te dio permiso para arrodillarte ante ella?! -rugió Antonio, acercándose apresuradamente.
En su prisa, o quizás por debilidad, tropezó antes de llegar a Marta. Su alto y delgado cuerpo perdió el equilibrio y cayó.
-¡Hijo…! -Marta intentó protegerlo instintivamente, pero fue tarde.
Madre e hijo cayeron juntos. La escena me tensó, aunque secretamente pensé que se lo merecían.
Si Antonio no hubiera actuado tan mal, ya estaríamos casados y yo seguiría ingenuamente sacrificándome por él y
él y los Martínez, donando sangre, preparando remedios y cuidándolo si
enfermara nuevamente.
Antonio, aún en el suelo, tiraba de Marta furioso: —¡Levántate! ¡¿No te da vergüenza?! ¡Arriba!
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Capitulo 275
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Pero Marta, llorando desconsoladamente, sin rastro de su dignidad anterior, resistió: -No me levantaré. Expio los pecados tuyos y de Claudia. Me quedaré arrodillada el tiempo que sea necesario para que perdone a Claudia.
Se volvió hacia mí: –Maria, ¿estás satisfecha? Los Martinez te fallamos, me disculpo por todos. ¡Has ganado! ¿Estás contenta ahora?
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