Capítulo 298
Sabía que Sofía me iba a bromear, y efectivamente, la chica empezó con sus burlas.
Suspiré:
”
-Habíamos quedado para almorzar, pero a mitad de la comida recibió una llamada y se tuvo que ir corriendo, era algo urgente del trabajo.
-Ah, claro, como te dejó plantada te acordaste de mí.
-¡Ay, ya deja de burlarte! -me avergoncé y tuve que suplicar-. Si no tienen planes, me voy a dormir, que anoche apenas dormí.
-¿Dormir? ¡En un día tan festivo! -me detuvo Sofía y me dio el nombre de un club—. Reservamos para la tarde, como pensé que el señor Montero te tendría acaparada, ni se me ocurrió decírtelo.
-Vale, voy para allá.
Al llegar al club, me senté a hojear una revista mientras esperaba que Sofía bajara a buscarme.
Apenas había abierto la primera página cuando una voz me llamó:
-¿María?
Levanté la vista y vi a cuatro personas pasando cerca; quien me llamaba era Daniela.
No nos habíamos visto desde aquel desagradable encuentro en la reunión de la universidad, y mira por dónde nos encontrábamos aquí.
La miré de reojo, sin intención de responderle.
Primero, porque éramos rivales desde la universidad, enemigas de años.
Segundo, porque recordaba que Daniela había coqueteado con Lucas y había dicho que visitaría
la casa de los Montero.
Después de tanto tiempo, seguramente ya habría hecho esa visita.
Aunque Lucas no me había mencionado nada al respecto, no sabía cómo había ido la cosa.
-¿Por qué no entras? ¿No tienes membresía? En serio, aunque sea tienes una empresa, ¿no puedes permitirte ni la cuota anual del club?
Aunque la ignoré, Daniela no me dejó en paz. Se quitó las gafas de sol mientras se acercaba, burlándose,
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Capítulo 298
Dejé la revista y la miré de reojo:
—No, no puedo pagarla. ¿Qué pasa, señorita Pérez, hoy vas a hacer caridad y me vas a pagar una tarjeta y la cuota?
Después de todo, la última vez había sido tan “generosa” de invitarnos a comer a Valentina y a mí.
Apenas terminé de hablar, su expresión cambió bruscamente:
-¡Sueña! ¡Qué cara tienes para pedirlo!
Arqueé las cejas y dije con calma:
-No puedes ni aguantar una broma, parece que la señorita Pérez tiene un pecho generoso pero un corazón diminuto.
Hice un gesto con el meñique, sonriendo provocadoramente.
-¡María! ¡No te pases!
Daniela se enfureció de repente y dio un paso adelante, pero el hombre a su lado la detuvo.
Le susurró algo que no pude oír, pero Daniela se enfureció aún más, con evidentes celos:
-¿Qué más da que hayas seducido a Lucas Montero? Una divorciada con un padre en la cárcel, ¡ qué descaro tener una relación con alguien como él!
-Daniela, ¿quieres que te traiga un espejo para que veas tu cara retorcida?
-¡Tú…! ¡María, te lo advierto, no te creas tanto! Hoy en día hasta los matrimonios se rompen, disfruta ¡no digamos un simple noviazgo! Jorge nunca aprobará tu relación con Lucas, ¡así que mientras puedas!
¿Jorge?
Mi corazón dio un vuelco. Por lo visto, Daniela sí había visitado la casa de los Montero y había conocido al patriarca.
Yo había ido varias veces a la casa de los Montero, y a quien más había visto era a doña Elena; al padre de Lucas solo lo había visto una vez.
En cuanto al famoso y condecorado Jorge, solo sabía que vivía retirado en la casa de los Montero, pero nunca lo había visto.
Pero Daniela sí había podido verlo.
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