Capítulo 327
Consulté con mi abogado sobre este asunto, así que ya tenía información, pero aun así me sorprendí al escuchar esas palabras.
¡Qué eficientes! ¿Tan pronto va a salir?
Al verme dubitativa, ella explicó: ¡Si no sale pronto, ya no quedará nada de él!
Seguí su conversación:
–
Si ya está tan grave, ir al hospital sería solo un desperdicio de
recursos médicos, y él seguiría sufriendo.
— ¡María, ya no eres humana! —Carmen alzó la voz-. ¡Es tu padre biológico, sin él no existirías!
Si pudiera elegir, preferiría no haber nacido antes que tener un padre tan despreciable —le respondí sin intimidarme.
Carmen se puso roja, le temblaba la boca y no podía articular palabra.
Mi odio reprimido emergió y no pude contenerme:
Cuando mi mamá tenía cáncer y no tenía
dinero para la quimioterapia, les supliqué de rodillas. ¿Y qué me dijeron ustedes?
–
Aún recuerdo su expresión, así que imité su tono: “Es cosa del destino… hay que someterse a lo que este dicte, tu mamá simplemente tuvo mala suerte“. ¿Y ahora, cuando Mariano está grave, quieren luchar contra el destino?
Carmen balbuceó: – Tu mamá tenía cáncer, la quimioterapia solo la haría sufrir más… y no la
curaría.
¿Y Mariano con todas sus complicaciones sí se curará? El tratamiento excesivo solo aumentaría su sufrimiento.
–
No es lo mismo… Con la enfermedad de tu padre, si se invierte dinero y se contrata buen médico, se puede prolongar la vida, fácilmente tres o cinco años más.
– Je–reí con desprecio-. ¿Y para qué quiere ese miserable vivir tres o cinco años más? ¿Para seguir atacándome? ¿O para buscar más formas de sacar dinero para ustedes?
Con ese comentario, el rostro de Carmen se volvió claramente culpable, esquivando mi mirada.
Pensaba que yo no entendía su verdadero propósito.
Si no hubiera algo que ganar, si no tuviera otro objetivo, ¿cómo iba a estar tan entusiasmada? No creía en su “amor” por Mariano.
Solo quería aprovechar lo que quedaba de él antes de morir.
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Capítulo 327
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En resumen, vivían a costa del sufrimiento ajeno.
-¿Qué pasa? ¿Te he dejado sin palabras? -la provoqué al verla callada.
–
Carmen tragó saliva, y con descaro balbuceó: De todos modos, es tu padre. ¡No puedes
de esa responsabilidad y obligación!
escapar
Tras soltar esa frase, se fue arrastrando.
Me senté en la silla, sumida por un rato en una impotencia desoladora y una rabia intensa.
No podía dejar de pensar que ojalá su enfermedad empeorara, que se fuera pronto con el rey de los infiernos y le pidiera perdón de rodillas a mi madre en el más allá.
De repente, un pensamiento me iluminó.
¡Claro!
Aún le debía una disculpa a mi mamá, y aunque ella ya no pudiera escucharla, eso no significaba que él pudiera evitarla.
Habría que hacerlo disculparse mientras aún estuviera vivo.
Con eso,
mi mente comenzó a maquinar otros planes.
Los días pasaban ocupados, y cerca de fin de año, yo también tendría que ir de viaje a Europa.
No espere a que Carmen volviera a pedirme dinero, sino que recibí un video.
No supe cómo Antonio convenció a su hermana, pero Claudia, a través de su abogado, publicó un video de disculpa.
En el video, me pedía disculpas con toda la sinceridad.
“No debi interferir en los sentimientos personales de Antonio con la señorita Navarro, y mucho menos usar medios ilegales para intentar perjudicar a la señorita Navarro. Le ofrezco mis más sinceras disculpas“.
A