Capítulo 352
Apenas entramos al elevador, mi celular sonó con una notificación.
De inmediato le transferí 3000 dólares a Daniela, seguramente era suficiente, si no más.
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Mariana me miró y preguntó con picardía: ¿María, no te da celos que otra mujer le compre ropa a Lucas, y encima te lo restriegue en la cara?
Me reí suavemente -¿Por qué tendría celos en un momento así? De hecho, yo estaba pensando en bajar a comprarle algo para que se cubriera. Ella me ahorró el trabajo, ¿qué mejor?
No soy una tonta ingenua que se pone celosa por todo sin considerar el contexto.
Lucas sonrió -Yo esperaba que te pusieras celosa, pero resultaste más comprensiva que nadie.
Lo miré, sintiendo otra vez la culpa -Todo esto pasó porque me protegiste. Menos mal que no fue peor, si no, no sé qué hubiera hecho.
Lucas tomó mi mano -Tranquila, no pienses más en eso.
Mariana suspiró y bromeó: —Si hubiera sabido que iba a hacer mal tercio, mejor no venía…
Me sonrojé y solté la mano de Lucas.
Ya en el hospital, Lucas se quitó la camisa. Al ver que no tenía quemaduras graves en la espalda, me tranquilicé un poco.
La enfermera lo llevó a que se enjuagara, le aplicó una solución neutralizante y lo limpió bien.
Con esto debería estar bien. Más bien hay que cuidar la mano de la señorita Chen, tiene que aplicarse la pomada según las indicaciones -dijo el doctor mientras recetaba el medicamento y explicaba cómo usarlo.
Yo escuchaba sintiéndome terriblemente culpable.
Sonó mi teléfono. Era Antonio, no quería contestar.
Pero después de lo ocurrido esta noche, era inevitable que las familias tuvieran que comunicarse.
-¿Hola…?
-María, ¿podrías hablar con Lucas para que sea indulgente con Claudia? -Antonio fue directo al grano.
Por lo visto, Claudia ya estaba en la comisaría y los Martínez se habían enterado.
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Capítulo 352
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Al escucharlo, sentí que me hervía la sangre -¿Si te hubiera pasado a ti, serías tan indulgente? -le respondí cortante.
Sinceramente, si Claudia solo me hubiera lastimado a mí, no estaría tan furiosa.
Pero había puesto en peligro a Lucas, a su hermana y a muchas otras personas presentes.
No tenía derecho a perdonar en nombre de otros, y menos aún a convencer a las víctimas de
que no presentaran cargos.
-Pero si no pasó nada grave, ¿no?-contestó Antonio con descaro- Ya me informaron: el ácido solo le arruinó la ropa a Lucas, él está bien. Podemos pagar lo que cueste la ropa y listo.
Me quedé atónita, sin poder creer lo que oía.
-Antonio, ¿te queda algo de conciencia? Claudia está así por ustedes que la malcriaron, cualquier precio que paguen es poco.
-¿Cómo que poco? Si no fuera por ti, nuestra familia no estaría pasando por todo esto.
Los hermanos eran tal para cual, ambos echándome la culpa a mí.
Con el corazón helado, supe que era inútil seguir hablando: -Antonio, di lo que quieras, pero Claudia enfrentará todas las consecuencias de sus actos, tú…
No pude terminar la frase porque alguien me quitó el teléfono por detrás.
Al voltear vi que era Lucas, no me había dado cuenta cuando salió.
-Señor Martínez, yo soy la víctima del incidente de esta noche. Si tiene algo que decir, dígamelo directamente a mí. No moleste a mi novia.
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