Capítulo 36
Del mucho jaloneo la tipa se encontraba casi sin ropa, mostrando cada detalle de sus prominentes curvas.
La ubicación de la habitación, cercana al ascensor y en pleno horario de mayor movimiento, provocó que varios huéspedes se detuvieran en el corredor a observar. No tardaron en sacar sus celulares para capturar el momento.
-¡Deténganse! ¡Policía! ¡Que nadie se mueva!
En ese instante, el ascensor se abrió y el grito imperioso del policía hizo que la muchedumbre se apartara al instante.
Pero la intervención policial no fue suficiente para apaciguar el desorden.
Carmen, transformada en una bestia salvaje, arremetía contra Mariano quien, incapaz de protegerse, quedó prácticamente sin ropa.
Los policías se vieron forzados a reducir a Carmen violentamente para detener el escándalo.
Entre el escándalo público y las sospechas de que se trataba de un servicio sexual, los agentes no tuvieron más remedio que arrestar a todos los presentes.
Carmen se enfureció aún más y comenzó a gritarle a la policía: ¿Por qué me arrestan a mí? ¡ Arresten a esos adúlteros! ¡No hice nada malo al golpear a esa zorra!
-¡Cálmese! ¡Todos tienen que cooperar con la investigación! -bramó el oficial, sometiendo
nuevamente a Carmen.
Mariano, completamente humillado, se ajustó la bata mientras maldecía con la cara llena de golpes: -¡Histérica! ¿No podíamos hablar esto en casa? ¡Nos estás humillando!
-¿Yo nos humillo? ¿Y tú revolcándote con esta zorra no nos humillas?
Entonces Carmen miró a la joven, que también estaba bastante golpeada, se zafó del agarre policial y se le fue encima, propinándole varias cachetadas.
-¡Zorra! ¡Puta! ¡Te voy a enseñar a no robar maridos! ¡Te voy a destrozar para que no puedas volver a hacerlo! -Carmen desatada daba verdadero miedo.
¡PLAF!
El sonido de las cachetadas hizo que los espectadores se encogieran horrorizados.
Pero la otra mujer tampoco era muy mansa que digamos: agarró el pelo de Carmen y le arrancó un mechón entero.
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Carmen soltó un grito de dolor y contraatacó inmediatamente.
Los policías volvieron a separarlas y, sin perder tiempo, sacaron las esposas y las esposaron todas.
Era la primera vez que veía una pelea de mujeres tan de cerca y, debo admitir, ¡fue brutal!
Sofía grababa todo fascinada con su celular: -¡Vaya salvajada! ¡Qué espectáculo!
Al final, se llevaron a los cuatro detenidos.
La entrada del hotel estaba repleta de curiosos que estiraban el cuello para ver mejor.
Mientras observaba la cara descompuesta de Mariano, sentí que por fin me había vengado, liberando también algo de la frustración que mi madre se llevó a la tumba.
a
Al día siguiente, Antonio me llamó.
No quería contestar, pero recordando el incidente de “prostitución” de Mariano la noche anterior, imaginé por qué llamaba.
Así que contesté.
-María, ¿fuiste tú quien denunció a papá por prostitución y provocó que lo arrestaran? -me acusó directamente.
Dejé los papeles que tenía en la mano y respondí con frialdad: -¿Qué sucede ahora? ¿Vienes a defenderlo?
Antonio sonaba exasperado, aunque notaba que contenía su rabia: -María, ¿te das cuenta de que por un momento de ira has arruinado la reputación de papá? Esto también afectará negativamente a la empresa, ¿entiendes la gravedad de las consecuencias?
-¿Y eso qué tiene que ver conmigo? De la empresa no veo ni un centavo.
-¿No te había prometido papá darte las acciones de tu madre?
-Se retractó.
-¿Y por eso quieres acabarlo?
¿Acabarlo?
Reflexioné sobre esas palabras y pregunté con cierta malicia: —¿Qué sucedió después de que se lo llevara la policía anoche?
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Antonio respondió furioso: -La mujer se niega a admitir su relación, dice que era la primera vez que se veían y que papá la forzó… Ahora hay abogados involucrados y, si las cosas salen mal, podría enfrentar cargos de violación.