Capítulo 372
-¡Ah, está bien!
Entiendo que notó mi nerviosismo y me dio espacio a propósito para que me adaptara tranquilamente.
Cuando se metió al elevador, respiré profundo, obligándome a relajarme.
María, no pienses tanto, no pienses tanto.
Él lo dijo, no me va a presionar, no se precipitará, me respetará.
Así que esta noche no pasará nada.
Hay muchas habitaciones aquí, seguramente ni dormiremos en la misma cama.
Me obligué a calmarme y actuar natural antes de subir.
Apenas salí del elevador, él salió de una de las habitaciones.
-¿Ya subiste? Esta será tu habitación esta noche, ya está todo listo, incluso hay ropa limpia
sobre la cama.
Me sobresalté. -¿Ropa limpia?
—Sí… —sonrió con picardía, acercándose mientras explicaba― Después de traerte aquella vez, conseguí algo de ropa de mujer, pensando que si venías de vez en cuando, estarías más cómoda…
Mi corazón, que recién se había calmado, volvió a agitarse.
-¿Tú mismo la compraste?
-Ajá.
Me sentía mareada, era una sensación difícil de explicar – feliz pero inquieta, halagada pero como si hubiera caído en una trampa.
-¿Qué pasa? -al verme tambaleante, me tomó de la mano preocupado.
-Nada… es que, quizás la calefacción está muy fuerte, hace calor… -respondí nerviosa, evitando su mirada mientras señalaba al azar.
—
Tragó saliva, mirándome fijamente. Es verdad, estás sonrojada…
Sin terminar la frase, rozó suavemente mi mejilla con el dorso de sus dedos.
Un escalofrío me recorrió el cuerpo.
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Capítulo 372
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-Este… ¿cuál dijiste que era mi habitación? -pregunté para cambiar de tema, demasiado nerviosa para seguir así.
Él vaciló, su nuez de Adán moviéndose mientras se giraba para señalar: -Esta, ven, te la
muestro.
Me llevó adentro y encendió todas las luces: -Mira, también es una suite, estarás muy cómoda.
Di un vistazo alrededor, realmente me gustó.
Era más del doble que mi cuarto de alquiler.
Está muy bien -asentí, mirándolo tímidamente.
Bueno, entonces alístate, la ropa está ahí.
-Vale.
Lo vi marcharse y me quedé mirando el picaporte un buen rato, sin atreverme a cerrar con llave.
Ni yo misma sabía qué quería.
Aunque estaba nerviosa, también sentía una extraña anticipación.
A los veintiséis, aunque sin experiencia en temas de pareja, entendía perfectamente todo.
Bajo el agua de la ducha, no pude evitar que mi mente divagara hacia escenas que había visto en películas – momentos íntimos, románticos y apasionados que hacían latir mi corazón.
Al salir, me miré en el espejo, contemplando mi cuerpo aún inocente, y esa anticipación se volvió más intensa que nunca.
Estaba segura de que si las cosas no funcionaban con Lucas, jamás volvería a enamorarme.
Por eso realmente quería entregarle todo mi amor, todo mi ser.
Como le había dicho hoy – quería amar intensamente, sin importar el final, solo buscando vivir sin arrepentimientos.
Me quedé absorta en estos pensamientos ardientes hasta que unos golpes en la puerta me sobresaltaron.
-María, ¿aún no terminas?
Me estremecí al darme cuenta de lo que había estado pensando, sintiendo una profunda vergüenza.
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+25 BONO:
-Ya terminé, solo me falta secarme el pelo respondí asomando la cabeza por la puerta del
baño.
-¿Necesitas ayuda?
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