Capítulo 404
Me sobresalté y me incorporé de sus brazos.
Lucas habló un poco más por teléfono y luego colgó.
-El personal de la embajada pregunta si queremos ir a verlo. ¿Qué piensas? -me preguntó
Lucas.
-No–negué con la cabeza sin dudar-. Que lo procesen como corresponda, no hay nada que
ver.
Pensar en las palabras y acciones de Antonio me provocaba un fuerte rechazo.
Lucas me rodeó los hombros, apretando ligeramente su mano en un gesto silencioso de consuelo: -Según el personal de la embajada, si se procesa aquí, en este tipo de situaciones, sin daños sustanciales, solo necesitaría un buen abogado para conseguir una defensa de inocencia. Además, si el caso se juzga aquí, tú como demandante tendrías que quedarte hasta que termine todo el proceso judicial antes de poder volver…
Lucas no terminó de hablar, pero yo ya había entendido.
En realidad, el castigo de Antonio era lo de menos; el problema era que no podíamos permitirnos quedarnos tanto tiempo en el extranjero.
Lucas, con su posición especial, no podía permanecer fuera del país por tanto tiempo.
Y si yo me quedaba sola, él estaría preocupado.
Para acompañarme, intentaría extender su estancia lo máximo posible.
Pero yo no podía permitir que mi situación afectara su trabajo y su carrera.
Así que antes de que terminara, dije: -No presentaré cargos. ¿La policía local puede deportarlo directamente?
-Sí–Lucas asintió y me miró. En realidad, yo pensaba lo mismo. Cuando volvamos, en nuestro propio terreno, tendré más control sobre la situación. Además, hoy ya he enviado las pruebas de los delitos de los Martínez. Aunque el personal judicial esté más lento durante las vacaciones de Año Nuevo, tendremos noticias a más tardar pasado mañana.
-Bien, lo entiendo -organicé mis pensamientos, algo aturdida todavía-. Si es así… entonces déjalo ir, no presentaré cargos.
De este modo, otra tormenta nos esperaría al volver a casa.
Al llegar al hotel, a pesar de ser ya de madrugada, Sofía, Rosa y otros colegas que se habían
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Capítulo 404
enterado de la noticia me estaban esperando.
Al verme bajar del coche, Sofía y Rosa se apresuraron a recibirme.
-¿Cómo estás? ¡Me has dado un susto de muerte! -Sofía me agarró la mano, haciéndome sisear de dolor, y rápidamente la soltó-. ¿Qué pasa? ¿Estás herida? Lo siento, no me di
cuenta…
-No es nada… —intenté sonreír, cubriendo las heridas de mis muñecas con la chaqueta de Lucas para no preocupar a nadie.
-Es tarde, deberían ir a descansar. Mañana hay trabajo. Después de terminar mañana podremos relajarnos completamente. Gracias a todos por su esfuerzo -un grupo de personas reunidas en el lobby del hotel estaba poniendo nerviosos a los empleados, así que rápidamente los dispersé.
-Yo me encargaré de lo de mañana, tú descansa bien -Mauro me miró con el ceño ligeramente fruncido, hablando con seriedad.
Asentí cortésmente: -Gracias, director Núñez, mañana veremos cómo va.
Realmente era muy tarde. Volví a agradecer a todos y les insistí en que se fueran a descansar.
Lucas me llevó a su habitación.
Sofía, preocupada, también nos siguió.
-Déjame ver tus heridas o no podré dormir -Sofía, ahora temerosa de tocarme, me seguía de cerca con rostro preocupado.
Ya sin extraños presentes, no oculté más mis manos que escondía bajo las mangas.
-No es nada, son heridas superficiales. En un par de días estarán bien -la tranquilicé.
Al ver las heridas, Sofía arrugó el rostro: -¿Cómo te hiciste esto? ¿Te apretaron con cuerdas? ¿ Ese animal de Antonio te ató?