Capítulo 405
-Sí. Probablemente temía que escapara, así que después de drogarme me ató -respondí brevemente, sin querer seguir hablando del tema.
Sofía cambió repentinamente de expresión, miró a Lucas y luego me apartó unos pasos, preguntando en voz baja: -¿Tú… ese animal no te…?
No terminó la frase, pero entendí lo que quería decir, y sonreí para tranquilizarla: -No te preocupes, no pasó nada… Me ató las manos y los pies, lo que paradójicamente dificultó que pudiera agredirme, y Lucas llegó a tiempo.
-Menos mal–Sofía suspiró profundamente aliviada, me miró detenidamente y volvió a fruncir el ceño-. Tu cara también está hinchada. Las heridas son evidentes aunque digas que no es nada. Hay que desinfectar bien y aplicar alguna medicina para que no queden cicatrices.
Antes de que terminara de hablar, Adrián entró con un botiquín que Lucas tomó.
-Señorita Jiménez, vaya a descansar. Yo cuidaré bien de María -dijo Lucas educadamente, mirándonos.
Aunque Sofía seguía preocupada, sabía que no era apropiado quedarse haciendo de tercera, así que accedió: -Me voy entonces, si necesitas algo, llámame.
-Bien, lo haré.
Lucas le ordenó a Adrián: -Acompaña a la señorita Jiménez a su habitación y asegúrate de que llegue a salvo.
Cuando todos se marcharon y solo quedamos Lucas y yo en la habitación, su ceño fruncido y la preocupación en sus ojos ya no pudieron contenerse.
-¿Quieres ducharte, cambiarte de ropa y luego desinfectar las heridas? -dejó el botiquín y me preguntó con ternura, mirando mi vestido de gala rasgado.
Bajé la mirada para examinarme. El vestido estaba estropeado y tenía marcas rojas en el cuerpo por la lucha. Solo de pensar que las manos de Antonio habían estado en contacto directo conmigo, me sentía mal en todo el cuerpo.
Así que realmente necesitaba ducharme para eliminar su olor y sus marcas.
-Sí, iré a ducharme y me cambiaré de ropa -me levanté para dirigirme al baño.
Él se apresuró a seguirme. -Te ayudaré.
-¿A–ayudarme? -me giré para mirarlo, tartamudeando de repente con las mejillas encendidas.
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Capítulo 405
¿Cómo iba a ayudarme a ducharme? Tendría que quitarme la ropa…
-Con las muñecas tan lastimadas, te dolerá si el agua las toca. Si te ayudo, puedo evitarte ese dolor -respondió con seriedad, mirándome con ojos tranquilos y profundos, completamente ajeno a lo que yo estaba pensando.
Tragué saliva, sin saber cómo rechazarlo.
De lo contrario, parecería que desconfiaba de él.
-Entonces… gracias por tu ayuda -evidentemente incómoda, seguía hablando con dificultad mientras mi mente comenzaba a divagar.
-No hay de qué agradecer -su expresión se suavizó, mirándome profundamente, como si apenas entonces se diera cuenta de que lo que iba a hacer era algo… embarazoso.
-No te preocupes, solo voy a ayudarte a bañarte -enfatizó extrañamente.
No me atrevía a mirarlo a los ojos y murmuré: -No estoy preocupada…
Entramos al baño uno tras otro. Él primero abrió el agua caliente y luego se volvió para ayudarme a desvestirme.
Aunque la noche anterior habíamos dormido juntos, abrazándonos y besándonos, estar tan‘ expuesta” bajo la luz brillante era la primera vez.
-Te ayudaré… si te sientes incómoda o no puedes aceptarlo, puedes decírmelo directamente extendió su mano, con su apuesto rostro inexplicablemente sonrojado, mirándome a los ojos sin bajar la vista.
-Lo sé, date prisa, estoy bien —en lugar de prolongar la incomodidad para ambos, era mejor terminar rápido.
Con mi insistencia, sonrió y claramente aceleró sus movimientos.
Cuando el vestido cayó al suelo, aunque no miraba directamente su expresión, pude sentir que su respiración se había acelerado notablemente.
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