Capítulo 423
Levanté la mirada hacia él, sonriendo con fingida indiferencia: -Sí, ¡muy amables contigo! Señor Lucas, ¿quién podría oponerse a ti?
-Ese tono tuyo suena sarcástico.
Suspiré internamente, sin saber qué nos depararía el futuro, sin atreverme a hacer ninguna
promesa.
Lo acompañé hasta su coche y no pude evitar agradecerle: -De todos modos, gracias por venir inmediatamente y por organizar la protección con guardaespaldas. Te lo agradezco mucho.
Lucas, ya sentado en el coche, me miró con seriedad al escucharme: -¿Por qué eres tan formal conmigo? Me pone nervioso.
Sonreí: -No pienses demasiado, es simplemente gratitud.
-Mmm–asintió y luego me hizo un gesto con la mano para que me acercara.
-¿Qué?
Sin más, extendió el brazo, me agarró por la nuca y me atrajo hacia él para darme un beso
firme.
-Eres tan… ¡en pleno día! me aparté nerviosa, mirando a ambos lados.
Lucas cerró la puerta del coche y bajó la ventanilla para decirme: -Vuelve temprano esta noche, te estaré esperando.
-¿Volver? ¿Adónde? -pregunté con los ojos muy abiertos.
-¿Tú qué crees? A mi casa, por supuesto.
Me sorprendí. ¡Eso no podía ser!
No hace falta, hoy me llevé mi equipaje a casa, ir a tu casa…
No pude terminar mi frase porque él repitió “te esperaré“, pisó el acelerador y se marchó.
Me quedé mirando la parte trasera de su coche, enfadada en silencio.
Cuando subí de nuevo, apenas entré por la puerta mi tía me atrapó con una pregunta: Ustedes dos… parecen llevarse muy bien. ¿Su familia lo aprueba?
Respiré profundamente y respondí con calma: -¿Cómo podría ser? Su familia ya le ha elegido pareja.
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Capítulo 423
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Al oír esto, la expresión de mi abuela cambió: -Entonces, ¿qué clase de relación tienen? ¿Solo están jugando?
-Él está intentando convencer a su familia, pero ahora con el caso de los Martínez y mi relación con ellos, su abuelo piensa que… no da buena imagen.
Mi tía se sentó y suspiró: -Es cierto, por nuestra parte hay demasiados problemas. Con sus condiciones, podría conseguir cualquier chica que quisiera.
Mi abuela comentó con cierta pena: -Este Lucas es realmente excepcional, no se le puede criticar en nada. Se ve que te quiere sinceramente. Si pudieran estar juntos, me quedaría completamente tranquila.
Mientras cortaba fruta para mi abuela, sonreí: -No se preocupe, aunque nunca me case, no me privaré de nada.
-Pero tener a alguien que se preocupe por ti, que entienda tus necesidades, siempre sería más completo aconsejó mi tía.
No dije nada, aunque también lo deseaba.
Pero ¿qué podía hacer yo para cambiar estas circunstancias?
Por la noche, cené en casa de mi abuela.
Al salir, vi a los dos guardaespaldas sentados en su coche: uno con auriculares escuchando música y el otro fingiendo dormir. Me acerqué especialmente para saludarlos y expresarles mi agradecimiento.
De vuelta en el coche de Lucas, pensando en que tenía localizador, como para llevarle la contraria, conduje sin vacilar hasta mi apartamento.
Pero para mi sorpresa, apenas había estacionado cuando vi una figura familiar bajándose de un sedan negro estacionado junto a mí.
Me quedé atónita, sintiéndome como el “conejo” que espera ser atrapado por el cazador que vigila el árbol.
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