Capítulo 54
-No, no, yo estoy bien. Me preocupaba más que esto afectara su reputación.
-No hay problema, mi conducta es intachable.
Sus palabras finalmente me tranquilizaron.
El gerente tocó la puerta y el chef ejecutivo entró empujando un carrito, sirviendo personalmente los exquisitos platillos en nuestra mesa.
Lucas comentó cortésmente: -Esta cena te debe haber costado una fortuna.
-Para nada, que me honré con su presencia lo vale todo -respondí con sinceridad.
Cuando el chef terminó de servir, dijo respetuosamente: -Señor Montero, y señorita Navarro, que disfruten ustedes de su cena.
Me sorprendí.
Después de
que el chef y el gerente se retiraran, pregunté confundida: -¿El chef lo conoce?
Era contradictorio, considerando que Sofía nunca lo había visto.
Lucas tomó los cubiertos con elegancia y, mientras acomodaba su servilleta, respondió sin prisa: -El cocinero de Casa Montero es aprendiz del chef Juan. Cuando tenemos eventos familiares, también invitamos al chef Juan a cocinar.
Vaya…
Sentí otra oleada de asombro.
-Ya veo. Este restaurante es de la familia de mi mejor amiga, pero como es muy caro, casi
nunca vengo.
-¿Los Jiménez?
—Sí, Sofía y yo somos muy cercanas.
Lucas asintió y preguntó como al pasar: -¿Te gusta la comida de aquí?
Respondí con honestidad: -Me encanta.
¿A quién no le gustaría la comida de un restaurante de este nivel?
Sonrió y dijo sinceramente: -La próxima vez que quieras comer algo así, ve a Casa Montero. No tendrás que pagar, y el discípulo del chef Juan aprendió bien de su maestro, la calidad es comparable.
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Me sorprendí y lo miré. -¿Ir a Casa Montero? No… no creo que sea apropiado.
No éramos familia ni nada, y ellos eran tan distinguidos… ¿cómo iba yo a ir a comer a su casa?
-¿Por qué no? A mi madre le encantó la ropa que le hiciste. Anoche mismo comentó que quería invitarte a comer a Casa Montero para agradecerte.
¡Me quedé atónita!
Para su cumpleaños, la señora Montero encargó tres conjuntos.
Cuando terminé el primero, Pedro mandó a alguien a recogerlo porque yo estaba muy ocupada y no pude entregarlo personalmente.
La señora Montero me llamó por celular para decirme que le quedaba perfecto y que le encantaba. Incluso por celular se notaba lo feliz y satisfecha estaba.
que
Pero invitarme a comer a su casa para agradecerme era…
Después de todo, ella pagó por mis servicios, con eso debería ser suficiente.
-La señora Montero es maravillosa, es la señora de alta sociedad más accesible que he conocido. Le envidio tener una madre así —lo elogié sinceramente.
Para mi sorpresa, Lucas suspiró.
-¿Qué sucede? -pregunté confundida.
-Claro, ustedes solo ven lo bueno, pero yo como hijo… a veces me saca de quicio.
Me sorprendí tanto que no pude evitar reírme: -¿Cómo es posible? La señora Montero no puede ser el tipo de madre que fastidia a sus hijos.
—Ja, ja… —Lucas se rio enigmáticamente-. Mi hermana suele escaparse al extranjero para dar conciertos cuando se harta. Se va por mes y medio sin volver.
-¿Tiene una hermana?
-¿No lo sabías?
Negué confundida.
En ese momento no lo sabía, pero resulta que yo ya había conocido a la hermana de Lucas, y teníamos bastante historia en común.
Seguimos charlando mientras comíamos, como si fuéramos viejos amigos.
Pensando en que hasta el inalcanzable Lucas tenía problemas con sus mayores,
bromeé: -¿NO
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me diga que la señora Montero es como los padres normales, presionando para que se case y tenga hijos?
Lucas me miró sorprendido. -¿Cómo fue que lo supiste?
Abrí los ojos como platos. -¿Hablas en serio?
-Pues sí, todos los días me recuerda que en dos años cumplo treinta, la edad de establecerse, y me dice
que todavía no he logrado nada en la vida…