Capítulo 56
-¡Tiene razón! –levanté mi copa después de reír. ¡Brindemos pues por nuestros amores imposibles!
Después de todo, ¿no era lo mío con Antonio también un amor imposible, después de tantos años de entrega?
Por fin encontré algo en común con este ser privilegiado: ambos éramos huérfanos del amor.
Lucas chocó su copa con la mía, pero antes de beber se detuvo y preguntó: -¿Todavía amas a tu ex esposo?
Di un pequeño sorbo al vino tinto y reflexioné:
Ya no, pero después de tantos años, necesito
tiempo para arrancarlo completamente de mi corazón.
-Entiendo.
-Además, técnicamente no es mi ex esposo, aún no nos divorciamos. Es complicado, parece que no podremos resolverlo pronto -el tema me volvió a angustiar.
Mañana era nuestra segunda cita para el divorcio y temía que volviera a plantarme.
Si esta vez tampoco funcionaba, tendría que presentar una demanda, pero el proceso legal me consumiría demasiado tiempo y energía.
Y ahora estaba muy ocupada, con montones de trabajo en la empresa y los encargos personalizados de los invitados de los Montero. ¿De dónde iba a sacar tiempo para lidiar con semejantes problemas?
De solo pensarlo me daba bastante estrés.
Lucas, viendo mi expresión preocupada, aventuró: -Debe ser porque no quiere dejarte ir.
Sonreí con ironía. —No es el amor lo que no quiere soltar, es su banco de sangre personal.
Lucas me miró perplejo, sin entender.
Le expliqué brevemente: -Antes estuvo enfermo, tiene un tipo de sangre raro y yo resulté compatible, así que, durante su tratamiento, doné sangre varias veces para salvarlo.
Después de contarlo, hasta yo me sentí tonta y pregunté riendo: -¿No suena acaso como una telenovela barata? Ni los guionistas escribirían una coincidencia tan ridícula.
La expresión de Lucas se tornó compleja y después de un momento de silencio solo dijo: Eres de verdad una mujer muy bondadosa. Él en cambio es un canalla que no te merece.
-Sí, por eso es mejor haberme dado cuenta.
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Capítulo 56
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Capítulo 56
-¡Tiene razón! -levanté mi copa después de reír-. ¡Brindemos pues por nuestros amores imposibles!
Después de todo, ¿no era lo mío con Antonio también un amor imposible, después de tantos años de entrega?
Por fin encontré algo en común con este ser privilegiado: ambos éramos huérfanos del amor.
Lucas chocó su copa con la mía, pero antes de beber se detuvo y preguntó: -¿Todavía amas a tu ex esposo?
Di un pequeño sorbo al vino tinto y reflexioné: -Ya no, pero después de tantos años, necesito tiempo para arrancarlo completamente de mi corazón.
-Entiendo.
-Además, técnicamente no es mi ex esposo, aún no nos divorciamos. Es complicado, parece que no podremos resolverlo pronto el tema me volvió a angustiar.
Mañana era nuestra segunda cita para el divorcio y temía que volviera a plantarme.
Si esta vez tampoco funcionaba, tendría que presentar una demanda, pero el proceso legal me consumiría demasiado tiempo y energía.
Y ahora estaba muy ocupada, con montones de trabajo en la empresa y los encargos personalizados de los invitados de los Montero. ¿De dónde iba a sacar tiempo para lidiar con semejantes problemas?
De solo pensarlo me daba bastante estrés.
Lucas, viendo mi expresión preocupada, aventuró: -Debe ser porque no quiere dejarte ir.
Sonreí con ironía. -No es el amor lo que no quiere soltar, es su banco de sangre personal.
Lucas me miró perplejo, sin entender.
Le expliqué brevemente: -Antes estuvo enfermo, tiene un tipo de sangre raro y yo resulté compatible, así que, durante su tratamiento, doné sangre varias veces para salvarlo.
Después de contarlo, hasta yo me sentí tonta y pregunté riendo: -¿No suena acaso como una telenovela barata? Ni los guionistas escribirían una coincidencia tan ridícula.
La expresión de Lucas se tornó compleja y después de un momento de silencio solo dijo: Eres de verdad una mujer muy bondadosa. Él en cambio es un canalla que no te merece.
-Sí, por eso es mejor haberme dado cuenta.
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Caputo 56
Lucas notó que no quería seguir hablando del tema y no insistió.
La cena duró dos horas, charlamos sobre nuestras vidas personales como viejos amigos.
Después, saqué el tema de los 5 millones que le debía.
Aunque Lucas insistió en que no había prisa, le mostré el contrato de préstamo que había preparado junto con la documentación de mi empresa.
Me comprometí a pagar capital e intereses en cinco años, y si incumplía, podría quedarse con mi empresa.
Ante mi insistencia, finalmente firmó el contrato.
Esa noche en casa, mirando los contratos y su firma enérgica que decía “Lucas“, no pude evitar dejar volar mi imaginación.
Un hombre tan perfecto y brillante, fascinante en todos los aspectos, era difícil no sentirse cautivada.
Me alegraba que alguien así hubiera aparecido en mi vida cuando estaba en el punto más bajo por mi decepción amorosa, ayudando enormemente a sanar las heridas que Antonio me había causado.
Pero también era realista: lo mío era solo admiración y respeto unilateral.
Él tenía a alguien que le gustaba y su familia tenía planes para su futuro.
Veníamos en realidad de mundos diferentes; los Montero estaban a una altura que yo jamás
podría alcanzar por más que lo intentara.
Así que mejor quedarse con estas fantasías para una misma.
El celular seguía sonando con mensajes de Sofía queriendo chismes.
Después de contarle sobre Lucas, ella insistía en que había algo entre nosotros.
Le expliqué que Lucas simplemente era buena persona, como todos en los Montero, pero no me creía.
[No te menosprecies, ¿qué otra chica de la alta sociedad tiene tu belleza y talento?]
[¿Cómo sabes que es imposible si no lo intentas? ¡Aprovecha antes de que concrete algo con su amor platónico!]
[Me imagino la cara que pondrían Antonio y su amante si te vieran del brazo del señor Lucas… i eso sería impagable!]
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