Capítulo 72
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Seguramente él ya sabía cómo era Isabel en realidad, pero había tomado una decisión equivocada y para no quedar mal, aunque supiera su error, tenía que mantener su postura.
Pero ahora que Isabel lo admitía en su cara, ni siquiera se molestaba en disimular, prácticamente lo había dejado en ridículo… ¿cómo no iba a estar incómodo y avergonzado?
Isabel estaba al borde de la muerte y sabiendo que le quedaba poco tiempo, demostró que no tenía ni una pizca de vergüenza.
Extendió la mano y dijo con arrogancia:-Dame la pulsera, ya firmaste los papeles de las acciones, ¿o piensas echarte para atrás?
Yo sostuve la pulsera mientras la miraba fríamente, sin responder.
Isabel volteó hacia Antonio y le rogó con voz débil:-Antonio… ven a buscar la pulsera por mí, ayúdame a ponérmela.
Con dificultad levantó la mano que no tenía el suero y la extendió hacia Antonio, esperando en
silencio.
Antonio me miró y yo le devolví la mirada, curiosa por ver si seguiría defendiéndola.
Como era de esperarse, volvió a decepcionarme.
Rodeó la cama y se acercó con expresión seria:-María, dame la pulsera.
-¿Y si la rompe qué? -pregunté con frialdad.
-No lo hará, le gusta tanto que la va a cuidar mucho.
Fingí dudar y después de un par de minutos de silencio, me quité la pulsera con aparente reluctancia.
Se la di a Antonio.
Isabel sonrió triunfante, satisfecha.
-Antonio, rápido, pónmela -lo apuró.
گھ
Antonio se acercó a la cama, tomó su mano huesuda y le puso la pulsera.
Estaba tan flaca que le quedaba suelta y se le caía con cualquier movimiento.
-Quinientos mil dólares… mm, no parece gran cosa comentó Isabel agitando la mano para admirar la pulsera.
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Capítulo 72
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No pude evitar burlarme:-Por más ordinaria que sea, sigue siendo algo que nunca pudiste
tener.
Isabel me miró y de repente su rostro se volvió feroz:-¿De qué te sientes tan orgullosa, María? Todos estos años solo has visto cómo yo competía contigo por todo… ¡pero no sabes que fuiste tú quien empezó a quitarme las cosas!
Fruncí el ceño, como si hubiera escuchado el chiste del siglo:-¿Yo te quité cosas? ¿La enfermedad te está haciendo delirar?
Carmen se me vino encima:-¡María! ¡Cuida tus palabras o te voy a dar una cachetada!
La miré amenazante:-Adelante, hazlo, así vuelves adentro un rato más.
Al oír esto, su expresión cambió y bajó los humos.
Parece que una vez en la cárcel fue suficiente lección.
Isabel me miró fijamente y soltó algo que cambió todo lo que yo creía:-Para ser exactos, ¡tu madre empezó! Mi papá y mi mamá se amaban y planeaban estar juntos, pero tu madre se fijó en mi papá y se empeñó en quedárselo, ¡se lo robó! Mi mamá ya estaba embarazada y tuvo que abortar. Por suerte Dios fue justo y cuando mi mamá volvió a quedar embarazada, tuvo gemelos, como si ese bebé hubiera regresado…
¿Qué?
Después de escuchar esto, mi cabeza era un lío.
¿Fue mi madre quien se interpuso y separó a Mariano de Carmen?
-Imposible, mi madre no era así. Seguro Mariano vio que la familia de mi madre tenía dinero y abandonó a tu madre por ambición -rechacé las palabras de Isabel con firmeza.
—¡Si no me crees pregúntale a tu abuela! Fue tu madre quien se robó al marido de otra, por su culpa mis hermanos y yo sufrimos más de diez años. Por eso cuando volví con los Navarro, competía contigo en todo, jestaba furiosa! ¡Ċof cof!
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