Capítulo 80
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Finalmente, solo quedaba yo para volver a casa sola. Miré a Mariana con una sonrisa apenada: -No te preocupes, pediré un auto yo misma.
-Está bien…
-Mmm, ¿y tú? Es muy tarde, no… no es seguro que vayas sola —aunque apenas podía mantener los ojos abiertos por la borrachera, me preocupaba por ella.
-Mi hermano viene por mí, no te preocupes -respondió Mariana.
-Ah, qué bueno… -murmuré antes de desplomarme en el sofá.
Vagamente noté cómo mis amigas se iban marchando. Sofía se había quedado dormida en el baño después de vomitar; su cuñada vino a buscarla y se la llevó con ayuda de los meseros.
No sé cuánto tiempo dormí hasta que alguien me sacudió el hombro.
—María, llegó mi hermano y debo irme. ¿Quieres que te llevemos? —me despertó Mariana.
Aunque después de la siesta estaba más confundida, igual me negué: -No… no hace falta…
vivo cerca.
En eso sonó el celular de Mariana. Escuché que contestaba y una voz masculina familiar preguntó: Mariana, ¿dónde estás? ¿Estás muy borracha?
–
-En el privado Elite, pregúntale a los meseros y te indican.
Después de colgar, Mariana se despidió: -Bueno María, ¿me voy?
—Sí, adiós… ¡y gracias, muchas gracias! —aún recordaba agradecida su ayuda.
Cuando Mariana se fue, noté que quedaban dos chicos guapos, aparentemente más sobrios que
- yo.
-Hermosa, ¿podrás volver sola?
-Sí, pueden irse…
-¿Quieres beber un poco más?
—¡Claro, quien tenga miedo que se vaya! —me senté tambaleante y revisé varias botellas, todas vacías.
Estaba tan concentrada buscando alcohol que no noté cuando uno de los chicos se me acercó.
-Hermosa, me gustas mucho, ¿no podría ser tu novio? -me tomó la mano declarándose
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Capitulo 80
repentinamente.
Lo miré perpleja. Aunque estaba tan ebria que veía doble, en esto tenía muy clara mi postura.
-No… ya renuncié al amor… como dice el dicho, el sabio no se enamora, cuida su… saldo bancario. Seguro solo te interesa mi dinero…
-No es así, realmente me gustas.
Mientras hablaba, intentó abrazarme. Fruncí el ceño para apartarlo cuando de pronto alguien lo jaló con fuerza y lo empujó contra la mesa, derribando botellas que se hicieron añicos.
Me quedé atónita. Alcé la mirada y entre la bruma del alcohol, vi una figura alta y esbelta con un rostro… idéntico al de Lucas.
Con la mirada perdida y expresión atontada, murmuré: -¿Qué haces aquí…? ¿También viniste a celebrar mi cumpleaños?
Me miró con expresión sombría y un aura gélida, completamente diferente al Lucas que
recordaba.
-¿Cuánto bebiste? ¿Aún puedes reconocerme? -preguntó con sarcasmo.
Negué con la cabeza balbuceando: No… no eres él… tan malhumorado… creo que bebí demasiado, ya confundo a la gente…
-¿con quién me confundiste? -preguntó aquella voz.
-Aunque te lo diga no lo conocerías… -me hundí en el sofá, levantando débilmente la mano antes de dejarla caer-. Es el hombre más carismático, apuesto y de mejor familia que he conocido… ninguno de ustedes… juntos merece compararse con él…
La figura se sentó a mi lado y pareció esbozar una sonrisa, su aura fría y amenazante disminuyendo.
-¿Ah sí? ¿Y cómo se llama?