Capítulo 82
En mi nebulosa mental, sentí que aquel sueño que había tenido antes se estaba repitiendo.
Había soñado que besaba a Lucas…
Y ahora, un hombre que se le parecía tanto me estaba abrazando.
¡Sería un desperdicio no besarlo!
Tragué saliva y lentamente estiré el cuello, acercándome a él.
Logré besar su mandíbula, sintiendo la barba incipiente, lo cual me pareció divertido.
Quise seguir subiendo para besar sus labios, pero él se echó hacia atrás como si le desagradara.
—Jeje… qué tímido eres… ¿acaso esto no es parte de tu trabajo?
Me reí, chasqueando los labios mientras balbuceaba: -No te preocupes… no soy una cualquiera… estuve seis años con mi ex marido… y nunca crucé la línea…
-En este mundo no hay hombres buenos, no valen la pena… solo estaba jugando contigo…
Después de decir esto, lo aparté y me recosté contra la puerta del auto para seguir durmiendo.
No sé cuánto tiempo pasó hasta que la puerta se abrió.
Me fui de lado por la inercia, pero unos brazos fuertes me atraparon.
Desperté asustada, aunque seguía confundida.
-María, llegamos a tu casa. Te acompaño arriba, ¿puedes caminar? -su voz cortés venía desde arriba.
Ni siquiera tenía fuerzas para levantar la cabeza, mucho menos para caminar.
Murmuré algo ininteligible.
–
Entonces, disculpa la descortesía —dijo él.
Y de repente me sentí flotar cuando me levantó en brazos.
En su abrazo me sentí como cuando mi madre me cargaba de niña.
Mi rostro contra su cuello, inconscientemente me acurruqué murmurando: -Mamá…
No tengo idea de cómo entré a casa.
Cuando me di cuenta que estaba en mi sala sentada en el sofá, mi razón se aclaró un poco.
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Capítulo 82
+25 BONOS
Me ofreció un vaso de agua pero en vez de tomarlo, recostada en el sofá pregunté: -¿Quién eres? ¿Por qué… conoces mi casa?
Se sentó a mi lado: -María, ¿estás ebria o no? Soy Lucas, ¿no me reconoces?
-¿Lucas? -repetí su nombre, mirándolo mientras intentaba reconocerlo.
—Tú… ¿cómo es que… -sorprendida, lo señalé sin poder terminar la frase.
Lucas explicó: –Fui al club a buscar a alguien, te vi muy ebria y cuando ese tipo intentó aprovecharse de ti, te traje a casa.
-Pero… ¿cómo sabías…? -mi sorpresa aumentaba mientras mi cerebro intentaba procesar todo sin éxito.
Volvió a explicar: -Tu dirección la averigüé por teléfono mientras veníamos. Tranquila, no soy un acosador ni te haré nada, me iré en cuanto estés instalada.
No terminé de hacer ninguna de mis dos preguntas, pero él entendió y respondió ambas con precisión.
Me quedé perpleja, mirándolo tontamente desde el sofá.
-¿Algo más que quieras preguntar?
Negué con la cabeza y luego asentí.
Sonrió: -Olvídalo, ve a dormir, ahora mismo es inútil hablar contigo.
Se levantó, pero de repente lo sujeté sin saber por qué: -¡Espera!
-¿Qué pasa?
Lo jalé de la mano para que volviera al sofá.
-¿De verdad… eres Lucas?
Contuvo la risa: -Estás ebria, no ciega, ¿no puedes reconocerme?
-Entonces respóndeme algunas preguntas… ¡y sé honesto! -intenté sentarme derecha pero seguía tambaleándome.
Me acomodó un cojín para apoyarme.
Con ese gesto tan atento y considerado, en ese momento creí que realmente era Lucas.
-Bien, pregunta.
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