Capítulo 485
Mi padre, demostrando que aún conservaba algo de la intuición que lo había caracterizado como investigador, me preguntó con voz grave:
-¿Y todo esto a qué viene, Luz?
Un atisbo de sonrisa se dibujó en mis labios mientras observaba el mensaje que acababa de recibir.
-Mi gente ya va en camino a buscarte. Cuando lleguen, limítate a seguir sus instrucciones.
La verdad es que había planeado esperar a que mi equipo arribara a Villa Santa Clara antes de confrontarlo, pero su llamada había resultado providencial.
El rostro de Valentín se contrajo en una mueca de indignación.
-¿Cómo que siga instrucciones? ¡Por Dios, Luz, soy tu padre!
Su voz resonaba con la arrogancia de quien está acostumbrado a dar órdenes, no a recibirlas. Aquel hombre que una vez había controlado cada respiro mío, cada paso, cada decisión, ahora se enfrentaba a una realidad que se negaba a aceptar.
-Eso se acabó el día que firmaste tu renuncia a la policía -respondí con una calma estudiada-. Tú mismo firmaste la carta de emancipación.
Un silencio pesado se instaló en la línea mientras Valentín procesaba mis palabras.
-Tú… -su voz se quebró antes de recuperar la compostura-. Luz, los lazos de sangre no se rompen con un papel. ¡Esa carta no tiene validez legal! No importa lo que digas, sigo siendo tu padre.
Era cierto que aquel documento carecía de validez ante la ley, pero eso era irrelevante. Mi reconocimiento era lo único que importaba. Si acaso, cuando la vejez lo alcanzara y ya no pudiera valerse por sí mismo, recibiría una pensión mínima.
La conversación se había vuelto tediosa. Bajé la voz hasta convertirla en un susurro
amenazante:
-Ya trasladé a tu persona especial a un lugar seguro. Si no cooperas, olvídate del trasplante de corazón y de su recuperación. Ni en tus mejores sueños volverás a verla.
La sorpresa inicial en su rostro dio paso a la indignación.
-¡Luz! ¿Cómo te atreves? ¡No puedo creer que…!
“¿Que sea capaz de esto?“, completé mentalmente su frase.
Las personas suelen subestimar lo que otros pueden hacer cuando se ven acorralados. No soy alguien inflexible, pero he aprendido que para lidiar con la maldad, a veces hay que emplear sus propios métodos.
18:51 1
Capitulo 485
Terminé la llamada sin darle oportunidad de continuar. Como era de esperarse, mi teléfono comenzó a vibrar con sus insistentes llamadas. Después de ignorarlo varias veces, procedí a bloquearlo.
“¿Qué diría mamá si supiera?“, pensé con cierta ironía. Ella, que siempre había defendido a Valentín y a Violeta, su adorada hijastra, ni siquiera sospechaba que él guardaba otro amor fuera de casa.
“Quizás estoy un poco rota por dentro“, reflexioné mientras imaginaba el momento en que mi madre descubriera la verdad. Ansiaba ver cómo ese favoritismo que tanto me había lastimado se convertía en el puñal que desgarraría su propia alma. ¿Qué haría entonces?
Mientras tanto, Valentín casi destruye su celular en un arrebato de furia. La metamorfosis de su hija, otrora dócil y complaciente, en esta mujer implacable que osaba amenazarlo, resultaba incomprensible para él.
Cuando la ira inicial se disipó, la preocupación tomó su lugar. Con dedos temblorosos, realizó una llamada que confirmaría sus temores: efectivamente, aquella persona especial había desaparecido. El celular se estrelló contra el suelo, víctima de su impotencia.
Ajena a su tormento, yo saboreaba un reconfortante caldo‘ de res. El aroma a cilantro fresco y el caldo caliente resultaban extrañamente reconfortantes. Apenas había apartado el plato vacío cuando mi teléfono vibró con un mensaje.
Era Alejandro.
-Llego en media hora.
-De acuerdo respondi con simplicidad.
Había mencionado que quería llevarme a algún lugar. Naturalmente, asumí que necesitaría mi ayuda con algún asunto pendiente.
Pero cuando el avión aterrizó y divisé a lo lejos las emblemáticas torres del castillo de Disneylandia, las palabras se desvanecieron en mi garganta.
10.51