Capítulo 505
La voz de Julio temblaba con una mezcla de desesperación y remordimiento mientras golpeaba el suelo con su frente una vez más.
-¡Por Dios, presidente Ayala! Todo esto es mi culpa. No debí permitir que Carla le tendiera esa trampa. No merezco su perdón. Usted salvó a mi familia y yo… yo le he fallado de la peor manera. ¡Merezco el castigo más severo!
Las lágrimas brotaban sin control de sus ojos, mientras su voz se quebraba con cada palabra.
-¡Se lo suplico, señorita Miranda! Vaya a hablar con él. Por favor…
Su rostro, contraído por la angustia, se pegaba al suelo.
-Haré lo que sea necesario, cualquier cosa que usted me pida.
La devoción incondicional de Julio hacia Simón era aterradora. Su rostro desencajado y sus palabras entrecortadas revelaban una verdad innegable: si pudiera sacrificar su propia vida para restaurar la felicidad de su jefe, lo haría sin dudarlo un segundo.
El dolor en su voz era tan genuino que me erizaba la piel. Aunque mi decisión sobre Simón era inquebrantable, jamás había deseado su muerte. Convencerlo de seguir adelante, de encontrar un nuevo propósito, eso era algo que podía hacer.
Me incliné ligeramente hacia Julio.
-Está bien. Hablaré con él.
Al escuchar mis palabras, el cuerpo tenso de Julio se relajó visiblemente. Las lágrimas ahora corrían por sus mejillas mezclándose con la sangre que manaba de su frente lastimada.
-Gracias, señorita Miranda, gracias -su voz se quebraba con cada palabra de gratitud.
La visión de su frente ensangrentada me dejó sin palabras, creando un nudo en mi garganta. Fue entonces cuando los pasos firmes de Alejandro resonaron en el pasillo.
Al verlo, Julio se incorporó apresuradamente, hizo una reverencia profunda y, tras murmurar otro agradecimiento, se alejó con pasos vacilantes.
Alejandro siguió su figura tambaleante con la mirada, un ligero ceño fruncido marcando su rostro perfecto.
-¿Qué sucedió aquí? -preguntó con voz serena pero intrigada.
A pesar de que mi matrimonio con Alejandro era un acuerdo de conveniencia, pronto seríamos esposos. La honestidad era fundamental.
-Es el asistente de Simón -respondí con calma-. Me dice que desde el engaño de Carla, Simón ha perdido las ganas de vivir. Quiere que hable con él.
-¿Perdió las ganas de vivir? -La perplejidad transformó el rostro usualmente imperturbable de
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Capitulo 505
Alejandro.
-Así parece–admití, observando cómo la noticia impactaba en él. Aunque me costaba creer que Simón hubiera llegado a ese extremo, la angustia desgarradora de Julio no podía ser fingida.
Alejandro permaneció en silencio, procesando la información. En su mente había barajado múltiples razones por las que Simón podría querer ceder el control de la familia Ayala, pero jamás consideró que fuera porque había perdido el deseo de existir.
La situación resultaba incomprensible para alguien como Alejandro, que había luchado incansablemente por sobrevivir. No podía concebir cómo Simón, con todo su brillante ingenio, había llegado a tal estado de desesperanza.
Sus pensamientos parecían reflejarse en su mirada contemplativa. Si el amor de Simón era tan profundo que no podía soportar la pérdida, ¿cómo pudo actuar de manera tan destructiva antes? Había causado un daño irreparable, y ahora parecía incapaz de enfrentar las
consecuencias.
Sin embargo, la realidad era innegable. Solo alguien que hubiera perdido toda esperanza consideraría entregar el control de la familia Ayala de esa manera.
Tras un momento de reflexión, Alejandro me miró con determinación.
-Sí, es imperativo hablar con él.
La admiración profesional entre Simón y Alejandro era mutua. A pesar de los errores personales de Simón, Alejandro reconocía su extraordinario talento para los negocios. El instinto natural de Simón para el comercio superaba incluso al del sobrino de Alejandro, quien había sido meticulosamente preparado para el mundo empresarial.
Era un genio nato para los negocios.
La nobleza de espíritu de Alejandro se manifestaba incluso en esta situación. Aunque eran rivales, no deseaba ver el talento de Simón extinguirse así, por pura apreciación profesional.
Si alguien en la posición de Alejandro consideraba que sería una pérdida irreparable, ¿cómo podría yo sentir diferente? Mi único deseo siempre había sido que Simón encontrara su camino hacia la felicidad.
La próxima vez que lo viera, tendría que mantener una conversación seria con él. Sin embargo, no imaginaba que ese encuentro llegaría tan pronto.