Capítulo 518
La amenaza que emanaba de Simón atravesó a Carla como un relámpago. La ferocidad en su mirada superaba con creces aquella ocasión en que la acusó de haberlo traicionado.
-¡Ayuda! ¡Auxilio! -El grito brotó de la garganta de Carla, instintivo y desesperado.
Si antes, sin estar embarazada, apenas había sobrevivido a su furia, ahora el terror la paralizaba. Su mano se posó protectoramente sobre su vientre, donde su bebé crecía ajeno a todo este horror.
El silencio que siguió a sus gritos resultó más aterrador que cualquier amenaza. Los guardias, siempre tan vigilantes, brillaban por su ausencia. La quietud del jardín se tornó siniestra, como si toda vida hubiera huido ante la tormenta que se avecinaba.
Carla se incorporó tambaleante, retrocediendo mientras las palabras tropezaban en su boca.
-Simón… por favor, podemos hablar… -Su voz temblaba tanto como sus piernas.
Su mente se precipitaba en un torbellino de pensamientos, buscando desesperadamente qué podría haber desatado esta furia. Desde el momento en que supo de su embarazo, se había dedicado exclusivamente a cuidar de esta nueva vida. ¿Qué error había cometido para merecer esta ira?
El muro contra su espalda marcó el final de su escape. En un parpadeo, la mano de Simón se cerró sobre su garganta. El oxígeno se esfumó de sus pulmones mientras la desesperación la consumía.
“No puedo morir así… mi bebé… por favor, mi bebé“, resonaba en su mente mientras sus uñas se clavaban inútilmente en el brazo de Simón. La diferencia de fuerzas era abismal; sus intentos de defensa resultaban tan efectivos como los arañazos de un gatito contra un león.
Cuando las manchas negras comenzaban a nublar su visión, la presión cedió repentinamente. Sus pulmones ardieron al llenarse de aire, cada bocanada un recordatorio precioso de vida.
-¿Por qué has mantenido contacto con Israel todo este tiempo? -La voz de Simón cortó el aire como un látigo.
El mundo pareció detenerse. El corazón de Carla dio un vuelco mientras alzaba la mirada, encontrándose con los ojos de Simón encendidos de furia. ¿Cómo había descubierto que Israel seguía con vida? ¿Cómo sabía de su comunicación?
Carla pensó en decirle que Israel había muerto por salvarlo. Pero al encontrarse con su mirada implacable, supo que cualquier mentira sería su sentencia de muerte.
Antes de que pudiera articular una respuesta, los dedos de Simón volvieron a cerrarse sobre su cuello, esta vez con más violencia.
-¡Lo diré! ¡Te lo contaré todo! -Las palabras brotaron de la boca de Carla en un grito
desesperado.
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Capitulo 518
Sabía que perdería todo lo que había construido, pero en ese momento, solo importaba sobrevivir. Por su bebé, por sí misma, tenía que mantenerse con vida a cualquier precio.