Capítulo 56 Javier estaba celoso
«¿Qué? ¿Afuera?» Isabel se apresuró hacia la ventana, descorriendo la cortina para echar un vistazo. Allí estaba él, de pic junto a su puerta. «¿De verdad había venido?», pensó mientras observaba que había empezado a llover a cántaros. «¿Qué querría Javier? ¿Podría haberle pasado algo a la pierna de Samuel?»
Con ese pensamiento rondando por su mente, Isabel bajó corriendo las escaleras, tratando de pisar ligeramente para que Rogelio no la oyera. Por suerte, el sonido de la lluvia enmascaró sus movimientos, permitiéndole pasar desapercibida.
Cuando abrió la puerta de golpe, se encontró con un espectáculo: Javier estaba allí, completamente empapado.
-¿No trajiste un paraguas? -susurró Isabel.
-No llovía cuando salí -respondió él, con la voz baja y ligeramente ronca.
-¿Qué haces aquí? ¿Le ha pasado algo a la pierna de Samuel? -preguntó Isabel, sus palabras teñidas de preocupación.
Javier frunció el ceño, sorprendido de que pareciera más preocupada por Samuel que por el hecho de que hubiera caminado bajo la lluvia.
-Está bien.
-¿Está bien? -Isabel lo miró confundida-. Entonces, ¿por qué…?
Antes de que ella pudiera terminar su pensamiento, él presionó su gran mano contra su frente. Sus ojos se abrieron de par en par, sorprendida por su repentino gesto.
-Todavía estás un poco caliente —dijo Javier, bajando la mano para encontrarse con su mirada.
Los labios de Isabel se entreabrieron ligeramente, su expresión se congeló mientras absorbía su mirada. «¿Se aventuró a salir bajo la lluvia a estas horas porque le preocupa mi salud?», pensó. Aquella constatación despertó en ella una compleja mezcla de sentimientos, semejantes a una semilla que se abre paso en la tierra para brotar.
-He traído medicinas -solo entonces Isabel notó la gran bolsa de medicamentos que Javier sostenía.
-Soy médico.
-Los médicos no deberían tratarse a sí mismos -Javier apretó la bolsa contra las manos de Isabel.
Cuando sus dedos se rozaron durante el intercambio, una sacudida de frescor la recorrió. «Su mano está muy fría», pensó mientras examinaba las manos de Javier: dedos largos y pálidos con los nudillos ligeramente blancos.
-Estás completamente empapado. Deberías subir conmigo primero.
-De acuerdo.
Javier asintió y siguió a Isabel escaleras arriba.
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Capítulo 56 Javier estaba celoso
-Estate quieto ella se volvió hacia él, señalando hacia la habitación de Rogelio.
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La expresión de Javier cambió a una de fastidio. «¿Así que no permite que nadie me vea?», pensó.
Después de conducir a Javier a su habitación, Isabel rebuscó entre sus cosas y le entregó un pijama.
-Este conjunto es un poco holgado; debería servir por ahora.
Javier examinó el pijama que tenía en las manos: blanco, adornado con alegres dibujos de Mickey Mouse. Nunca imaginó que tendría en sus manos algo tan lindo.
Isabel se dio cuenta de la expresión de Javier. Ella había estado en su habitación antes, buscando en su armario, que estaba lleno de ropa en nada más que negro, blanco y gris, todo lo que exudaba un ambiente minimalista.
-¿No te gusta? También tengo un conjunto de encaje rosa -dijo, sacándolo de la estantería.
Javier miró el pijama de encaje rosa y no pudo evitar–torcer las comisuras de los labios. Se dio la vuelta y se dirigió hacia el baño, todavía con el pijama de Mickey en la mano.
Isabel ahogó una risita y devolvió el conjunto de encaje rosa al armario. Su intención había sido simplemente tomarle el pelo, y le hizo gracia ver una expresión tan inesperada en su cara.
En ese momento volvió a sonar su teléfono. ¿Quién podría estar llamándome a estas horas?», pensó mientras cogía el teléfono y veía el nombre de Conrado parpadear en la pantalla. Se preguntó qué necesitaba a estas horas de la noche. -¿No debería estar acurrucado con su nueva novia? ¿Podría ser que mi actuación anterior le hubiera tocado la fibra sensible, haciéndole sentir una pizca de arrepentimiento?»
Pulsó para contestar.
-¿Hola?
Javier acababa de abrir la puerta del baño, a punto de salir, cuando oyó la voz de Isabel en la línea. “A estas horas, aparte de mí, ¿quién más podría estar intentando localizarla?», pensó mientras entornaba los ojos hacia la puerta, intrigado.
-¿Te pasa algo?
-¿Te encuentras mejor? —preguntó Conrado, con una tensión inusual en la voz.
Isabel enarcó una ceja, como si hubiera visto un fantasma.
-¿Te preocupas por mi? Creía que sólo te preocupaba la chica para ligar.
La expresión de Javier se ensombreció. «Había asumido que Isabel había roto por completo los lazos con Conrado, pero aquí estaban, conversando hasta altas horas de la noche», pensó. Cuanto más pensaba en ello, más tensión sentía en la mandíbula.
-Isabel, ¿podrías dejar de menospreciar a Eva llamándola «chica para ligar? -dijo Conrado, claramente irritado.
-Bien, bien, no es una chica que se mete con cualquiera; es la reina de las chicas que se meten con
Capítulo 56 Javier estaba celoso
-¿Por qué eres tan…? -Conrado casi se ahoga con su furia.
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-Quiero decir, señor Jara, si me llama tan tarde sólo para discutir, debe de estar muy aburrido. No tengo tiempo para esto. Si no hay nada más, cuelgo.
-¡Isabel! -Conrado alzó la voz. forzando su frustración-. No cuelgues todavía. Necesito hablar contigo.
Isabel se quedó callada, con verdadera curiosidad por saber por qué había llamado.
Después de respirar hondo, Conrado dijo:
-¿Consiguió la Sanadora Milagrosa arreglarle la cara a tu hermano?
Isabel comprendió al instante lo que quería decir.
-Más o menos -respondió.
La emoción de Conrado aumentó.
-Entonces, ¿puedes…?
-No Isabel le cortó con firmeza-. No esperas de verdad convencerme de que traiga a la Sanadora Milagrosa para que trate a tu madre y, de paso, quizá arregle a Eva?
El rostro de Conrado se ensombreció, como si un frio invernal se hubiera apoderado de él. Tras una breve pausa, apretó los dientes.
-Di tus condiciones.
-Oh? ¿Estás seguro de eso?
-Excepto lo de romper con Eva.
Isabel se había anticipado a esa respuesta.
-Sólo quiero que termines con Eva. Esa es mi única condición.
Javier apretó los puños a los lados, los nudillos se le pusieron blancos. ¿Qué tiene de especial ese perdedor? ¿Por qué no puede dejarlo ir?», pensó con amargura. Nunca había sentido celos en su vida; los demás le envidiaban. Sin embargo, en ese momento, los celos lo invadieron.
-ilsabel! ¡Sabes que eso es imposible! Yo la quiero. Jamás romperé con ella -declaró Conrado, con la voz llena de determinación.
-Oh, ya has dicho antes que sólo me querías a mi y que cuidarías de mí, prometiendo que envejeceríamos juntos. Mira cómo ha acabado —replicó Isabel, con tono firme y expresión tranquila.
-¡Eso fue sólo porque cambiaste! Te volviste rencorosa, manipuladora, ¡y no dejabas de hacerle daño a Eva una y otra vez! —La voz de Conrado se alzó, alimentada por la ira.
—Tsk, tsk —Isabel chasqueó la lengua—. Conrado, déjame decirte que no soporto a la gente como tú. Metes la pata pero te las arreglas para echar la culpa a los demás. Espera; pronto revelaré la verdadera
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Capítulo 56 Javier estaba celoso
La preocupación se reflejó en el rostro de Conrado al oír sus palabras.
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-¿Qué piensas hacerle a Eva? Te lo advierto, no hagas nada imprudente, o de lo contrario…
-Ahh… -Isabel dejó escapar un largo bostezo—. Es tarde y necesito dormir. Si quieres hablar, hagámoslo el 18 en tu boda. Estaré en la ceremonia.
Y colgó.
Nada más hacerlo, una voz grave atravesó el silencio.
-¿De verdad plancas colarte en la boda?