Capitulo 22
Su teléfono no paraba de sonar con fotos e información de los cibernautas. Entre esa cantidad de datos, Nicolás apenas podía distinguir lo util de lo inútil. Había demasiada gente interesada por la recompensa y, aunque había contratado ayuda para difundir información, el trabajo era aterrador.
Se arrepentía de su decisión, pero ¿qué otra opción tenfa? sin la ayuda de la gente y las pistas que Diana misma dejaba, era imposible encontrarla.
Sentado en la cama, casi desesperado, recibió un mensaje nesperado de sus asistentes:
Señor Paredes, informan que Diana fue vista frente a la iglesia en la ciudad B de Azoravia. Ya enviamos gente a buscarla, venga lo antes posible.
La noticia reavivó sus esperanzas. Verdad o mentira, tenía que intentarlo. No podía abandonar en este momento esta única posibilidad.
Sin Diana, apenas podía sobrevivir cada día. Ella era como el agua y el oxígeno, indispensable. Haber aguantado tanto ya era simplemente un milagro. Como un pez fuera del agua, tenía que luchar hasta el final antes de morir. Nicolás no recordaba cuándo fue la última vez que descanso adecuadamente. Solo dormía una o dos horas cuando su cuerpo no resistía más, temeroso de perderse cualquier noticia sobre ella.
En el vuelo a Azoravia seguía trabajando en asuntos domésticos. Cuando fue a recoger su equipaje, ignoraba que Diana estaba en ese mismo aeropuerto abordando un avión
Por cruel e irónico que fuese el destino, volvían a desencontrarse.
2
23
Mientras el avión de Diana despegaba, Nicolás corría hacia la iglesia, preguntando en todos los hoteles cercanos sin éxito alguno.
Finalmente, en un hotel de la esquina consiguió información:
-Esa bella latina se fue hoy mismo, llegas tarde.
-¡Si hubieras venido unas horas antes, la habrías visto!
Nicolás se quedó paralizado. Tan cerca… solo unas horas de diferencia.
¿Era el destino tan cruel que ni siquiera le permitiría verla una vez más?
-Gracias -murmuró antes de marcharse como alma en pena.
Deambulando en tierra extranjera, sin rumbo fijo, recordó su vida antes de Diana. Nunca imaginó que podría amar de esa manera tan intensa a alguien. Ni siquiera pensaba en casarse, creyendo que viviría solo para el trabajo.
Pero al conocerla, supo que estaba perdido. Ese sentimiento desconocido de amor le trajo por primera vez verdadera felicidad. Durante el cortejo, hasta una simple mirada suya lo hacía feliz por largos días.
Si el Nicolás de entonces supiera cómo la trataría en el futuro, ¿habría muerto de rabia?