Capítulo 9
Con sus documentos de identidad temporales, Diana se dirigió al aeropuerto. En el momento en que el avión despego, su vida anterior quedo atrás. Al aterrizar en Westland, aceptó su nueva identidad como propietaria de un hotel junto al mar.
Mientras tanto, en Belamar, Nicolás estaba al borde de la locura. Retrocedamos unas horas para entender por qué.
Después de llevar a Mariana a casa, ella segula insistiendo en retenerlo:
-Nicolás, ya que estás aquí, ¿por qué no subes un momento?
Mientras hablaba, dibujaba círculos sugestivos en la palma le su mano. Nicolás dudó por un momento, sintiendo una indescriptible inquietud.
Mejor no. Sube tú, tengo que regresar con Diana -rechazó, apartando la mano de Mariana mientras recordaba su promesa. Hacía tiempo que no pasaba tiempo con ella, y tal vez se molestaría. Este pensamiento le provocó una sonrisa muy agradable.
Mariana se aferró con fuerza a su cintura:
-Nicolás, ¿no querías verme con ese conjunto? Ya que me trajiste hasta aquí, si no lo ves ahora, no volveré a usarlo.
Sus manos se deslizaron de manera provocativa bajo su ropa. Aunque Nicolás endureció su expresión y protestó una y otra vez:
-No puedo, se lo prometí a Diana–acabó cediendo ante la insistencia de Mariana.
Horas más tarde, después de arreglarse la ropa con cuidado para asegurarse de que no hubiera ninguna arruga evidente, regresó a casa.
-Diana, ya llegué. Perdón por la demora… -se interrumpió al notar que algo no estaba del todo bien. (1
La mansión estaba vacía, sin rastro alguno de Diana. El refresco permanecía intacto en la basura, sin haber sido probado. Su corazón dio un giro repentino mientras sus ojos recorrían de manera ansiosa la sala, esperando que Diana apareciera en cualquier momento.
-Diana…
llamó repetidamente, mientras el pánico crecía en su interior. Una idea descabellada comenzó a tomar forma: ¿Diana lo había abandonado?
-¡No puede ser! Diana, ¿estás jugando conmigo? Sal ya, ¿no íbamos a abrir juntos el regalo de hace dos semanas? Perdóname por irme a trabajar esta mañana, lo siento.
Mientras hablaba, recorría la casa buscándola, hasta que notó que faltaban muchas cosas. ¿Dónde estaban todas sus fotografías juntos? Todas las fotos habían desaparecido incluso su retrato de bodas.
Instintivamente se dirigió al jardín trasero, donde los cerezos habían sido reemplazados por tierra nivelada, sin rastro de que alguna vez hubo árboles en ese lugar. Los sirvientes plantaban flores para cubrir el espacio desnudo.
-¿Quién les ordenó plantar esto? ¿Qué pasó con los cerezas? -preguntó con un tono de voz severa, apenas ocultando su nerviosismo.
Los sirvientes, confundidos, respondieron:
-Señor Paredes, hace tres días la señora ordenó arrancar los cerezos y quemarlos. Como usted siempre nos dice que complazcamos a la señora, seguimos sus instrucciones al pie de la letra…
Los empleados se miraron entre sí, nerviosos.
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BONUS
Capitulo 9
Quemarlos? Nicolás retrocedió tambaleándose una y otra vez, como si hublera recibido un golpe fisico, apenas capaz de mantenerse en pie.