Capítulo 1
-Señorita Anaís, ya son tres días desde su ingreso -la enfermera consultó el expediente con gesto preocupado-. Necesitamos contactar a sus familiares para los gastos de
hospitalización. ¿Segura que no recuerda nada?
Anaís Villagra rozó con sus dedos el vendaje que envolvía su cabeza. Una débil sonrisa de disculpa se dibujó en su rostro pálido.
“Ni siquiera puedo recordar la contraseña de mi celular“, pensó mientras observaba el dispositivo inerte sobre la mesita de noche.
-¿No tiene algún contacto de emergencia? -insistió la enfermera, su voz teñida de genuina preocupación.
-Es que yo…
El estruendo de la puerta al abrirse interrumpió su respuesta. La figura imponente de un joven ejecutivo irrumpió en la habitación, su rostro cincelado contorsionado por la impaciencia.
-¿Otra vez con tus jueguitos, Anaís? -espetó, su voz resonando contra las paredes-. Te llevaste a Barbi contigo y mira cómo acabaron. ¿Te das cuenta de que por tu culpa ella pudo quedar desfigurada? Te lo advierto, nuestro compromiso está cancelado. Y ni creas que tus dramas van a funcionar esta vez. Aunque te avientes desde el Paso de la Reforma no cambiaría de opinión.
Una joven de rostro angelical apareció detrás de Roberto Lobos, tirando suavemente de la manga de su traje italiano.
-Ya, Rober, tranquilo -su voz destilaba dulzura-. Anaís no lo hizo a propósito. Mis heridas sanaron bien. Gracias a Dios el vidrio no me lastimó la cara…
Anaís parpadeó confundida, sus dedos acariciando inconscientemente el vendaje. La mañana había traído consigo el despertar en esta habitación aséptica y la noticia de que había estado al borde de la muerte.
Roberto estrechó posesivamente la cintura de Bárbara Villagra, su porte aristocrático realzado por el traje hecho a medida.
-Mira, Anaís, voy a ser muy claro contigo -declaró con dureza-. Me gusta Barbi. Aunque crecimos juntos, jamás sentí nada romántico por ti. Has estado persiguiéndome como perrito faldero durante cinco años, ¿no te da vergüenza? Por tu culpa, Barbi nunca se atrevió a confesarme lo que sentía. Ya basta de tu comportamiento patético. Barbi y yo estamos juntos ahora, y así se va a quedar.
El rostro de Bárbara se iluminó con deleite mientras se aferraba al brazo de Roberto. Un destello de triunfo bailó en sus pupilas.
-Mi amor… -susurró con adoración.
Anaís bajó la mirada, observando la intimidad entre ellos. Un dolor agudo, como pequeñas
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Capitulo 1
mordidas de insectos, comenzó a devorar su corazón. La injusticia de la situación amenazaba con desbordar sus ojos, pero respiró profundo y habló con voz temblorosa.
-Disculpen, pero no los reconozco -murmuró-. Creo… creo que tengo novio. ¿Alguno tiene su número? Por favor, necesito que venga.
En su mente danzaba la silueta borrosa de alguien, una presencia tan cercana como inalcanzable.
La sorpresa destelló en los ojos de Roberto, seguida rápidamente por una sonrisa sarcástica.
La voz del presentador de noticias captó su atención. En la pantalla del televisor, anunciaban el regreso de Efraín Lobos, el joven prodigio del Grupo Lobos. Los rumores sobre su condición circulaban como pólvora: un accidente dos años atrás lo había dejado paralítico y desfigurado, alejándolo completamente del ojo público.
Roberto señaló la pantalla con un gesto despectivo.
-¿Quieres saber quién es tu novio? Ahí lo tienes, mi primo Efraín -sacó el celular de Anaís y, con movimientos precisos, desbloqueó la pantalla-. Te dejo su número, llámalo.
Bárbara cubrió su boca para ocultar una sonrisa maliciosa.
-Rober… ¿estás seguro? -susurró-. Hace dos años, tu primo…
Roberto la envolvió en sus brazos, sus ojos brillando con desprecio.
“Después de cinco años siguiéndome como una sombra, ¿crees que me vas a dejar ir tan fácil? Esto debe ser otro de tus trucos“, pensó mientras observaba a Anaís.
-Ya tienes el contacto -sentenció con frialdad-. Y más te vale que esta vez tu actuación dure más de una semana, porque ni aunque te arrodilles frente a mí volveré a mirarte.