Despertar del Olvido 105

Despertar del Olvido 105

Capítulo 105 

Las palabras de Samuel resonaban en su mente como un eco ominoso. El secuestro y asesinato de la señorita Córdoba pesaba sobre ella como una acusación invisible, aunque sus recuerdos permanecían enterrados en la bruma del olvido

Anaís permaneció inmóvil, su respiración entrecortada traicionando la angustia que la consumía. Las siluetas de Samuel y Efraín se perdieron en la penumbra del pasillo, dejándola sola con sus dudas y temores. El murmullo distante de la música del bar parecía burlarse de su desconcierto

Sacudiendo la cabeza para despejarse, Anaís se adentró en el laberinto de pasillos en busca de Roberto. Sus tacones resonaban contra el suelo mientras giraba en una esquina, solo para encontrarse rodeada por tres corpulentos desconocidos. El penetrante olor a alcohol y tabaco la golpeó antes que sus palabras

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-Mira nada más qué preciosura tenemos aquí la voz del más alto arrastraba las palabras con malicia. ¿Por qué no nos acompañas un rato, hermosa

Las risas graves de sus compañeros saturaron el aire mientras se acercaban, sus sombras proyectándose amenazantes sobre ella. El instinto de supervivencia se apoderó de Anaís cuando escuchó más pasos acercándose por detrás. Eran otros tres hombres, todos con la misma mirada depredadora

Sin pensarlo dos veces, Anaís empujó la puerta más cercana y se precipitó dentro de lo que parecía ser un salón privado. Avanzó con rapidez, sus sentidos alerta ante cualquier sonido de persecución. El murmullo de una conversación familiar la detuvo en seco

La voz de Fausto destilaba sarcasmo y un dejo de hastío. -Después de tantos años, Efraín, ¿sigues aferrado a la misma historia? Ya deberías buscar a alguien más. ¿Qué pretendes conseguir

Anaís contuvo la respiración, su corazón latiendo con fuerza mientras esperaba la respuesta. El suave roce de las ruedas contra el piso precedió a las palabras de Efraín

-Ella lo vale -respondió él con una suavidad que contrastaba con su habitual frialdad

Una risa mordaz escapó de los labios de Fausto

-Yo la veo bastante simple, ingenua y cruel. No logro entender qué le ves

-Yo lo que vale la voz de Efraín vibraba con una convicción inquebrantable, una pasión contenida que revelaba años de devoción silenciosa

Oculta tras un biombo, Anaís sentía que el mundo se había detenido. La imagen que tenía de Efraín, ese hombre aparentemente distante y calculador, se transformaba ante sus ojos. Verlo así, esperando con una paciencia infinita a alguien que se había desvanecido siete años atrás, le provocaba una mezcla de admiración y desconcierto

El chirrido de una puerta la arrancó de sus pensamientos. Samuel apareció ante ella, su 

Capitulo 105 

elegante traje contrastando con la expresión de disgusto que cruzó su rostro al verla

-¿Qué diablos haces aquí? -masculló, agarrándola bruscamente por el cuello de la blusa y arrastrándola hacia donde se encontraban los otros

Al rodear el biombo, Anaís se encontró frente a Efraín y Fausto, sentados en un sobrio sofá negro. Samuel la arrojó sin contemplaciones sobre un sofá doble vacío

Extrajo un cigarro y lo encendió con movimientos precisos, sus labios curvándose en una sonrisa burlona

-La encontré escondida detrás del biombo, escuchando su conversación. ¿No se percataron

El salón donde se encontraban era el refugio predilecto de Samuel dentro del bar, un espacio donde la diversidad de la clientela garantizaba el anonimato. Aquí podía escapar del acoso de la familia Córdoba y de su insistencia en que conociera a una esposa que jamás había visto. Para él, el bullicio y el caos de este lugar eran preferibles a enfrentar ese matrimonio impuesto

14:25 

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