Capítulo 108
Una sonrisa amarga se dibujó en los labios de Anaís mientras contemplaba la absurda persistencia de aquella familia. El ciclo de manipulación parecía no tener fin.
La voz de Héctor resonó a través del teléfono, cargada de una amenaza apenas velada.
-Si algo le pasa al bebé de Barbi, tú serás la única responsable.
Anaís apretó los labios, su determinación cristalizándose en ese instante. Sin importar las circunstancias, la seguridad de ese bebé era primordial.
Al cruzar el umbral de la residencia Villagra, la voz suplicante de Victoria llegó hasta sus oídos. -Barbi, por favor, come algo. Roberto está por llegar.
Bárbara, reclinada en el sofá con estudiada languidez, negaba suavemente con la cabeza. Al detectar la presencia de Anaís, un destello de astucia iluminó su mirada.
-¿Qué te trae de vuelta por aquí, hermanita?
Los ojos de Anaís se detuvieron en el vientre de Bárbara, que aún no mostraba señales del embarazo. Bárbara, interpretando su papel a la perfección, se refugió tras Victoria con fingido
temor.
Victoria se irguió como una leona protegiendo a su cría.
-¿Se puede saber por qué la miras así? Mi Barbi no es cualquier mujer. Si se te ocurre hacerle algo al bebé, te las verás conmigo.
Una punzada de dolor atravesó el pecho de Anaís al reconocer el veneno en la mirada de Victoria, mezclado con un miedo manufacturado. La pregunta ardía en su interior: ¿realmente compartía sangre con esta gente? ¿Qué clase de padres trataban así a su propia hija?
Avanzó con paso firme hasta donde Raúl permanecía sentado. Él resopló y desvió la mirada, aunque su voz intentó adoptar un tono conciliador.
-Mira, Anaís, las cosas son como son. Bárbara está esperando un hijo. Lo tuyo con Roberto se acabó. Mejor prepárate para la boda con Víctor. Mamá ya dio su bendición. Después de que se case Bárbara, sigues tú.
Anaís tomó asiento junto a él con una serenidad que contrastaba con la tormenta en su interior.
-¿De verdad quieres a Víctor como cuñado?
La pregunta dejó a Raúl sin palabras. Cualquiera en San Fernando conocía la reputación de Víctor: un parásito social sin oficio ni beneficio.
Al cruzar su mirada con Bárbara, Raúl agachó la cabeza, evadiendo la verdad.
Capítulo 108
-Anaís, últimamente andas muy rebelde. Tal vez necesitas un hombre que te ponga en tu lugar.
La bofetada resonó en la habitación antes de que terminara la frase.
Raúl se llevó la mano a la mejilla, la furia deformando sus facciones mientras se levantaba de golpe.
-¡Siempre me andas pegando sin razón! Ya perdiste la cabeza, ¿verdad? ¿Te afectó tanto que Roberto te dejara?
Los ojos de Bárbara centellearon ante la oportunidad, y se acurrucó más cerca de Victoria.
-Mamá, debe ser eso. Mi hermana no está actuando normal. ¿No deberíamos llevarla con un especialista? En mi estado, me da miedo que pueda hacer una locura.
Su voz temblaba mientras se protegía el vientre con las manos, sus ojos llenándose de lágrimas calculadas.
La duda comenzó a tejer su red en la mente de Victoria. ¿Podría ser que los cambios en el comportamiento de Anaís tuvieran una explicación médica?
Con un gesto sutil, llamó a uno de los guardias de seguridad. Sus ojos escudriñaron a Anaís con desconfianza.
-¿Es cierto que tienes problemas mentales, Anaís?
Las palabras se atoraron en la garganta de Anaís. Su mirada se encontró con la de Bárbara, quien, protegida por las sombras del rincón, dejaba entrever una sonrisa de triunfo.
La familia Villagra se había convertido en su ejército personal. No existía amenaza que pudiera
tocarla.
El dolor se extendió por el pecho de Anaís como un veneno lento. Pero la claridad mental regresó rápidamente. Si conservara sus memorias, estaría consumida por la rabia.
-¿No querían que preparara algo de comer?
Su voz emergió con una calma estudiada, pero Bárbara aprovechó para asestar otro golpe, su rostro componiendo una máscara de terror.
-Ay, hermanita, perdón, pero ya ni me atrevo a probar tu comida. ¿Qué tal si nos quieres envenenar? Seguro no soportas que vaya a tener un bebé de Roberto.
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