Despertar del Olvido 126

Despertar del Olvido 126

Capítulo 126 

Anaís permaneció inmóvil, con las palabras atoradas en la garganta. Ya había entrado al baño y no quería parecer demasiado exigente con quien le estaba ofreciendo refugio. El vapor comenzó a elevarse cuando abrió la regadera, y el agua caliente acarició su piel, relajando sus músculos tensos. El aroma a sándalo del jabón masculino inundaba el espacio, recordándole constantemente en qué habitación se encontraba

La consciencia de estar en el baño privado de Efraín la mantuvo inquieta, por lo que se apresuró a terminar. En apenas diez minutos ya había cerrado las llaves, envolviendo su cuerpo húmedo en una de las suaves toallas

¿Y ahora qué hago?, se mordió el labio al percatarse de que no tenía ropa interior de repuesto. El dilema la mantuvo paralizada frente a la puerta, con los dedos aferrados al borde de la toalla como si fuera un salvavidas

-¿Por qué no sales? -la voz grave de Efraín atravesó la madera, sobresaltándola

El sonido del agua había cesado hace tiempo, delatando su indecisión. Con dedos temblorosos, Anaís entreabrió la puerta apenas lo suficiente para asomar el rostro

-Presidente Lobos, ¿dónde voy a dormir esta noche

Sus mejillas estaban teñidas de rosa por el vapor, y sus ojos brillaban como obsidianas pulidas. A pesar de haberse secado el cabello apresuradamente, algunas gotas rebeldes aún se deslizaban por su cuello

Efraín desvió la mirada con rapidez, como si el breve vistazo hubiera sido demasiado para él

-¿Dónde voy a dormir? -insistió ella al no recibir respuesta

Por toda contestación, él le dio la espalda y señaló el sofá con un gesto seco

¿Por qué no puedo ir a una habitación de invitados?, la pregunta danzó en su mente, pero no se atrevió a vocalizarla. Quizás Efraín realmente creía en ese asunto de que ella funcionaba como somnífero para él. Si ese era el caso, ¿cómo negarse cuando él la estaba ayudando

La situación era incómoda: no llevaba nada bajo la toalla. Se acomodó en el amplio sofá y se cubrió rápidamente con la manta que encontró a un lado, solo entonces permitiéndose respirar con algo de alivio

Efraín se incorporó de la silla de ruedas, tomó su pijama y desapareció en el cuarto de baño. El sonido del agua corriendo despertó en Anaís una sensación de irrealidad

¿Cómo terminé otra vez compartiendo habitación con él? Si alguien se enteraUn escalofrío recorrió su espalda al imaginar el escándalo. Pero más allá del qué dirán, era la presencia de Efraín la que la inquietaba. Había algo en él que la hacía sentirse vulnerable

Se acurrucó bajo la manta, notando que el tiempo pasaba y Efraín no salía del baño. Normalmente era muy eficiente con su aseo personal, pero esta vez llevaba más de una hora, La preocupación comenzó a crecer en su pecho

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Capítulo 126 

Aún envuelta en la toalla, se acercó a la puerta del baño. Justo cuando levantaba la mano para tocar, esta se abrió desde dentro

Un ligero rubor teñía las mejillas de Efraín, y mechones de cabello húmedo caían sobre su frente, suavizando sus rasgos usualmente severos. La mano de Anaís quedó suspendida en el aire, sus dedos rozando involuntariamente el pecho masculino

En sus trajes impecables, Efraín siempre mantenía cada botón en su lugar, como una armadura de perfección. Pero ahora, con la pijama revelando parte de su pecho, parecía una obra de arte que invitaba a ser contemplada

Los dedos de Anaís presionaron suavemente, sintiendo la calidez de su piel, antes de retirar la mano como si se hubiera quemado. Efraín peinó hacia atrás su cabello mojado con un gesto casual que destilaba sensualidad

Anaís retrocedió hasta que su espalda encontró la pared, su corazón latiendo con fuerza ante aquella visión que amenazaba con derribar todas sus defensas

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