Despertar del Olvido 128

Despertar del Olvido 128

Capítulo 128 

La noticia se propagó como pólvora entre los círculos sociales de San Fernando del Sol. Sofía Lobos, con su influencia indiscutible y su extensa red de contactos, había desatado una tormenta. En menos de treinta minutos, el rumor resonaba en cada rincón de la alta sociedad: Anaís, consumida por los celos hacia su hermana menor, la había empujado por las escaleras, provocando la pérdida de su bebé

El escándalo sacudió los cimientos de dos de las familias más prominentes de la ciudad. Los Villagra y los Lobos, que se preparaban para celebrar una boda, se convirtieron en el epicentro de murmuraciones maliciosas y miradas indiscretas. La vergüenza y la indignación se entrelazaban en una danza macabra que amenazaba con destruir décadas de prestigio social

Anselmo Lobos, patriarca de la familia, explotó en un arranque de furia descontrolada. La taza que sostenía voló por los aires, impactando contra la frente de Benjamín con un estruendo sordo. El patriarca apenas se inmutó ante el incidente; su mente estaba saturada con las crisis que se acumulaban una tras otra. El reciente escándalo entre Benjamín y Jimena Bolaños todavía resonaba en los pasillos de la mansión, mientras Aurora Bolaños, con sus lamentos 

interminables, convertía cada visita en un tormento. Y ahora esto: Roberto, su nieto, había perdido a su primogénito

La respiración agitada de Anselmo revelaba una ira apenas contenida, sus palabras surgieron como dagas envenenadas

-Esa Anaís es una desgracia, hay que internarla

Los errores del pasado siempre vuelven para atormentarnos, pensó con amargura. Años atrás, Anaís había estado involucrada en el accidente que dejó a Efraín postrado en una silla de ruedas. Ahora, la muerte de su bisnieto pesaba sobre su conciencia. Esta vez, la justicia no se haría esperar

En San Fernando del Sol, la influencia de Anselmo era legendaria. Nadie escapaba de su alcance cuando decidía mover sus fichas. Sin embargo, sus enviados regresaron con una noticia desconcertante: Anaís se había refugiado en la Bahía de las Palmeras, bajo la protección de Efraín

La ironía de la situación no escapaba a nadie. Efraín, el hijo menor de Anselmo, siempre había sido el orgullo de la familia. Un prodigio desde la infancia, incluso después del accidente que lo confinó a una silla de ruedas, había conquistado Wall Street con su brillantez. Era como si una fuerza divina velara por el apellido Lobos, protegiéndolo de la mediocridad

No permitiré que una advenediza destruya todo lo que hemos construido, se prometió Anselmo. Sin embargo, su reputación era demasiado valiosa como para mancharse las manos con un asunto tan mundano. Tras consultar con la familia Villagra, tomó una decisión: internarían a Anaís en un hospital psiquiátrico. Para convencer a Efraín, enviaría a Sofía, quien siempre había mantenido una relación cercana con su hermano

La noticia de que Anaís se había refugiado en la Bahía de las Palmeras encendió la indignación de Sofía. El recuerdo del accidente de dos años atrás permanecía fresco en la memoria 

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Capítulo 128 

colectiva. Durante la ceremonia de graduación de Anaís, por razones que nadie comprendía del todo, Efraín había estado presente. El viaje en su automóvil había terminado en tragedia: mientras Anaís emergió ilesa, Efraín perdió la movilidad de sus piernas

¿Cómo se atreve a buscar refugio con él después de lo que hizo?, se preguntó Sofía mientras se dirigía a la Bahía de las Palmeras aquella mañana. Efraín estaba en el trabajo, y Anaís, cautiva en su propia cobardía, no se atrevía a abandonar la residencia

El timbre resonó en la sala con insistencia. Anaís, sin sospechar la tormenta que la aguardaba, abrió la puerta para encontrarse con una joven cuyo rostro destilaba desprecio

La visitante, cegada por la rabia, alzó su mano con la intención de abofetearla. Anaís, por reflejo, detuvo el golpe

-¿Quién eres? -preguntó Anaís, desconcertada

-¡Fuera de aquí! ¿Quién te dio permiso para estar aquí? ¡Lárgate! -exigió Sofía, temblando de 

ira

Anaís, interpretando erróneamente la situación como un caso de celos románticos hacia Efraín, soltó la mano de Sofía y respondió con fingida dignidad

-Estoy aquí para atender la enfermedad del presidente Lobos

La desfachatez de la respuesta dejó a Sofía estupefacta. Su cuerpo vibró con una furia primitiva mientras se abalanzaba sobre Anaís, derribándola contra el suelo de un empujón

Con movimientos frenéticos, Sofía se apoderó de un jarrón decorativo y lo estrelló contra el rostro de su víctima. Los fragmentos de porcelana se convirtieron en diminutas cuchillas que laceraron la palma de Anaís cuando intentó protegerse del impacto

La respiración entrecortada de Sofía llenaba el ambiente mientras sus ojos ardían con una amenaza latente

-No te acercarás ni un paso más a Efraín, y pagarás por el hijo que llevaba Barbi. Aunque te mate, Anaís, la familia Lobos me respaldará

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