Despertar del Olvido 131

Despertar del Olvido 131

 

Capítulo 131 

El sudor frío empapaba la frente de Juan mientras sus manos se aferraban al volante como garras desesperadas. El rugido del motor resonaba en sus oídos cuando pisó el acelerador a fondo, sintiendo cómo la adrenalina inundaba cada fibra de su ser. El chirrido de los neumáticos contra el asfalto perforó la noche cuando giró bruscamente, pero la maniobra desesperada terminó en un violento impacto contra el guardarraíl. El metal crujió y se retorció, mientras el aire se llenaba con el aroma acre del caucho quemado

A través del parabrisas agrietado, observó con horror cómo el camión continuaba su marcha implacable, desvaneciéndose en la oscuridad como un depredador satisfecho. Sus piernas temblaban cuando logró salir del vehículo, y el aire fresco de la noche no logró calmar el pánico que le atenazaba la garganta.. 

Dios míoBárbara mandó matarme“, pensó mientras sus dedos temblorosos intentaban ajustar la corbata que parecía asfixiarlo. Las palabras de esa enfermeratodo tiene sentido ahora.” 

Una voz aterciopelada cortó el hilo de sus pensamientos atormentados

-¿Se encuentra bien, señor

El sonido de tacones sobre el asfalto anunció la llegada de Anaís, quien había detenido su auto junto al accidente. Su voz, dulce y musical, contrastaba dramáticamente con el tono grave que había empleado esa mañana en el hospital. Juan se quedó paralizado al reconocer en ella a la hermana de Bárbara, sintiendo cómo su estómago se retorcía con una nueva oleada de pánico. -Estoyestoy bien -balbuceó, mientras sus dedos temblorosos ajustaban nerviosamente sus gafas-. Gracias por preguntar

Anaís dirigió su mirada hacia la dirección donde el camión había desaparecido, su rostro teñido de preocupación. 

-Estos camioneros son un peligro en la carretera -comentó, sacudiendo suavemente la cabeza-. Si no hubiera reaccionado tan rápido, esto habría terminado en tragedia. Tiene buenos reflejos

El corazón de Juan latía como un animal enjaulado dentro de su pecho. Las palabras amables de Anaís solo incrementaban su tormento interno

-¿Quiere que lo lleve al hospital? -preguntó ella con genuina preocupación-. Está muy pálido. -No, no es necesario -respondió él, evitando su mirada-. Soy médico

La culpa le carcomía las entrañas. No podía soportar la presencia de Anaís, sabiendo que era una de las víctimas en el turbio asunto del aborto

-Como guste -concedió ella con una sonrisa comprensiva-. Pero quédese aquí hasta que llegue la policía de tránsito. Ese conductor debe responder por sus actos

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La amabilidad en su voz era como una daga que se retorcía en la consciencia de Juan. Cuando Anaís se marchó, el silencio de la noche pareció volverse más denso, más amenazante

Los minutos se arrastraron como horas hasta que llegó la policía. El conductor del camión apareció, y el terror volvió a apoderarse de Juan. Era un hombre intimidante, con músculos que amenazaban con reventar las costuras de su camisa y una mirada depredadora que no se apartaba de él

Juan, un hombre que siempre había seguido las reglas, que solo había cedido ante Bárbara por desesperación, ahora sentía que el mundo se desmoronaba bajo sus pies. Las palabras del oficial de tránsito se perdían en una bruma de pánico, mientras su mente giraba en espiral descendente hacia el terror más primitivo

Al terminar el procedimiento, el sonido de pasos pesados tras él disparó todas sus alarmas. El conductor lo seguía, su presencia amenazante como una sombra de muerte. El pánico se apoderó por completo de Juan, quien prácticamente se arrojó dentro del primer taxi que vio 

pasar

El conductor del camión se quedó inmóvil en la acera, y su máscara de ferocidad se derritió como cera bajo el sol

Anaís emergió de las sombras con una sonrisa satisfecha pintada en sus labios

-Excelente actuación -felicitó al hombre, un actor que había contratado específicamente por su apariencia intimidante. La cicatriz en su rostro y su cabeza rapada completaban 

perfectamente la ilusión de peligro que había buscado crear

-No entiendo por qué se asustó tanto -comentó el actor, rascándose la cabeza con perplejidad

Anaís dejó escapar una risa suave mientras sus ojos seguían la dirección por donde Juan. había huido. Esta noche, estaba segura, el buen doctor no encontraría descanso en su cama

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