Despertar del Olvido 132

Despertar del Olvido 132

 

Capítulo 132 

Los primeros rayos del amanecer se filtraban por la ventana cuando Juan se incorporó de la cama, exhausto tras una noche en vela. Las sombras bajo sus ojos revelaban el tormento que había sufrido, reviviendo una y otra vez los eventos del día anterior. Sus pasos vacilantes lo llevaron hasta el hospital, donde el peso de sus preocupaciones parecía multiplicarse con cada metro que avanzaba por los silenciosos pasillos

Apenas se había acomodado en su escritorio cuando la presencia de Bárbara inundó la habitación. Su porte altivo y la manera en que lo miraba por encima del hombro destilaban un desprecio que hacía que el aire se volviera denso y pesado

-¿Qué no te quedó claro cuando te dije que renunciaras? -Su voz cortante resonó en la pequeña oficina

Juan retrocedió instintivamente, mientras un temblor incontrolable se apoderaba de sus labios. -Señorita Villagra, usted me metió en esto. No puede dejarme así nada más, hay leyes en este país -suplicó con voz entrecortada

La expresión de Bárbara se endureció, sus ojos despectivos fijos en él como los de un depredador evaluando a su presa

-Juan, ya te pagué. Si ahora vienes con estas tonterías, es demasiado tarde. No te conviene hacerme enojar, así que más te vale hacer lo que te digo. ¿O prefieres averiguar qué pasa si no lo haces

Cuando Bárbara abandonó la oficina, Juan se desplomó en su silla. El sudor perlaba su frente mientras su mente reproducía el incidente con el camión. La serpiente del miedo se enroscaba en sus entrañas, susurrándole que la próxima vez podría no tener tanta suerte

No puedo morir así. Tengo que seguir vivo.” 

Una voz familiar interrumpió sus cavilaciones. Era Anaís, de pie frente a la habitación de Bárbara. Su presencia provocó que el rostro de su hermana se contrajera en una mueca de furia

-¡Anaís! -exclamó Bárbara

¿No se suponía que los guardaespaldas de los Villagra la estaban buscando? ¿Cómo se atreve a presentarse así?” 

El rostro de Bárbara se transformó instantáneamente, las lágrimas brotando de sus ojos mientras su expresión se suavizaba en una máscara de vulnerabilidad

-Hermana, ya le supliqué a mamá que no te internara. ¿Por qué vienes aquí a burlarte de ? ¿No te basta con que haya perdido a mi bebé

Anaís giró la cabeza, revelando la presencia de Victoria y Roberto detrás de ella. Victoria avanzó con determinación, su mano alzada para golpear, pero Anaís la detuvo con un 

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Capitulo 132 

movimiento preciso

-Señora Victoria, ¿es que cada vez que nos vemos tiene que intentar abofetearme? -preguntó Anais con calma

Victoria temblaba de rabia, sus hombros sacudiéndose visiblemente

-¡Tienes el descaro de aparecerte aquí

-Yo no hice nada -respondió Anaís con serenidad-. Mi conciencia está tranquila. ¿Por qué no podría venir

Una risa amarga brotó de los labios de Victoria

-¿Conciencia tranquila? ¿Sabes cómo te llama la gente ahora? Cruel, insensible, un mal presagio

Un billete de cien pesos cortó el aire, aterrizando directamente en el rostro de Victoria

-Si tanto me odia, tome estos cien pesos y regrese al momento en que se metió en la cama con Héctor -dijo Anaís con una sonrisa sarcástica-. Y la próxima vez, no olvide cuidarse

Victoria la miró con los ojos desorbitados antes de desvanecerse. Las enfermeras acudieron de inmediato para auxiliarla y trasladarla a una habitación cercana

Anaís bajó la mirada, sus pestañas proyectando diminutas sombras sobre sus mejillas mientras se disponía a marcharse. Roberto se interpuso en su camino

-¿Así le hablas a tu madre

Cuando Anaís levantó el rostro, las lágrimas brillaban en sus ojos

-¿Qué más puedo hacer? Roberto, dime una cosa, ¿de verdad permitirías tener un hijo fuera del 

matrimonio

Se limpió las lágrimas con un gesto delicado

-Aunque te hayas enredado con Bárbara, sigues siendo mi prometido, al menos de nombre. No puedo creer que fueras tan ingenuo como para dejar embarazada a alguien con quien tienes una relación tancomplicada

Roberto, que había estado listo para reprenderla, se quedó sin palabras al ver su vulnerabilidad. Jamás la había visto así; siempre lo había tratado con desprecio, pero ahora parecía una flor marchita necesitada de protección

-Anaís¿qué estás tratando de decir? -murmuró, desconcertado

-¿No lo entiendes? Bárbara nunca estuvo embarazada. Todo fue una farsa que ella misma montó. Pero nadie en la familia Villagra, nadie en San Fernando del Sol quiere creerme. Vine hoy a dejar las cosas claras, porque la verdad siempre sale a la luz. Si quieren internarme en el psiquiátrico, adelante, ya no me voy a resistir

Anaís había cambiado de estrategia. Sabía que enfrentar directamente a alguien como Roberto 

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solo lo haría aferrarse más a sus convicciones, volviéndolo más terco y sombrío. Pero mostrar vulnerabilidad ante él despertaría su instinto protector, su sentido de superioridad masculina

Había elegido ese momento específico para esta confrontación, consciente de que se desarrollaba frente a la oficina de Juan, quien podía escuchar cada palabra. Si Juan quería cambiar su suerte, necesitaría un aliado, y Roberto era el candidato perfecto

Roberto extendió la mano lentamente hacia Anaís, pero se detuvo al ver a Bárbara emerger de la habitación. El rostro de esta última había perdido todo color, y su cuerpo se bamboleaba ligeramente

-Hermana, no entiendo por qué insistes en difamarme así. El rencor te está cegando -susurró 

con voz trémula

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