Despertar del Olvido 14

Despertar del Olvido 14

Capítulo 14 

Anaís contemplaba a Bárbara con una serenidad que desconcertaba. Sus labios se curvaron en una sonrisa sutil antes de pronunciar

-Bárbara, Roberto es algo que yo deseché. No tengo intención de recoger lo que ya tiré. Si tanto te gusta, es todo tuyo

Sin perder un instante, Anaís levantó el brazo para detener un taxi que se acercaba por la avenida. La respuesta, tan directa y desapasionada, sacudió a Bárbara hasta los cimientos

-¡Mira nada más lo que dices! -espetó Bárbara con veneno en la voz-. Después de años persiguiendo a Rober como una desesperada, haciendo el ridículo una y otra vez, ¿ahora pretendes hacerte la digna? Por favor, si está más que claro que él jamás te vio como mujer. ¿Sabías que Rober me dijo, mientras estábamos en la cama, que ni siquiera te ha dado un beso? Hay que ver lo poco atractiva que eres

Anaís, con la mano ya en la manija del taxi, se detuvo un momento. Una sonrisa enigmática se dibujó en su rostro mientras se giraba hacia Bárbara

-Qué curioso que menciones eso -respondió con voz aterciopelada-. Si el atractivo de una mujer se midiera por la cantidad de hombres que la han llevado a la cama, entonces las trabajadoras sexuales serían las reinas de la seducción, ¿no crees? Aunque claro, tal vez solo es cuestión de accesibilidad… 

La insinuación flotó en el aire como un dardo envenenado. El rostro de Bárbara perdió todo color, como si le hubieran arrancado una máscara de un tirón. La habían golpeado justo en su punto más vulnerable

-¡Tú! -rugió Bárbara, alzando la mano para abofetearla

Pero Anaís, con reflejos sorprendentemente ágiles, atrapó su muñeca en el aire. Sus ojos, al encontrarse con los de Bárbara, eran dos pozos profundos de indiferencia. El contraste entre la calma de Anaís y el descontrol de Bárbara era tan marcado como el día y la noche

Soltando la muñeca de Bárbara con un gesto que rozaba el hastío, Anaís murmuró

-Ya te dije que Roberto es tuyo, pero parece que eso no te basta. ¿Será que en realidad ni siquiera te interesa? ¿O es que solo disfrutas arrebatándome lo que me pertenece

El rostro de Bárbara se contrajo en una mueca, sus labios tan apretados que formaban una linea blanca

Sin dignarse a esperar una respuesta, Anaís subió al taxi y le indicó una dirección al conductor. Bárbara permaneció plantada en la acera, temblando de rabia de pies a cabeza

Tiene que estar fingiendo, pensaba Bárbara con furia. Es imposible que no le importe Roberto

Una sonrisa maliciosa se dibujó en su rostro mientras imaginaba a Anaís llorando a solas en algún rincón oscuro, como tantas veces antes

Capitulo 14 

El timbre de su celular interrumpió sus pensamientos

-Barbi, mi amor, ¿dónde andas? ¿Ya vienes en camino? -la voz de Roberto sonaba cálida al otro lado de la línea

Los ojos de Bárbara se humedecieron instantáneamente

-Es que me encontré con mi hermana -respondió con voz temblorosa-. Me dijo algunas cosas, pero no te preocupes, estoy bien. Ya casi llego

-¿Qué te hizo Anaís esta vez? -la preocupación en la voz de Roberto era palpable-. ¿Cómo puede ser tan insensible

-No, Rober, por favor -suplicó Bárbara-. Llegaré en diez minutos. No vayas a discutir con mi hermana, que al final la que sale lastimada soy yo

-Eres demasiado buena, mi amor. Está bien, ven pronto. No dejes que ella te arruine la noche

Una oleada de satisfacción inundó el pecho de Bárbara. Un hombre que veía a Anaís como una molestia la trataba a ella como a una reina. Esa diferencia abismal la hacía sentir superior, poderosa

Sigue fingiendo, Anaís, pensó con malicia. Ya veremos si encuentras consuelo cuando ni siquiera te queden lágrimas

Anaís llegó a su destino. Entre todas las residencias lujosas del área, una se alzaba majestuosa y solitaria, rodeada por un jardín que se extendía por varios miles de metros cuadrados. La propiedad, aislada del resto por su ubicación privilegiada, emanaba un aire de distinción incomparable

De pie frente a la imponente reja de hierro forjado, Anaís sostenía su currículum con firmeza. Una certeza se había instalado en su mente: el rechazo sistemático de sus solicitudes en el Grupo Lobos tenía que ser obra de Lucas, quizás siguiendo órdenes directas. Aunque dudaba que Efraín, con su posición, se rebajara a tales artimañas

Las horas se deslizaron como granos de arena en un reloj. Cuatro horas permaneció allí, inmóvil, determinada. Cuando el reloj marcó las diez de la noche, el ronroneo de un motor rompió el silencio. Los faros del automóvil de Efraín cortaron la oscuridad

Los ojos de Anaís brillaron con renovada energía. Ignorando esa inquietud instintiva que él siempre le provocaba, se acercó al vehículo

-¡Chirrido

El auto se detuvo frente a ella. La ventanilla descendió con un zumbido suave

-Señor Lobos -saludó ella

Efrain permanecía sentado junto a la ventana, su presencia tan distante como una estrella lejana

18:37

Capitulo 14 

-¿Qué sucede? -su voz era un témpano

-Hoy envié diez currículums al Grupo Lobos -respondió ella con voz clara y decidida-. Todos fueron rechazados

Su mirada transmitía una honestidad descarnada mientras continuaba

-Estoy segura de que cumplo con todos los requisitos de contratación. Me tomé la libertad de revisar el programa de licitaciones próximas del Grupo, y noté el proyecto conjunto con el gobierno en Las Colinas, el Proyecto Manzana Compartida. Preparé este plan en unas horas -extendió las hojas con decisión-. Me gustaría supervisar personalmente el proyecto en Las Colinas, señor Lobos. ¿Podría darle una oportunidad a mi propuesta

Proyectos como Manzana Compartida eran conocidos por ser especialmente desafiantes y poco gratificantes. Su principal valor residía en el prestigio que otorgaban a la empresa, pavimentando el camino para futuras colaboraciones gubernamentales más lucrativas. Las Colinas, con su reputación de zona remota y empobrecida, requería un compromiso especial de quien asumiera el proyecto

La luz de la luna arrancaba destellos plateados del cabello de Anaís mientras permanecía de pie junto al auto, su figura ligeramente inclinada hacia la ventanilla. Sus ojos brillaban con una determinación que pocas personas podían ignorar

Efraín desvió la mirada, como si el resplandor de esa determinación fuera demasiado intenso. Tragó saliva, y después de una pausa que pareció eterna, murmuró

-Por él, has cambiado mucho esta vez

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