Despertar del Olvido 143

Despertar del Olvido 143

Capítulo 143 

La noche se extendía como un manto de terciopelo sobre la habitación. En la penumbra, solo el suave resplandor de la lámpara de noche iluminaba las siluetas de Efraín y Anaís. Él 

permanecía recostado en la cama, absorto en su lectura, mientras ella se retorcía sutilmente, incapaz de encontrar una posición que aliviara el dolor persistente de sus heridas. El silencio entre ambos vibraba con una extraña intimidad, solo interrumpido por el ocasional roce de las páginas al pasar

Anaís observó con disimulo cómo Efraín se sumergía en su libro. Sus ojos, atentos a los pequeños gestos que delataban su incomodidad al moverse, notaron la rigidez en sus movimientos

-Presidente Lobos, he notado que últimamente camina con más dificultad. ¿Le gustaría que le diera un masaje en las piernas? 

-Está bien

La respuesta escueta de Efraín fue suficiente para que Anaís se acercara, agradecida por tener algo en qué ocupar su mente además del dolor punzante de sus propias heridas. Sus dedos apenas rozaron la tela del pantalón cuando una voz femenina atravesó el silencio desde el pasillo

-¿Efraín? ¿Estás despierto

El timbre inconfundible de Sofía provocó que Anaís retirara su mano como si hubiera tocado brasas ardientes. Se incorporó de un salto, escaneando la habitación en busca de un escondite. Los rumores sobre la posesividad de Sofía hacia Efraín no eran un secreto entre el personal de Bahía de las Palmeras, donde la mujer entraba y salía a su antojo, privilegio que pocas gozaban

En medio de su pánico, sintió el firme agarre de Efraín en su muñeca. Intentó liberarse por instinto, pero solo consiguió que el dolor de sus heridas se intensificara

-Tranquila -murmuró él con una suavidad inusual en su voz

Anaís exhaló el aire que contenía y volvió a sentarse, consciente de lo exagerada que había 

sido su reacción

-¿Efraín? insistió Sofía desde el otro lado de la puerta, su voz teñida de ansiedad

Efraín pasó otra página de su libro con estudiada calma y respondió

-¿Qué pasa

-Me precipité demasiado -la voz de Sofía adoptó un tono suplicante-. No debí actuar así en Bahía de las Palmeras. Por favor, no te enojes, ¿? Hace mucho que no te veo

Qué noche tan peculiar, pensó Anaís mientras escuchaba la voz de Sofía volverse más lastimera con cada palabra

14:25 

Capitulo 143 

-Además, todo mundo sabe que Anaís es una mujer malvada, y aun así la trajiste aquí. Aunque entiendo que lo hiciste por mi hermano, esa mujer no merece estar en este lugar. No quiero que lo manche. Efraín, no te enojes, por favor, te traje un regalo

Las palabras se clavaron en Anaís como pequeñas agujas. La ironía de la situación no se le escapaba: la mujer que Sofía tanto despreciaba estaba justo ahí, en la habitación de Efraín. Un suspiro involuntario escapó de sus labios

-¿Qué pasa? -preguntó Efraín en voz baja

Anaís bajó la mirada, sintiendo un repentino rubor en sus mejillas

-Me preguntaba cuándo el presidente Lobos encontrará novia -las palabras brotaron antes de que pudiera contenerlas-. No, es decirsolo pienso que ella depende demasiado de usted. Tal vez cuando se case, ella mejore

Mientras hablaba, comenzó a rascarse el cuello distraídamente. Efraín volvió a sujetarle la muñeca con gentileza

-No te rasques, tienes una herida

-¿Ah? Oh, , claro retiró su mano con rapidez, como si el contacto con la piel de Efraín 

quemara. 

-¿Tanto te interesa saber cuándo conseguiré novia? -preguntó él, con un matiz indescifrable 

en su voz

-No, no es eso se apresuró a aclarar-. Solo tengo curiosidad

Apenas terminó de hablar, Efraín liberó su mano y regresó su atención al libro. El silencio volvió a instalarse entre ellos, solo para ser interrumpido nuevamente por los golpes en la puerta

-Efraín, te traje un regalo. ¿Puedes abrir la puerta? -la voz de Sofía sonaba ahora más cautelosa

Él se frotó las sienes con cansancio, dejó el libro a un lado y se levantó para atender la puerta. Anaís observó con curiosidad cómo se ajustaba la pijama, cubriendo su pecho con un cuidado que no había mostrado en su presencia. Una revelación súbita la sorprendió: ¿acaso Efraín se preocupaba por que Sofía lo viera así? ¿Y por qué con ella no había mostrado el mismo 

recato

Mientras Efraín entreabría la puerta, apenas lo suficiente para hablar con Sofía, Anaís se quedó inmóvil, sumida en sus pensamientos. Había algo en toda esta situación que no terminaba de encajar, como una nota discordante en una melodía familiar

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