Capítulo 154
El ruido de sus tacones contra el suelo resonaba con cada paso mientras Anaís se dirigía hacia la oficina ejecutiva. Los últimos rayos del sol matutino se filtraban por los ventanales del edificio corporativo, iluminando el moderno espacio de trabajo. Al doblar el pasillo que conducía al último piso, una figura familiar apareció frente a ella, deteniendo su andar en seco. La sangre abandonó el rostro de Sofía al reconocerla. Sus ojos se dilataron con una mezcla de sorpresa e indignación, mientras su boca se abría y cerraba como si le faltara el aire.
-¡Anaís! -El nombre brotó de sus labios como una acusación.
Con pasos agresivos, Sofía acortó la distancia entre ambas. Su mano se elevó en el aire, temblando con la intención contenida de una bofetada que nunca llegó. En su lugar, las palabras brotaron cargadas de desprecio.
-¿Qué demonios haces aquí? -Sus labios se curvaron en una mueca de desprecio-. Ah, ya veo… vienes a fastidiar a mi hermano otra vez, ¿no? ¡Qué poca vergüenza tienes! ¿Que no sabes que está por casarse?
Su voz retumbó por todo el piso, atrayendo miradas curiosas desde las oficinas cercanas. Las conversaciones se detuvieron y el tecleo de las computadoras cesó, mientras los empleados se convertían en testigos silenciosos del encuentro.
Anaís frunció el ceño, preparándose para responder, cuando una tercera presencia se materializó junto a ellas. Lucas se acercó con paso decidido, su expresión perfectamente
compuesta.
-Señorita Lobos -su voz destilaba una cortesía que rozaba la adulación-, pase por favor. El presidente está disponible para atenderla.
El rostro de Sofía se transformó al instante, iluminándose con una sonrisa radiante. Sin dedicarle una segunda mirada a Anaís, se apresuró hacia la oficina presidencial, cerrando la puerta tras de sí con un golpe triunfal.
Lucas observó su partida con satisfacción apenas disimulada. Cuando su mirada se posó en Anaís, el cambio fue dramático: un gesto frío y distante, apenas un asentimiento seco antes de retirarse. El contraste en su trato era tan evidente que resultaba casi cómico.
“Qué predecible“, pensó Anaís, ignorando la punzada de irritación que le provocaba la situación. Se dirigió a su escritorio y comenzó a ordenar una pila de documentos que requerían atención inmediata. Después de asegurarse que todo estuviera en orden, se levantó y caminó hacia la oficina presidencial. Sus nudillos golpearon suavemente la puerta.
-Adelante–respondió una voz desde el interior.
La escena que encontró parecía sacada de una reunión familiar. Efraín ocupaba su imponente silla ejecutiva, rodeado por una variedad de dulces finos que sin duda eran cortesía de Sofía.
Capitulo 154
Esta última parloteaba animadamente, como un colibrí revoloteando alrededor de una flor.
-Efraín, ¡no te imaginas! -Sus ojos brillaban con emoción mientras relataba-. En ese momento, ¡paf!, le di tremenda cachetada a esa tipa que me estaba difamando. ¿Te acuerdas de que me dijiste que si necesitaba defenderme, no me detuviera? Que tú te encargarías de todo después.
Efraín, sosteniendo una pluma entre sus dedos, hizo una pausa en su escritura y asintió con indulgencia.
-Sí, muy valiente de tu parte.
Sofía intentó acercarse más, pero la presencia de Anaís la hizo detenerse. Una sombra de desprecio cruzó su rostro.
-¿Otra vez tú por aquí?
Anaís la ignoró por completo. Se acercó al escritorio y colocó los documentos frente a Efraín, señalando un punto específico con su dedo.
-Presidente Lobos, necesito que revise esta sección. Los inversionistas esperan que…
$
-Anaís -la voz de Sofía cortó el aire como un látigo-, ¿no ves que estoy en medio de una conversación con Efraín? ¿Te molestaría esperar?
Anaís mantuvo la compostura, pero antes de que pudiera responder, Efraín empujó los documentos hacia un lado con un gesto displicente.
-Regresa más tarde -su tono era tan distante como el de un extraño.
Anaís permaneció inmóvil por un momento, procesando la situación. Con movimientos pausados, recogió los documentos, manteniendo su profesionalismo intacto.
-Como usted diga.
Al girar para retirarse, la voz entusiasta de Sofía la persiguió hasta el pasillo.
iy
-Efraín, ¡y luego amenazó con llamar a la policía! Pero ya sabes cómo terminó todo: llamé a Lucas y terminaron pidiéndome disculpas.
“En otro contexto“, reflexionó Anaís, “esta escena podría parecer entrañable“. Si uno ignoraba la adoración casi obsesiva en los ojos de Sofía, la imagen proyectaba una calidez familiar que resultaba casi convincente.
De vuelta en su escritorio, una sensación indefinible se instaló en su pecho. Decidió prepararse un café en la sala de bebidas, donde las voces de algunos compañeros llegaron hasta ella.
-¿Han notado lo cercanos que son la señorita Lobos y el presidente?
-La vez pasada alguien insinuó que estaba enamorada del presidente, y ella le soltó tremenda bofetada. Dijo algo así como que era un sapo queriendo comerse a un cisne.
-El presidente la tiene muy consentida. Dicen que en la escuela hasta le puso guardaespaldas
Capitulo 154
personales.
-Bueno, son familia Lobos, ¿no? Es normal, como un abuelo cuidando a su nieta…
-Te equivocas -interrumpió otro en voz baja-. Escuché algo interesante en un antro. La misma señorita Lobos lo mencionó cuando andaba algo pasada de copas: es adoptada, no tiene sangre Lobos.
Anaís dio un sorbo a su café recién preparado y, con naturalidad, llamó a la puerta. Los chismosos dentro de la sala se sobresaltaron visiblemente, pero al reconocerla, soltaron un suspiro de alivio e incluso la invitaron a unirse a la conversación.
15311