Despertar del Olvido 158

Despertar del Olvido 158

Capítulo 158 

La silueta de Anaís se perdió entre la multitud mientras se apresuraba tras Efraín, dejando tras de un Roberto transformado. Su rostro, antes sereno, se había ensombrecido como un cielo antes de la tormenta, sus ojos clavados en el punto donde ella había desaparecido

Raúl, sentado frente a él, se quedó incómodo ante el cambio repentino en su amigo

-Oye Rober, ¿qué te pasa? -preguntó, girándose para mirar en la misma dirección que su amigo. La curiosidad lo carcomía-. A ver, ¿no se te hace raro? Antes Anaís ni siquiera soportaba estar cerca de Efraín, y ahora anda tras él como si nada. Siempre decía que lo detestaba. Y además, ¿que no tiene un hijo Efraín? Él… 

Roberto lo interrumpió con una mirada de asombro

-¿De dónde sacaste eso

-Pues Anaís me lo dijo -respondió Raúl, rascándose la cabeza con aire pensativo

¿Anaís lo dijo?La pregunta resonó en la mente de Roberto. ¿En qué momento había ocurrido esa conversación

-Es que no lo entiendo -continuó Raúl-. Antes, con solo verlo buscaba dónde esconderse. Una vez le pregunté y me dijo que Efraín le daba pavor

Los dedos de Roberto tamborilearon sobre la mesa mientras una idea tomaba forma en su 

mente

-Tal vezlo de su amnesia sea verdad -murmuró con una calma inquietante

-¿Qué? -Raúl apretó los labios, procesando la información. ¿crees? Digo, ya sabes que antes fingió varias veces. Todos pensamos que esta vez era igual. Aunqueexplicaría por qué 

está tan diferente

La ansiedad comenzó a trepar por su garganta mientras las implicaciones se volvían claras

-Si de verdad perdió la memoria, no podemos dejar que se acerque tanto a Efraín -soltó Raúl con urgencia-. Cuando recupere sus recuerdos va a querer que se la trague la tierra, ya sabes cómo es. ¿Qué hacemos, Rober

En ese momento, la certeza golpeó a Roberto como una revelación: Anaís verdaderamente había perdido la memoria. Una chispa de esperanza prendió en su pecho, pequeña pero persistente. Si había olvidado todo, esa era la razón por la que ya no lo miraba como antes. Cuando recuperara sus recuerdos, volvería a ser la misma que lo seguía con ojos de adoración. Su corazón se aceleró ante la posibilidad, sus dedos cerrándose en un puño involuntario

-¡Por favor, piensa en algo! -la voz de Raúl interrumpió sus pensamientos-. ¿Y si se enamora de Efraín? ¡No puede ser! No quiero a alguien como él de cuñado. Con una sola mirada suya tengo pesadillas durante días

15:320 

Un escalofrío recorrió su espalda con solo pensarlo

-¡Rober! ¡Rober! -insistió Raúl, esperando que su amigo tomara acción, aunque técnicamente, como futuro esposo de Bárbara, no debería meterse en asuntos de Anaís

-Voy a hacer que recuerde, Raúl -declaró Roberto con determinación-. ¿O acaso te gusta que te trate con esta frialdad? ¿No has notado que ahora parece que nadie le importa

Raúl sintió una punzada en el pecho, pero intentó mantener la compostura

-No me importa -masculló

-¿Ah, no? Pero si la otra vez me contaste que te dio una cachetada por defender a un desconocido. La Anaís de antes jamás habría hecho eso

Raúl se sobresaltó como si le hubieran tocado una herida

-Es que no sabía que su amnesia era real -admitió. La Anaís de antes nunca me habría tratado así. Me preparaba de comer, me hablaba con cariñoBueno, también se enojaba, pero si la contentaba, volvía a ser la misma de siempre

Con cada palabra, su voz se teñía más de resentimiento

Roberto aprovechó el momento

-Entonces ayúdame a que recupere sus recuerdos y vuelva a ser la Anaís que conocemos

Raúl no pudo evitar pensar que la Anaís actual brillaba con luz propia, de una manera diferente pero igualmente intensa. Tras un momento de duda, asintió lentamente

El silencio dentro del auto pesaba como plomo. Anaís permanecía inmóvil, consciente de la tensión que emanaba de Efraín como ondas invisibles. Sabía que era un adicto al trabajo, el tipo de jefe que exigía perfección absoluta de sus empleados

Pero esto parecía diferente. Más personal

¿Por qué está tan molesto?Los minutos se arrastraban mientras reunía el valor para hablar

— 

Presidente Lobos, que llegué tarde -se aventuró a decir-. Si quiere, puede descontarmelo del sueldo, pero no se enoje tanto

Efraín levantó la mirada de sus documentos, sus ojos oscuros clavándose en ella con intensidad

-¡Terca! -espetó

-Sí, , soy una terca -se apresuró a conceder Anaís-. De verdad, presidente Lobos, no se enoje. Si hay algún problema, me lo descuenta y ya

Efraín pareció querer decir algo más, pero se limitó a regresar su atención a los documentos sobre sus piernas. Sus manos, largas y elegantes, se tensaron sobre el papel

15:32

Capitulo 158 

Anaís tuvo la inquietante sensación de que, de alguna manera, sus palabras solo habían empeorado las cosas

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