Despertar del Olvido 159

Despertar del Olvido 159

Capítulo 159 

El murmullo de las conversaciones en el vestíbulo del hotel se mezclaba con el suave ronroneo del aire acondicionado. Anaís empujaba la silla de ruedas de Efraín, mientras la tensión entre ellos permanecía tan densa como la humedad de un día de verano. Sus dedos se aferraban con más fuerza de la necesaria al manillar de la silla, traicionando su inquietud

La figura alta y distinguida de Héctor Villagra apareció en el umbral del hotel, como una aparición inoportuna. Sus zapatos italianos resonaban contra el piso mientras se acercaba con paso decidido

-¿Anaís? -la voz de Héctor atravesó el vestíbulo

¿Es que no puedo dar dos pasos sin toparme con alguien de los Villagra?” 

A pesar de que los años habían dejado su huella en el rostro de Héctor, su porte aristocrático permanecía intacto. Se dirigió hacia Efraín con una deferencia que rozaba lo servil

-Presidente Lobos, qué gusto verlo después de tanto tiempo

Efraín apenas levantó la mirada para reconocer su presencia

-Ajá respondió con ese laconismo que lo caracterizaba

Héctor se acercó a Anaís y le dio unas palmadas en el brazo, esbozando una sonrisa que pretendía ser paternal

-Me tranquiliza saber que Anaís trabaja en el Grupo Lobos. El presidente Lobos es un hombre que valora el talento por encima de todo; no es alguien que se deje llevar por el pasado de las personas. Estoy seguro de que bajo su tutela, Anaís tendrá un gran desarrollo profesional. Le agradezco de antemano

Este mensaje no es para , pensó Anaís, captando la sutileza en las palabras de Héctor. Era una manera elegante de decirle a Efraín que olvidara el incidente que lo había dejado en silla de ruedas. Su estómago se revolvió ante ese recordatorio constante de una culpa que ni siquiera podía recordar

-No quiero interrumpir su reunión, presidente Lobos -Héctor hizo una pausa y volvió a dirigirse a Anais, dándole otra palmada en el hombro-. Sigue esforzándote con el presidente Lobos, Cuando demuestres más madurez, consideraré darte participación en las decisiones de la empresa. Ya es hora de que crezcas, Anaís

¿Por qué sus palabras suenan tan vacías?Anaís observó a su padre, ese hombre que desde su despertar solo había mostrado silencio o críticas, siempre mirándola con esos ojos cargados de decepción y dolor. Una parte de ella comprendía que, si realmente había sido tan problemática como todos insinuaban, su actitud tenía sentido. Pero sin memorias que respaldaran esa historia, solo podía sentir un vago desasosiego

El salón privado los recibió con su elegante sobriedad. Uno de los socios, al reconocer a Anaís, frunció el ceño momentáneamente, pero su educación le impidió hacer comentarios. Se limitó 

Capítulo 159 

a estrechar la mano de Efraín con deferencia

-Presidente Lobos, cuánto tiempo sin verlo

La presencia de Efraín dominaba el espacio. Aun confinado a una silla de ruedas, su aura comandaba respeto, provocando que todos se inclinaran sutilmente ante él. Con un leve asentimiento, ajustó la posición de su silla y dio inicio formal a la reunión

Conforme avanzaba la tarde y el licor fluía, el socio, un hombre de mediana edad con un traje que apenas contenía su prominente abdomen, comenzó a dirigir miradas cada vez más insistentes hacia Anaís. El ambiente se tornó pesado, como el aire antes de una tormenta

-La señorita Anaís parece más sosegada en esta ocasión -comentó el hombre, con una sonrisa que no alcanzaba sus ojos

Ante la expresión confundida de Anaís, continuó

-Tuve el placer de conocerte hace aproximadamente seis años, en este mismo hotel. Apareciste de repente y-hizo una pausa dramática-, le propinaste una bofetada al presidente Lobos. Tu rostro estaba transformado por la ira

La bebida que Anaís estaba tomando se dispersó en un rocío fino sobre la mesa. Sus ojos se abrieron con incredulidad

-¿Qué? -balbuceó, sintiendo que el mundo se tambaleaba bajo sus pies

Una mano le extendió una servilleta; la tomó automáticamente, limpiándose los labios con manos temblorosas

-¿No estará confundido? -su voz sonaba débil, incluso para ella misma

El socio, percibiendo su genuino desconcierto, retrocedió en sus palabras

-Oh, disculpeme, seguramente estoy equivocado. Nadie se atrevería a agredir al presidente Lobos

¿De verdad hice algo así?El corazón de Anaís latía desbocado mientras su mente intentaba desesperadamente asir algún recuerdo, alguna imagen que confirmara o desmintiera esa historia. Pero su memoria permanecía tan vacía como un lienzo en blanco

Giró la cabeza para mirar a Efraín. Él mantenía la mirada baja, sus largas pestañas proyectando sombras sobre sus pómulos, perdido en pensamientos que ella no podía descifrar

-¡No, imposible! -se apresuró a decir Anaís, con una risa nerviosa-. Jamás me atrevería a hacer algo así, Por favor, no bromee con eso. Soy una empleada del presidente Lobos; si él me dice que vaya al este, no me atrevería ni a mirar al oeste

El socio, consciente de su indiscreción etílica, desvió hábilmente la conversación hacia temas más seguros. Poco a poco, el ambiente recuperó su ligereza inicial, pero mientras más tranquilo parecía Efraín, más inquieta se sentía Anaís

*¿Quién era yo antes?La pregunta resonaba en su mente mientras intentaba forzar recuerdos 

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Capitulo 159 

que se negaban a emerger. Su amnesia era como un muro impenetrable, y cada nuevo descubrimiento sobre su pasado solo servía para hacerla sentir más perdida en su propio 

presente. 

NO 

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