Capítulo 16
La risa quería brotar de los labios de Anaís, pero la contuvo, optando por el silencio mientras intentaba esquivar su presencia.
Roberto, en un arranque de posesividad, la sujetó del brazo con brusquedad y la empujó contra la pared. Sus dedos se clavaban en su piel como garras.
-¿O será que intentas meterte entre Bárbara y yo? -su voz destilaba veneno.
La palma de Anaís ardía, palpitando con el deseo imperioso de estamparse contra su rostro.
El suave deslizar de las puertas del ascensor ejecutivo rompió la tensión del momento. La figura de Efraín emergió, imponente a pesar de la silla de ruedas que lo transportaba. Su traje oscuro, impecablemente cortado, acentuaba su presencia dominante. Su rostro, tallado con rasgos perfectos, transformaba el ambiente a su alrededor, como si la misma luz se doblegara ante su presencia. Sus ojos, profundos y penetrantes, parecían absorber toda calidez del
entorno.
La proximidad entre Anaís y Roberto dibujaba un cuadro equívoco. Justo cuando ella intentaba liberarse de su agarre, la voz de Efraín cortó el aire.
-Artículo noventa y ocho del manual del empleado: prohibido el romance en la oficina.
Un escalofrío serpenteó por la columna de Anaís, consciente de lo comprometedor de la
situación.
-Primo–intervino Roberto, su voz teñida de falsa preocupación-, Anaís está haciendo uno de sus berrinches. Ya la tranquilizaré, después de todo es mi prometida. No puedo ignorarla cuando vino al Grupo Lobos persiguiéndome. Desde niña siempre ha detestado las labores domésticas, y carece por completo de talento para los negocios. Este no es su lugar.
La repugnancia se arremolinó en el estómago de Anaís. Este hombre no la consideraba su prometida cuando se revolcaba con Bárbara entre las sábanas.
“Necesito romper este compromiso cuanto antes“, pensó con determinación. “Cada minuto que pasa me produce más asco“.
Sus ojos buscaron los de Efraín, ansiosos por explicar, pero al encontrarse con su mirada, sintió que el tiempo se detenía. La intensidad magnética de sus ojos la atravesaba como una descarga eléctrica, oprimiendo su corazón con una fuerza invisible.
La presencia de Efraín era tan abrumadora que todos los presentes bajaron la mirada instintivamente, como si una fuerza invisible los obligara a inclinarse.
Roberto palideció visiblemente, su brazo alrededor de Anaís temblaba de manera perceptible.
“Vaya cobarde“, pensó Anaís con desprecio.
Efraín maniobró su silla hacia otro corredor. Con su partida, el aire pareció recuperar su ligereza natural.
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Capítulo 16
Roberto exhaló audiblemente, su alivio era palpable.
-Efraín acaba de regresar al país, no ha estado en la oficina estos días. ¿Por qué habrá venido hoy?
Anaís lo apartó con un empujón decidido.
-Roberto, ¿no querías romper el compromiso? ¿Cuándo nos sentamos con nuestros padres para terminar con esto de una vez?
La incredulidad transformó el rostro de Roberto. Jamás había imaginado escuchar esas palabras de los labios de Anaís. El desprecio en su voz lo golpeó como una bofetada.
Un pánico irracional se apoderó de él. Sus dedos se cerraron alrededor del cuello de Anaís.
-¿Qué dijiste? ¡Atrévete a repetirlo!
La arrogancia de quien ha crecido en la familia Lobos, acostumbrado a obtener todo lo que desea, se manifestaba en cada uno de sus gestos. La belleza de Anaís y su persecución incansable durante cinco años le resultaban tediosas, pero la idea de ser rechazado era
intolerable.
-Anaís, debo admitir que esta táctica tuya ha captado mi atención. ¿Intentas provocarme porque no te presto atención? Solo yo puedo romper el compromiso, tú ni lo sueñes. No olvides que cuando quise terminarlo, te lanzaste del puente. Si no fuera por eso, ya no tendríamos nada que ver.
La presión en su cuello aumentaba, tiñendo su rostro de un tono escarlata.
-Cenemos juntos esta noche, y deja de causar problemas.
Las palabras apenas habían abandonado sus labios cuando Anaís le propinó una patada certera en su punto más vulnerable.
Roberto se desplomó, doblado por el dolor, su frente perlada de sudor.
Con movimientos precisos, Anaís intentó arreglar su ropa, un conjunto de calidad mediocre comprado apresuradamente en línea. El forcejeo con Roberto había dejado arrugas evidentes en la tela, y un botón pendía precariamente de su hilo. Su aspecto sugería una escena comprometedora.
-No te preocupes, Roberto, tu presencia me revuelve el estómago. Mejor ve con tu Barbi, porque hablo muy en serio sobre romper nuestro compromiso. En cuanto pueda, se lo comunicaré a mi familia. Estoy segura de que estarán de acuerdo.
“Después de todo“, pensó con amargura, “la familia Villagra siempre ha preferido a Bárbara“.
-¡No te atrevas! -rugió Roberto.
“¿Por qué no habría de atreverme?”
Una punzada de amargura atravesó el corazón de Anaís. Suspiró profundamente, reconociendo que quizás antes había amado genuinamente a Roberto, pero desde su pérdida de memoria, se
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Capitulo 16
preguntaba cómo había estado tan ciega.
Sus pasos la llevaron hacia el otro extremo del pasillo, deseando familiarizarse con esa sección del edificio. Al doblar la esquina, se encontró nuevamente con la presencia imponente de Efraín.
La mirada penetrante de Efraín recorrió su figura, deteniéndose en su ropa desarreglada y en las marcas rojizas que decoraban su piel, vestigios del forcejeo anterior. Sin embargo, esas marcas no sugerían violencia sino algo más íntimo, más personal.
Sus ojos se estrecharon al contemplarla.
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