Capítulo 163
Las pesquisas en el hotel resultaron infructuosas. Sin rastro de las grabaciones de seguridad, Roberto no tuvo más remedio que emprender el regreso a casa. El olor a tabaco impregnaba el interior de su automóvil mientras consumía un cigarrillo tras otro, postergando el inevitable retorno a su hogar, donde los problemas se multiplicaban como una plaga sin control.
Aurora, su madre, había convertido sus visitas a la villa familiar en un ritual de quejas interminables que erosionaban la paciencia del patriarca. Mientras tanto, su padre, Benjamín, brillaba por su ausencia desde que su infidelidad salió a la luz, como una mancha imposible de lavar.
El murmullo de una discusión acalorada lo recibió apenas cruzó el umbral. La voz de Aurora reverberaba por toda la casa, destilando veneno en cada palabra dirigida a su hermana Jimena.
-¡Jimena, ni se te ocurra! ¿De verdad piensas que por haberte acostado con él vas a significar algo? Te lo digo claramente: me confesó que eres como un costal de papas en la cama, ¡sin una pizca de pasión! Se acabó, ¿me oyes? De ahora en adelante somos enemigas.
La respuesta de Jimena por el teléfono provocó que Aurora, presa de un arrebato de furia, barriera con el brazo todo lo que había sobre la mesa. El estrépito de objetos rompiéndose contra el suelo acompañó su arranque de ira.
Los acontecimientos recientes habían despojado a Aurora de su cuidadosamente cultivada imagen de esposa ejemplar. La máscara de perfección se había resquebrajado, revelando las grietas que siempre habían estado ahí. Ahora, cada salida se convertía en un suplicio: las miradas y los cuchicheos la perseguían como sombras, todos al tanto de la traición de su esposo con su propia hermana.
Jimena, sin un ápice de remordimiento, había documentado meticulosamente su encuentro con Benjamín. Videos y fotografías se habían convertido en su arsenal de extorsión, un negocio lucrativo que Benjamín alimentaba con transferencias regulares para mantener su reputación a salvo. El patriarca ya había manifestado su furia en dos ocasiones, arrojando objetos contra su hijo, quien prefería seguir pagando antes que ver esas imágenes circular por
la ciudad.
La codicia de Jimena crecía con cada depósito. El primer millón de pesos había sido solo el aperitivo, y su ambición se expandía como una mancha de aceite. En su mente, el plan magistral de Anais le había abierto las puertas a una fortuna inesperada, pero ahora aspiraba a más: quería usurpar el lugar de Aurora. El material comprometedor en su poder la hacía sentirse intocable, dispuesta incluso a provocar un escándalo que los arrastraría a todos al
abismo,
Aurora, todavía vibrando de rabia por la conversación, alzó la vista y se encontró con la presencia de su hijo. Sus manos volaron instintivamente a su cabello, intentando recomponer su imagen.
Roberto, mi amor, ¿qué haces en casa tan temprano?
15.33
Captulo 163
La mirada de Roberto recorrió el caos que reinaba en la sala. Aurora, interpretando su gesto, llamó apresuradamente al servicio doméstico mientras sus ojos se humedecían.
-Qué bueno que llegaste. Tengo que contarte algo terrible -su voz se quebró-. Tu tío… Lo encontraron en un albergue para indigentes, casi sin vida. Está en terapia intensiva desde esta mañana. Los médicos dicen que… aunque sobreviva, quedará en estado vegetativo.
La noticia golpeó a Roberto como una descarga eléctrica. -¿Cómo pasó esto? ¿Tienen idea de quién fue?
Aurora negó con la cabeza, las lágrimas corriendo libremente por sus mejillas. -No sabemos nada. Tus abuelos están destrozados. Él es su único hijo varón.
El peso de tantas revelaciones en una sola noche se acumulaba sobre los hombros de Roberto. Se incorporó, anhelando el refugio del sueño.
-Mamá, pondré a mi equipo a investigar. Iré a ver a mi tío pronto, pero trata de no angustiarte tanto por él. Sabes que en San Fernando del Sol tiene una larga lista de enemigos.
Aurora siempre había ejercido de escudo protector para su hermano Víctor, justificando cada una de sus acciones. Pero esta vez, su imprudencia había cobrado un precio demasiado alto.