Despertar del Olvido 165

Despertar del Olvido 165

Capítulo 165 

Sofía parpadeó varias veces, sus ojos irritados por las lágrimas contenidas mientras intentaba ordenar sus recuerdos. Roberto, al soltar su muñeca, esbozó una sonrisa vacía que no alcanzó sus ojos

-Ya, no es nada. Puedes retirarte

La delicada piel de Sofía mostraba la huella rojiza del agarre, pulsando con un dolor que amenazaba con quebrar su compostura. Sus labios temblaron al hablar

-Oye, ¿qué te está pasando? Ya no te reconozco -murmuró, y descendió las escaleras con pasos apresurados, dejando tras de el eco de su indignación

Al regresar a su habitación, Roberto tomó su celular y marcó el número de uno de los socios presentes en la reunión de esa noche. La voz adormilada que respondió apenas se distinguía entre el susurro de las sábanas

-¿Señor Lobos

-Disculpa la hora. Necesito confirmar algo. ¿A qué hora terminó la cena donde estuvieron Anaís y Efraín

Una pausa, el sonido de alguien incorporándose

-Debe haber sido como a las siete. Aunque, si me permite comentarlo, me pareció curioso ver a la señorita Anaís compartiendo espacio con el presidente Lobos. No es común, ¿verdad

Un bostezo interrumpió sus palabras antes de añadir

-Pero bueno, son asuntos internos del Grupo Lobos. No me corresponde opinar

Roberto terminó la llamada sin más ceremonia, su mente procesando la información con meticulosa precisión. Las piezas comenzaban a encajar: la cena había concluido después de las siete, pero Anaís no abandonó el hotel hasta pasadas las nueve. Efraín, por su parte, debería haber acudido directamente a su compromiso con Sofía, pero llegó con un retraso inexplicable y apenas probó bocado. Y luego, ese encuentro casual con Anaís

La verdad siempre encuentra su camino a la superficie, pensó Roberto, mientras un músculo pulsaba en su mandíbula. La marca en el cuello de Anaís, que ella había atribuido a un mosquito durante su estancia en Bahía de las Palmeras, adquiría ahora un significado más 

oscuro

La conclusión era inevitable: entre Anaís y Efraín existía algo más que una relación casual

Una furia primitiva se agitó en su interior, demandando acción inmediata. Sin pensarlo dos veces, descendió las escaleras y se dirigió a su auto, rumbo al único lugar donde sabía que 

encontraría a Anaís

El timbre resonaba con insistencia en el apartamento de Anaís, quien se agitaba inquieta bajo 

las sábanas

15:33 

¿Quién viene a esta hora? Tienen que estar bromeando, murmuró mientras se cubría los oídos con la almohada

Optó por ignorar la intrusión, colocándose unos auriculares para aislarse del ruido. Pero Roberto, consumido por la necesidad de verla, comenzó a golpear la puerta cuando el timbre dejó de ser efectivo

La puerta del apartamento vecino se abrió con suavidad, revelando a Irene en una elegante pijama de seda, su cabello cayendo en ondas desordenadas sobre sus hombros

-A ver, Roberto, ¿qué sucede? Es medianoche y estás armando un escándalo. No todos tenemos el lujo de prescindir del sueño

Roberto se quedó inmóvil al verla, sus ojos inyectados en sangre

-Irene… 

Ella se entretuvo jugando con un mechón de cabello mientras reprimía un bostezo

-Sí, la misma. Estás haciendo demasiado ruido. Anaís seguramente está dormida. Lo que sea que necesites discutir puede esperar hasta mañana

Irene, la hija adoptiva de los Moreno, había forjado su propio camino en el mundo empresarial con una brillantez excepcional. Sin embargo, su posición en la familia era precaria, rodeada de un silencioso rechazo por parte de quienes temían que una extraña pudiera reclamar parte del patrimonio familiar. La hostilidad manifiesta de Iván Moreno, el heredero legítimo, la había mantenido alejada de los negocios familiares, obligándola a construir su imperio por separado

A pesar del éxito que había alcanzado por mérito propio, su nombre resonaba en San Fernando del Sol con una mezcla de admiración y cautela. Pocos se atrevían a incluirla en eventos sociales, temerosos de provocar el desagrado de Iván

Roberto, desconcertado ante la presencia de la señorita Moreno, apenas logró articular

-Discúlpame

La mirada perspicaz de Irene recorrió su figura descompuesta

-Señor Lobos, su aspecto en este momento es lamentable. Debería reconsiderar su aproximación. En este estado, solo conseguirá asustar a Anaís. Yo en su lugar tampoco abriría a puerta

La sugerencia de serenarse resultaba imposible para Roberto. Con movimientos bruscos, extrajo su celular y contactó a Lucas

-¿Dónde está Efraín

La respuesta de Lucas lo llevó directamente al lugar indicado. Esa noche, Efraín compartía copas con Fausto y otros miembros de su círculo íntimo, ese selecto grupo que en San Fernando del Sol se reducía a cuatro nombres: Efraín, Fausto, Samuel e Iván, cada uno una igura de peso en la alta sociedad

Capítulo 165 

Roberto condujo hasta La Luna, donde estos hombres mantenían privados permanentes. Al abrir la puerta del privado, encontró a Efraín sosteniendo una copa con estudiada elegancial Bajo la tenue iluminación del lugar, su presencia emanaba un magnetismo particular, una seducción que parecía alimentarse de las sombras mismas

3/2 

 

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