Capítulo 166
El ambiente en el privado era íntimo y exclusivo. Entre las figuras que se distinguían entre las sombras se encontraban Iván y Fausto, una presencia inesperada que en cualquier otra circunstancia habría llamado la atención de Roberto. Especialmente Iván, cuyas apariciones públicas se habían vuelto escasas desde que la familia Moreno atravesaba por momentos
turbulentos.
Roberto, sin embargo, tenía su atención fija en un solo objetivo. Sus pasos resonaron sobre el piso mientras avanzaba hacia la figura que descansaba con indolente elegancia en uno de los sillones. La presencia de Efraín dominaba el espacio con un magnetismo casi tangible.
-Efraín, necesito hablar contigo -la voz de Roberto vibró con una intensidad apenas
contenida.
Efraín apenas levantó una ceja, su rostro una máscara de serenidad estudiada.
Roberto se volvió hacia los otros dos hombres. -Les agradecería que nos permitieran un
momento a solas.
Fausto e Iván intercambiaron miradas cargadas de significado, pero antes de que pudieran soltar algún comentario mordaz, un gesto sutil de Efraín los detuvo.
-Vámonos -Fausto tomó a Iván del brazo.
Iván guardó silencio; últimamente, su semblante reflejaba la pesada carga de sus propias preocupaciones.
En la intimidad del privado, la seguridad de Roberto se desvanecía como humo. Toda una vida bajo la sombra de Efraín había dejado marcas profundas. En la familia Lobos, desafiar a Efraín era impensable; su perfección en cada aspecto de la vida le daba un aire casi sobrenatural.
“¿De dónde sacaré el valor para enfrentarlo? Siempre ha sido así… siempre por encima de todos nosotros“, sus pensamientos se agitaban mientras sus uñas se clavaban en las palmas de sus manos, usando el dolor para mantener la claridad mental.
-Efraín, ¿no tienes algo que decirme? -su voz surgió más firme de lo que esperaba.
Efraín contemplaba el vino en su copa con estudiada indiferencia. -¿Sobre qué tema en particular?
La compostura de Roberto se agrietó ante la calma imperturbable de su interlocutor. -Sobre Anaís. ¿Desde cuándo están juntos? ¿Fue antes o después de su amnesia? Si fue después, Efraín, lo que haces es despreciable. Ella te odia, te detesta con toda su alma, solo que ahora no lo recuerda. Seguramente ya sabías de su condición.
Efraín bebió un sorbo de vino con elegancia despreocupada. -¿Ah, sí? ¿Perdió la memoria?
La transformación en el rostro de Roberto fue inmediata. Este Efraín distaba mucho del hombre soberbio y distante que conocía; en su lugar encontraba a alguien que emanaba un aire de despreocupación burlona, como si las acusaciones resbalaran sobre su piel sin dejar huella.
15:32
Capitulo 166
-Esta noche… Anaís tenía los labios hinchados. ¿Fuiste tú quien la besó? -las palabras brotaron de su boca sin filtro, impulsadas por la desesperación.
Una risa musical y cruel escapó de los labios de Efraín, el sonido erizó la piel de Roberto.
-¿Y con qué derecho me cuestionas? Hace unas horas publicaste en Instagram que cada quien puede hacer su vida como mejor le parezca. ¿Ahora resulta que Anaís debe rendirte cuentas sobre a quién besa?
Las pupilas de Roberto se dilataron con horror ante la mención de su propia publicación.
“¡Carajo! ¿En qué estaba pensando cuando escribí eso? ¡Qué estúpido fui!”
Su cuerpo temblaba, mientras el color abandonaba su rostro. -Entonces… ¿lo estás admitiendo? ¿Fuiste tú?
-¿Quién dijo que estoy admitiendo algo?
En este duelo de palabras, Roberto estaba completamente superado, manipulado como una marioneta en manos de un maestro. La frustración explotó en su interior y, en un arranque de furia, lanzó una botella contra el suelo.
El aroma del vino derramado impregnó el ambiente, mezclándose con las sombras del privado para crear una atmósfera densa y opresiva, donde cada respiración parecía cargada de tensión y verdades sin pronunciar.
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