Capítulo 179
El movimiento la tomó por sorpresa. Irene apenas tuvo tiempo de reaccionar cuando sintió el contacto inevitable contra su piel. Los segundos se arrastraron como años mientras su mente procesaba lo que sucedía, hasta que logró girar el rostro.
Los labios de Iván rozaron su mejilla, pero él, lejos de detenerse, trazó un camino deliberado sobre su piel, marcando cada centímetro con la determinación de un conquistador.
-Iván, ya basta -su voz emergió temblorosa, traicionando la firmeza que intentaba proyectar.
-No me pidas que pare -murmuró él contra su piel-. Me contuve demasiado en el privado. ¿Cómo te atreves a desaparecer después de estar conmigo?
Sus dedos se cerraron sobre la barbilla de Irene mientras reclamaba sus labios con una pasión que rayaba en la desesperación.
Anaís retrocedió, el asombro dibujado en cada línea de su rostro. Con movimientos cautelosos,
cerró la puerta del privado, mientras su mente intentaba procesar la escena que acababa de
presenciar.
Una vez que logró recuperar la compostura, regresó al privado donde la esperaban. Efraín y Gustavo permanecían sentados uno frente al otro, compartiendo un silencio que, lejos de resultar incómodo, parecía natural entre ellos.
-¿Los encontraste? -preguntó Efraín al verla tomar asiento.
Anaís lanzó una mirada furtiva hacia Gustavo antes de negar apresuradamente. -No, el restaurante es enorme, no logré dar con ellos.
Una sonrisa apenas perceptible se dibujó en los labios de Efraín, quien no añadió nada más.
Temiendo que Gustavo indagara al respecto, Anaís fingió un repentino interés en su sopa. Sin embargo, él mantenía una actitud serena, enfrascado en una conversación con Efraín sobre literatura extranjera.
Transcurrieron diez minutos antes de que Iván reapareciera. Se pasó la mano por la comisura de los labios, donde aún quedaban vestigios delatores de labial. Al tomar asiento junto a Gustavo, no pudo contener su naturaleza provocadora.
-¿Mi hermana te contó alguna vez sobre su exnovio?
Gustavo elevó su taza con elegancia estudiada. -Lo mencionó en algunas ocasiones -respondió con una sonrisa cordial-. Decía que era muy joven, algo impulsivo.
El semblante de Iván se ensombreció momentáneamente mientras se limpiaba los labios con aparente despreocupación.
-¿Ah, sí? Algunas mujeres dicen que no les gustan los más jóvenes, pero en otros aspectos son bastante honestas. Al final, un hombre de treinta ya no tiene el mismo vigor.
Anaís hundió aún más su rostro en dirección al plato, comprendiendo finalmente lo que
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Capitulo 179
significaba estar en medio de una tormenta de pasiones.
Un trozo de pescado apareció en su plato; era un ejemplar de pez amarillo salvaje, bañado en un caldo aromático.
-Come–indicó Efraín, aparentemente ajeno a la tensión que vibraba entre los dos hombres.
Anaís obedecía mientras agudizaba el oído, atenta a cada palabra.
Gustavo depositó su taza sobre la mesa con delicadeza. -Mi condición física es óptima, y eso es algo que Irene puede corroborar.
Iván guardó silencio, como si aquellas palabras hubieran tocado una fibra sensible.
En ese momento, Gustavo se incorporó y se limpió los labios con refinamiento. -Irene me ha enviado un mensaje. Me retiro. Señor Iván, presidente Lobos, señorita Villagra, ha sido un placer.
Anaís mantuvo la mirada fija en su plato.
Tras su partida, Iván perdió todo interés en la comida. Se quedó contemplando su plato, moviendo distraídamente los alimentos con los dedos, sumido en sus pensamientos.
Se puso de pie para despedirse, dirigiéndose a Efraín: -El plan no funcionará, mi hermana no regresará al Grupo Moreno.
Efraín asintió mientras servía más caldo en el plato de Anaís.
Cuando el privado quedó ocupado solo por ella y Efraín, Anaís sintió que podía respirar nuevamente.
-Presidente Lobos, ¿usted estaba al tanto de lo que sucede entre ellos?
-¿A qué te refieres?
Anaís dudó, consciente de que se trataba de un secreto de la alta sociedad. Si los medios se enteraban, el Grupo Moreno quedaría en el centro de un escándalo. Irene había sido adoptada por la familia Moreno, creciendo bajo el mismo techo que Iván. Las circunstancias exactas de su relación durante esos años permanecían en el misterio, pero el carácter obstinado de Iván sugería que no era alguien que renunciara fácilmente a sus deseos.
Efraín, percibiendo su curiosidad, le sirvió más caldo.
-¿Te refieres a los sentimientos de Iván
por Irene?
Los ojos de Anaís brillaron con interés. “Sentimientos” era quedarse corto; ¡aquello era una tormenta de pasión y posesión declarada!
Mientras saboreaba la sopa de pescado, escuchó cómo Efraín continuaba: -Al principio era un amor platónico. Irene siempre fue popular en la escuela, con cierta tendencia a la coquetería. Tuvo varios novios, pero nunca vio a Iván, su hermano menor, con otros ojos. Él la observaba mientras otros entraban y salían de su vida. La verdad, haber resistido tanto tiempo merece reconocimiento.