Despertar del Olvido 189

Despertar del Olvido 189

Capítulo 189 

¿De verdad se quedó dormido tan rápido?” 

Anaís permaneció inmóvil, consciente de cada centímetro que la separaba de Efraín. El suave murmullo del aire acondicionado y el tictac del reloj en la pared parecían amplificar el silencio de la habitación. Cerró los ojos, intentando ignorar la inquietante novedad de compartir un espacio tan íntimo con su jefe directo, una línea que jamás había cruzado con ningún otro hombre

En la quietud de la noche, su mente divagó hacia aquel mensaje enigmático que había garabateado en su cuaderno: No confíes en Efraín. Las palabras resonaban en su memoria como un eco distante, una advertencia de su yo anterior que ahora parecía tan ajena a su realidad

Giró sutilmente la cabeza, estudiando el perfil de Efraín bajo la tenue luz que se filtraba por las persianas. Sus rasgos, cincelados con precisión casi matemática, resultaban hipnóticos: la curva elegante de su nariz, la textura impecable de su piel que, incluso a tan corta distancia, parecía esculpida en alabastro. Sus pestañas proyectaban sombras delicadas sobre sus mejillas, y el ritmo pausado de su respiración comenzó a arrullarla

Desde que había perdido la memoria, Anaís vagaba por la vida con una candidez casi infantil, como si hubiera dejado atrás todas sus defensas junto con sus recuerdos

Cuando la respiración de Anaís se volvió profunda y regular, Efraín abrió los ojos con cautela. La observó dormir, vulnerable y serena como una niña. La amnesia había borrado toda huella de sus anteriores maquinaciones, transformándola en esta versión desarmada de misma que descansaba a su lado

Su mano se elevó con movimientos casi imperceptibles, tentada a rozar aquella nariz pequeña y respingada, pero se detuvo a medio camino. Un suspiro apenas audible escapó de sus labios mientras acomodaba la cobija sobre ella con delicadeza, permitiendo finalmente que el sueño lo envolviera

Durante la noche, los sueños de Anaís se poblaron de voces urgentes que la llamaban, suplicando por respuestas. Una responsabilidad invisible pesaba sobre sus hombros, como si el destino de muchos dependiera de decisiones que no recordaba haber tomado. Despertó sobresaltada, encontrándose directamente con la mirada atenta de Efraín

La luz matinal revelaba un semblante más descansado en él, sus ojos brillantes y alertas contrastaban con el agotamiento de la noche anterior. Anaís sintió una punzada de satisfacción al confirmar que su presencia había servido como antídoto para su insomnio

En un movimiento impulsivo intentó incorporarse, olvidando momentáneamente los vendajes que envolvían su cintura. Su cuerpo protestó ante el súbito movimiento, pero antes de caer, una mano firme se posó en su espalda, estabilizándola

-Gracias, de verdad

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15:04 

Capitulo 189 

La mano de Efraín permaneció en su lugar, su tacto transmitiendo una calidez que traspasaba la tela de su pijama

-¿Te sientes mejor? -su voz grave rompió el silencio de la mañana

Un cosquilleo sutil recorrió su espina dorsal ante la intimidad del contacto. De inmediato, su mente evocó aquella ocasión en que, llevada por un impulso inexplicable, se había sentado sobre él. La expresión de rechazo en su rostro había sido inequívoca: ella no despertaba en él el menor interés romántico

Todo es culpa de Roberto, pensó con cierta amargura. Sin sus constantes insinuaciones, no estaría interpretando cada gesto amable de Efraín como algo más que simple cortesía. Él solo estaba siendo considerado, y ella respondía malinterpretando sus acciones

Efrain se levantó con movimientos fluidos, sus pies descalzos apenas haciendo ruido sobre el piso. Con naturalidad, comenzó a desvestirse mientras se dirigía hacia el armario. Anaís apenas tuvo tiempo de registrar la vista de su torso esculpido antes de cubrirse los ojos con 

las manos

-¡Presidente Lobos, sigo aquí! ¿Ya se acostumbró tanto a vivir solo que se desviste sin pensarlo

Efraín se detuvo un instante, su voz teñida de una leve diversión

-Lo siento, lo olvidé

Anaís se giró con dificultad, escuchando el suave roce de la tela mientras él se vestía, sintiendo que sus mejillas se teñían de un tenue carmesí

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