Capítulo 192
Los pasillos del hospital se estremecieron ante la llegada de los uniformados. El eco de sus pisadas resonaba contra las paredes mientras avanzaban hacia la sala de espera, donde la familia aguardaba con una mezcla de ansiedad y temor. Sus rostros graves anticipaban noticias que nadie quería escuchar.
-Los sospechosos son prófugos de alta peligrosidad -explicó el oficial, su voz cargada de gravedad- Cada uno tiene al menos tres homicidios confirmados. Por el momento, desconocemos el motivo del ataque contra la señorita Villagra. No existía ninguna conexión previa con ella, lo que nos hace sospechar que pudo tratarse de un asesinato por encargo.
Bárbara, quien habia permanecido en un rincón aparentemente afligida, aprovechó la pausa del oficial para intervenir con voz suave pero ponzoñosa.
-Tal vez sea alguien a quien mi hermana ofendió sin darse cuenta -murmuró, sus palabras destilando un veneno sutil-. Siempre ha sido un tanto… condescendiente con la gente que considera inferior.
Las miradas de los presentes se clavaron en ella como dardos, obligándola a guardar silencio mientras dejaba escapar lágrimas estratégicamente calculadas.
Victoria, percibiendo la oportunidad, se apresuró a reforzar la insinuación de su hija predilecta.
-Es verdad que Anaís nunca ha sabido tratar a la gente añadió con un dejo de acidez en su voz-. Siempre ha sido altanera, incluso con el personal de servicio de los Villagra. No me sorprendería que alguien decidiera tomar venganza.
Los oficiales intercambiaron miradas cargadas de significado antes de soltar un suspiro colectivo.
-La investigación continúa en curso -retomó el policía con tono profesional-. Los delincuentes escaparon hacia Bogotá, fuera de nuestra jurisdicción. Hasta que no regresen por voluntad propia, el caso permanecerá en punto muerto.
Roberto, quien había permanecido en un silencio tenso, se levantó de golpe.
-¿Y qué hay de Anaís? -su voz resonó con desesperación contenida.
El oficial guardó un silencio que pareció extenderse por una eternidad antes de responder:
-Estos criminales son conocidos por su brutalidad y su experiencia en desaparecer a sus víctimas -cada palabra caía como un martillo sobre la familia-. Haremos todo lo posible por encontrarlos, pero deben saber que aún tenemos varios casos sin resolver. Les sugiero prepararse para el peor escenario.
Las palabras del oficial golpearon a Héctor como una mazo invisible. Sus piernas flaquearon y su cuerpo se tambaleó peligrosamente.
Bárbara se apresuró a sostenerlo, su voz quebrándose en una actuación magistral.
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Capitulo 192
-Papá, tranquilo, por favor -suplicó entre sollozos-. Los policías solo nos están preparando para lo peor, pero Anaís podría estar bien, ¿no es cierto?
Mientras pronunciaba estas palabras, un destello de satisfacción brilló en sus ojos, obligándola a desviar la mirada para ocultar su verdadero sentir.
El rostro de Héctor había perdido todo color, sus facciones marcadas por surcos profundos de preocupación que parecían haber aparecido en cuestión de minutos.
-Mi niña… -sus labios temblaban al hablar-. Anaís es solo una muchacha indefensa frente a esos monstruos… ¿qué oportunidad tiene? Si hubiera sabido que esto pasaría, jamás habría discutido con ella. Nuestro último encuentro no debió ser así…
Un manto de pesadumbre descendió sobre la sala tras sus palabras. Los oficiales, sin encontrar palabras de consuelo apropiadas, completaron sus anotaciones y se retiraron en
silencio.
Con ayuda del personal médico, Héctor fue acomodado en una cama junto a la de su hijo. La imagen era desgarradora: padre e hijo postrados, uno consumido por la angustia, el otro aún inconsciente, mientras la sombra de la tragedia se cernía sobre su hija desaparecida.
Bárbara, como una araña tejiendo su red, aprovechó el momento para desplegar su faceta más servicial, atendiendo cada necesidad con una dedicación que rayaba en lo teatral.
Victoria observó los esfuerzos de su hija menor con una mezcla de gratitud y alivio.
-Barbi, qué fortuna tenerte con nosotros en estos momentos -murmuró, apretando su mano.
Una sonrisa medida se dibujó en el rostro de Bárbara, cuidadosamente calibrada para no revelar demasiado.
-Mamá, esto es lo que hace la familia —respondió con dulzura estudiada-. Es mi deber estar aquí.
Dos horas se arrastraron con la lentitud de la angustia hasta que, finalmente, Raúl emergió de su inconsciencia.
-¡Anaís! -fue su primera palabra, un grito desesperado que resonó en la habitación.
Al reconocer a quienes lo rodeaban, su mano buscó instintivamente la de Bárbara.
-Bárbara, ¿dónde está Anaís? -preguntó con urgencia en su voz.
Los ojos de Bárbara se inundaron instantáneamente de lágrimas mientras acariciaba con fingida ternura la cabeza de su hermano.
-Por ahora concéntrate en recuperarte -susurró con dulzura venenosa-. Es lo más importante.