Despertar del Olvido 197

Despertar del Olvido 197

Capítulo 197 

Anaís arqueó una ceja con sutil incredulidad. La influencia de Bárbara parecía extenderse como una telaraña invisible, atrapando a todos en su delicada pero resistente red de engaños

Gisela se desplomó en su asiento, su cuerpo cediendo bajo el peso de los recuerdos. Sus ojos adquirieron un brillo nostálgico mientras las palabras brotaban de sus labios temblorosos

-Barbi siempre fue una niña muy reservada -su voz se quebraba con cada palabra-. En casa la consentíamos demasiado, especialmente Bruno. Pero por alguna razón, nunca logró llevarse bien con otras niñas. Por eso nos esforzamos tanto en protegerla, en criarla con todo el 

cuidado del mundo

Las lágrimas surcaban su rostro ajado, cada una trazando el mapa de un dolor profundamente arraigado

-Bruno era un alma pura, aunque algo ingenuo. Jamás buscó lastimar a nadie. Perdí la cuenta de las veces que regresó con la cabeza ensangrentada por defender a Barbi -su voz se quebró por completo. Hace seis años, fue precisamente por protegerla que quedó así, sin poder despertar. Desde entonces, Barbi cargó con esa culpa. Decidió salir a trabajar, tomando varios empleos a la vez, hasta que de alguna manera la familia Villagra la notó. Nos alegramos tanto por ellapero entonces mi esposo quedó atrapado en una pesadilla, sentenciado a veinte años

Gisela apretó sus manos gastadas sobre su regazo

-Fui a suplicarle ayuda a la familia Villagra, a rogarles por algo de dinero, pero se portaron como verdaderos déspotas. Incluso le prohibieron a Barbi que nos viera -su voz adquirió un tono amargo. Aun así, ella se las ingeniaba para escaparse y traernos doscientos mil pesos. Lloraba diciendo que no podía hacer más. ¡Apenas tenía veinte años! ¿Cómo iba yo a cargarla con semejante responsabilidad

Me dediqué a buscar pruebas para demostrar la inocencia de mi esposo, pero siempre aparecía alguien para detenerme, para golpearme. Estos cinco años he vivido como una paria. Un día, por pura casualidad, me enteré que habían trasladado a Bruno a este hospital. Desde 

entonces, he venido a verlo a escondidas.” 

Sus dedos, surcados de cicatrices y callosidades, se retorcían con nerviosismo

-No quién trajo a Bruno aquí —continuó, su mirada perdida en la distancia-. Me mantuve oculta en los alrededores hasta que te vi. Me sorprendió tanto que quisieras ayudarloLa familia Villagra juró cortar todo lazo con nosotros después de que acusaron a mi esposo de violación y asesinato. Mis súplicas cayeron en oídos sordos. Por eso no me atreví a dar la cara, temía que al verme dejarías de ayudar a Bruno. Pero ya no tengo alternativa -su voz se quebro-. Mi esposo lleva cinco años adentro. Dice que lo torturan sin razón, que ya no puede más. Me pidió que cuide de misma y de Bruno

Sus ojos se llenaron de una desesperación desgarradora

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Capítulo 197 

-Ya no qué hacer. Mi esposo y yo somos gente decente. No entiendo por qué nos está pasando esto su voz se convirtió en un susurro angustiado. ¿Por qué en este mundo la bondad no recibe recompensa

Sin previo aviso, se dejó caer de rodillas. A pesar de que su frente sangraba por el golpe anterior, volvió a golpear su cabeza contra el suelo con violencia

-Señorita Anaís, el que ayudes a Bruno demuestra que tienes buen corazón -suplicó entre sollozos-. Por favor, déjame ver a mi esposo una última vez. Te lo ruego, él ya no resiste más. Es inocente, solo pasaba por el lugar del crimen y fue él quien llamó a la policía. Nadie entiende cómo apareció su ADN en la víctima. Es como una pesadilla de la que no podemos despertar

El sonido de su frente golpeando el suelo reverberaba con un eco macabro. Anaís, conmovida por aquella muestra de desesperación, la detuvo con un gesto firme pero gentil, ayudándola a incorporarse

-Señora Cedillo -la voz de Anaís era suave pero penetrante-, ¿en su corazón, Bárbara sigue siendo esa niña inocente

Gisela, con los ojos enrojecidos por el llanto, cubrió su rostro con manos temblorosas

-Barbi es una buena muchacha -respondió con voz entrecortada-. Esos doscientos mil pesos que me dio me ayudaron a sobrevivir los días más oscuros. Pero después no pude conseguir más dinero, nadie quería darme trabajo. Terminé pidiendo limosna para sobrevivir. No me atreví a molestarla más porque la familia Villagra me desprecia

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