Despertar del Olvido 219

Despertar del Olvido 219

Capítulo 219 

Los policías, con rostros cansados pero firmes, se alzaban como figuras de autoridad en medio del caos familiar que se desplegaba ante ellos

-En vista de las acusaciones que la señorita ha presentado en tu contra, te pedimos que nos acompañes -dijo uno de ellos, su voz resonando con un eco severo en la habitación-. La víctima sufrió un daño grave anoche

Bárbara temblaba de pies a cabeza, un torbellino de emociones la consumía. Cada recuerdo de la noche anterior era una herida abierta, un abismo oscuro que amenazaba con tragarla entera. Su respiración era entrecortada, y sus manos se aferraban a los jirones de su ropa como si fueran lo único que la mantenía anclada a la realidad

¿Cómo llegué a esto? ¿En qué me convertí?, se preguntaba, atrapada en un remolino de confusión y furia

Desde que la policía la había encontrado esa mañana, un solo pensamiento la obsesionaba: arrastrar a Anaís al mismo infierno que ella habitaba. Sus palabras brotaban sin control, cargadas de veneno

-Fue ella, lo sé. Solo Anaís sería capaz de hacerme esto

Raúl, con el rostro endurecido por la indignación, no pudo contenerse más

-Bárbara, ya párale. ¿A quién crees que engañas con esa cara de mártir? ¿Ahora vas a decir que un montón de tipos te atacaron y que Anaís lo planeó todo

Bárbara alzó la mirada lentamente, sus ojos inyectados de un rojo furioso. , había sido violentada por varios hombres, y en su mente retorcida, Anaís era la arquitecta de su desgracia. Las marcas en su piel, los harapos que colgaban de su cuerpo, ¿no eran prueba suficiente? Pero las palabras de Raúl cayeron como un balde de agua helada

-No me digas que esas marcas te las hiciste sola. No si alguna vez has dicho la verdad. Primero, que tus padres adoptivos te maltrataban, y luego aparece ese tipo pidiendo dinero, tu cómplice. Todo ese tiempo, el dinero que sacabas terminaba en tus manos. ¡Qué mente tan 

enferma tienes

El rostro de Bárbara palideció, como si un relámpago la hubiera atravesado. ¿Cómo lo sabían? Incluso si Anaís lo había revelado, ¿por qué la familia Villagra le creería a ella? La respuesta llegó cuando Raúl, con una mueca de desprecio, sacó su teléfono y le mostró un video

-Todo lo que armaste con esos tipos anoche se transmitió en vivo. Mamá, mientras veía tu show, recibió una llamada de extorsión que misma organizaste. Papá está postrado por tu culpa. ¿Qué más quieres? Ahora te haces la víctima para enredar a Anaís. ¡Te lo digo claro: nunca más voy a creerte

Un escalofrío recorrió a Bárbara. La noche anterior, expuesta al mundo en tiempo real. No era de extrañar que nadie hubiera movido un dedo por ella. Sus ojos se clavaron en Anaís

destilando un odio puro y ardiente. Todo era obra suya. Ella lo había sabido todo desde el 

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Capitulo 219 

principio

Aunque su cuerpo temblaba, su mente giraba a toda velocidad. La familia Villagra estaba furiosa, cegada por la rabia; no le creerían ni una palabra. Incluso siendo víctima, la verían como otra de sus mentiras. Era un reflejo cruel de lo que Anaís había vivido antes, cuando nadie confiaba en ella

De pronto, Bárbara se serenó. Con una voz fría y calculada, se giró hacia los policías

-Disculpen, estoy confundida. Esto es un asunto familiar. Pueden retirarse

Anais se quedó pasmada. A pesar del infierno que Bárbara había atravesado, había recombinado su fachada en un instante. Su fortaleza mental era admirable, casi aterradora. Los policías, entrecerrando los ojos, guardaron las esposas con lentitud

-La próxima vez que pase algo así, no habrá dudas: te llevamos detenida -advirtió uno de 

ellos

Era evidente que la consideraban una actriz consumada. En esas familias de abolengo, las intrigas eran un laberinto sin fin

Tras la partida de los oficiales, un silencio denso y opresivo llenó la habitación. Bárbara dio media vuelta y salió sin mirar atrás. Quedarse solo avivaría el desprecio que ya le tenían. Al llegar al ascensor, notó que Anaís la seguía

Seguro va a estallar, pensó Anaís, preparándose para un estallido de furia. Pero Bárbara solo susurró, con una voz baja y cargada de amenaza

-No me voy a quedar de brazos cruzados

Anaís esbozó una sonrisa irónica, guardando silencio. El ascensor llegó al primer piso con un leve zumbido. Bárbara salió a toda prisa, pero al girarse, sus ojos brillaron con un rencor que 

cortaba el aire

-Anaís, esto no se queda así. Entre y yo, esto apenas empieza

Su odio era una fuerza tangible, un vendaval que envolvía todo a su paso. Si las miradas. pudieran matar, Anaís ya estaría enterrada mil veces. Pero ella no le temía. En su interior, una chispa de desafío ardía con igual intensidad

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